¿Cómo transmiten los padres los conceptos sexuales? (Parte 1)

9 octubre 2009

Los padres siempre comunican conceptos sobre sexualidad a sus hijos y básicamente ésta transmisión depende de cuatro variables:

1) Depende de como sienten y experimentan su propia sexualidad.

Los sentimientos y emociones que tengan los padres sobre el sexo son determinantes. Una actitud positiva hacia el sexo redunda en beneficio para el menor. Por el contrario los sentimientos de fracaso, prejuicios, tabúes, miedos, culpas, etc., afectan la función educativa dejando también huellas en los hijos.

2) El niño recibe formación de acuerdo al modelo que percibe de sus padres.

Aun aquellos que no hablan sobre temas sexuales con sus hijos, imparten educación sexual. El modelo que el niño percibe diariamente, las actitudes de los padres hacia sus propios cuerpos, los roles que cada uno de ellos cumple, la relación afectiva y sus manifestaciones, son el principal modelo que consciente o inconscientemente seguirán o rechazarán los hijos en el futuro.

Todos estos aspectos se inician mucho antes de que los padres brinden información verbal. Este modelo que se transmite nutre diariamente su vida. Esto es lo que “respira en el ambiente familiar” y es la base sobre la cual, los demás elementos de socialización (escuela, amigos, medios de comunicación social) intervienen y producen sus efectos.

3) Los padres transmiten a través de sus actitudes y gestos.

La actitud que tienen los padres a la hora de brindar información es primordial. La comunicación no verbal que acompaña lo expresado en palabras trasluce aprobación o rechazo y otorgan determinados valores a la información.

La motivación, el tono de voz, el contacto visual, ya sea directo, evasivo, etc.; la postura relajada o tensionada; los silencios, omisiones o indiferencia; así como el miedo o el nerviosismo frente a las inquietudes y preguntas, son elementos fundamentales.

4) Transmisión de conceptos que dependen de la comunicación verbal.

Los elementos verbales y la forma de expresarnos que acompañan nuestros sentimientos, gestos y actitudes son factores determinantes.

Las palabras que están impregnadas de honestidad, apertura al diálogo cuando hay inquietudes, coherencia entre lo que se hace y lo que se dice, confianza, respeto, seriedad, la naturalidad con que encaramos el tema son también factores que influyen en la transmisión de conceptos sexuales.

Entre los elementos negativos que debemos evitar, destacamos por ejemplo: ignorancia simulada, indiferencia, ridiculez, jactancia cuando hace preguntas sobre el tema, o repudio o intimidación, entre otros. Seguidamente ahondaremos con más detalles algunas actitudes positivas y otras negativas por parte de los padres.

Actitudes Positivas de los Padres

1. Modelo conyugal

La relación de pareja y lo que el niño percibe de ella es el ejemplo más importante que seguirá. Las características personales del padre del mismo sexo, la forma de vincularse con su cónyuge, el manejo y cumplimiento de sus roles, entre otros factores, son las bases que marcarán la conducta sexual del menor. El niño imitará o rechazará lo que él vea de esta relación y del ejemplo que haya percibido de cada uno de ellos.

La relación de la pareja, el amor, el respeto mutuo, la tolerancia, condiciona la conducta de los hijos en el futuro. Un niño que ha visto y experimentado el amor de los padres entre sí y hacia él, tendrá un camino llano y seguro para creer y experimentar el amor que otros puedan tener por él en la vida adulta.

La presencia de conflictos familiares que no se pudieran resolver o manejar en forma adecuada, actuarán como elementos negativos y tendrán la marca de lo que no se desea para la vida. La falta de confianza y seguridad de que a él podría ocurrirle lo mismo será una realidad latente. Todo esto condiciona la elección y la convivencia en su vida de pareja, sus prácticas sexuales y la relación que él tendrá con sus hijos en los siguientes años, porque estará marcado por el sello que ha recibido.

Cada niño reacciona de manera distinta cuando los vínculos afectivos de la pareja no son las mejores y no podemos generalizar porque esta reacción dependerá de otros múltiples factores. Entre ellos, el momento evolutivo donde el conflicto aparece, de la posibilidad de afecto que el niño observa a través de otras personas, etc. Ante esta situación siempre debemos evitar críticas y juicios de pareja delante de los hijos. Esto menoscaba la imagen de los padres y es perjudicial para el menor.

Una familia estable que tiene adecuados vínculos afectivos, cuyos miembros se valoran garantiza el desarrollo de un niño y adolescente más sano, libre y sexualmente responsable.

2. Buena comunicación padres-hijos

A no menos que exista una buena relación padres-hijos y diálogo adecuado, será difícil encarar el tema en forma satisfactoria. Diversas situaciones impiden una comunicación abierta intergeneracional. Un estudio realizado a estudiantes de secundaria en Perú indicó que sobre diez mil alumnos entrevistados con la pregunta: ¿A quién acudes cuando tienes un problema serio?, el 37% de los adolescentes entre 11 y 15 años dice no acudir a nadie. Esta investigación revela la gran soledad que sufren los menores. Muchos de los menores que consultan no lo hacen con sus padres cuando tienen dificultades. Por esta razón es necesario enfatizar la importancia de tener una mayor comunicación familiar. Esto no se adquiere de un día al otro. Cuesta mucho trabajo crear y mantener buenos canales de comunicación familiar. Es un proceso complejo que requiere esfuerzo.

Los especialistas indican algunas pautas para mejorar la comunicación familiar: entre ellas se destacan:

- Las reglas que los padres imponen sin una correcta relación pueden derivar en rebelión de los hijos. Antes de dar reglas es necesaria una buena relación.

- Compartir tiempo y espacio con ellos.

- Escuchar en forma adecuada, atendiendo sus emociones y sentimientos.

- Dar confianza. Tener por norma de relación que el niño es inocente. Hasta que se demuestra lo contrario, no es culpable.

- Cuando se necesite corregir, hacerlo en privado. La crítica pública humilla y daña la comunicación ulterior.

- Ser consecuente pero flexible y aprender a ceder en determinadas circunstancias.

3. Amor incondicional

El amor incondicional de los padres hacia los hijos es fundamental en fomentar bases sólidas para su autoestima y salud emocional. Esto significa aceptarlo por lo que es y no por lo que tiene o hace. El niño no debe ganarse el amor de los padres, debe ser tácito, por derecho de ser hijo. Si un niño presenta carencias afectivas precoces tendrá un terreno propicio para cultivar enfermedades mentales y patologías sexuales. Se describen cuadros psiquiátricos graves como depresión y esquizofrenia, en estas situaciones. Carencias afectivas que se desarrollan más tardíamente, ya sean por disgregación familiar, ruptura, abandono o deserción de uno de los padres, entre otras múltiples situaciones, tienen su expresión en trastornos en la esfera afectiva con inmadurez para establecer vínculos sociales estables, satisfactorios y duraderos.

La ausencia de afecto y amor incondicional, sumada a la percepción que él es un estorbo para los padres puede crear serias frustraciones con riesgo de desembocar en trastornos emocionales y sexuales en el futuro.

4. Fomentar su autoestima

La autoestima es el valor y la aceptación adecuada de sí mismo. Según tenga ésta capacidad podrá valorar y aceptar a los demás. Quien se siente amado y valorado desde los primeros años de su vida, experimenta la sensación de aprecio y adquiere una saludable sensación de importancia y valía personal. Todo esto contribuye para que en el futuro, tenga la sensación y la seguridad de que otros lo amarán a él. Cuando hay una baja autoestima, aparecen sentimientos de rechazo cuyas manifestaciones se hacen ostensibles en múltiples áreas de su vida, entre ellas la sexual.

La ausencia de manifestaciones positivas por parte de la familia hacia el menor, pueden traducirse tarde o temprano en trastornos de conducta o en desconexiones afectivas. La pérdida de confianza en sí mismo también es un factor de riesgo para buscar sustitutos como el alcohol y la droga con la ilusión de encontrar un sentido y seguridad que su familia no ha podido brindar. La autoestima adecuada en un menor es una vacuna que inmuniza y que otorga anticuerpos frente a estas situaciones.

5. Contacto físico adecuado

El amor incondicional y una buena comunicación se expresan a través de un adecuado contacto físico. Necesitamos expresar afectos a través de abrazos, caricias y besos. El menor necesita ser abrazado y acariciado por los padres. Esto no constituye en seres responsables y con adecuadas intenciones ninguna forma de abuso sexual. Es más, la comunicación y la transmisión de afectos a través del contacto adecuado estimula la confianza y la autoestima y es una base adecuada para su futuro rol sexual.

6. Aceptar el sexo biológico del niño

El niño debe ser aceptado cualquiera fuere su sexo y debe ser tratado y educado con los roles culturales de su género. Cambiar esta norma, es confundir al niño. También debemos tener en cuenta una diferenciación al elegir su nombre. Es mejor no dar lugar a confusiones.

7. Aceptar todo el cuerpo como algo natural

Con especial referencia aludimos a los órganos y funciones sexuales. Cuando un padre tiene la convicción de que hay partes del cuerpo que son malas, sucias y ocultas, y distintas al resto, es un falso concepto que no contribuye a una educación sexual adecuada. Las actitudes correctas que un menor tenga de su propio cuerpo y de todos sus órganos, dependerán de lo que los padres hayan transmitido a través de sus miradas, actitudes, respuestas y explicaciones recibidas. El cuerpo humano no tiene partes buenas y malas, limpias ni sucias. Una aceptación adecuada de todo el cuerpo y del ser es una base firme para transmitir conceptos sexuales positivos.

8. Transmitir valores y no solamente información biológica

Hay conceptos que los padres deben transmitir acerca de lo que se espera del hombre y de la mujer. Una actitud positiva en la educación sexual que los padres construyen pasa por la transmisión de valores que trasciende lo anatómico o fisiológico. El niño necesita orientación y límites. Los padres debemos compartir valores morales que respondan en forma positiva y contrarresten la crisis sexual que vive nuestra sociedad.

Tomado del libro: “Algunas consideraciones sobre el Rol de los Padres en la Educación Sexual de sus Hijos”
de Jorge Patpatian


Mitos de la Educación Sexual

4 septiembre 2009

El Diccionario de Sexología del Dr. Flores Colombino define un mito sexual como un relato fabuloso con apariencia de realidad que contiene información sexual equivocada o carente de valor científico aunque sea de gran predicamento popular. Por generaciones existen estas falsas verdades. Los mitos dificultan la enseñanza de la sexualidad y multiplican la ignorancia. Veamos algunos de ellos.

La educación sexual consiste en brindar información sobre anatomía y fisiología sexual.

Esto no es totalmente cierto. La educación sexual no se limita exclusivamente a impartir información sobre aspectos anatómicos o fisiológicos de la reproducción. Este solo es una parte de la educación sexual. El aspecto formativo que se transmite a través de las actitudes de los padres comienza mucho antes que el niño formule sus interrogantes y tienen un importante papel en su formación. La información puede omitirse en el proceso educativo, pero las actitudes de los padres se transmiten siempre y dejan huellas sobre el menor.

Hijo mío, guarda mis razones, y atesora contigo mis mandamientos. Guarda mis mandamientos y vivirás, y mi ley como las niñas de tus ojos. Lígalos a tus dedos; escríbelos en la tabla de tu corazón. Di a la sabiduría: Tú eres mi hermana, y a la inteligencia llama parienta; para que te guarden de la mujer ajena, y de la extraña que ablanda sus palabras.” Prv. 7:1-5

La sexualidad tiene que ver solo con el coito.

Es un error reducir la sexualidad a lo estrictamente genital. No podemos confinarla exclusivamente a la procreación así como tampoco a su función erótica. La sexualidad es una dimensión más amplia que incluye todo nuestro ser siendo resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o espirituales. Nuestra sexualidad se expresa en todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos.

En la actualidad los niños y los adolescentes están informados sobre sexo.

No siempre es así. El sensacionalismo sexual que presentan los medios de comunicación vende la idea que todos conocen el tema. Lo cierto es que muchos carecen de información que provea elementos para tener una conducta sexual apropiada. La desinformación es más pronunciada cuando los padres evitan hablar sobre el tema. El menor buscará saciar su curiosidad en fuentes no fieles. Posiblemente de sus amistades, de revistas pornográficas y en los ejemplos que observe de la TV o del ambiente que lo rodea. En esta situación el menor tiene mayor riesgo de cometer errores que podrán marcar su futuro.

Estimular a un adolescente para acelerar experiencias sexuales contribuye a su madurez sexual.

Es un error apurar a los hijos para que asuman roles y conductas sexuales activas en una edad en la que no están preparados. Aun si el menor tiene las condiciones biológicas para ejercer su genitalidad, esto no significa que tenga la madurez suficiente para hacerlo. Se debe prestar especial cuidado de las primeras relaciones sexuales, muchas de las cuales crean frustración e inseguridad y no se realizan en las mejores condiciones.

Bebe el agua de tu misma cisterna, y los raudales de tu propio pozo.
¿Se derramarán tus fuentes por las calles,
Y tus corrientes de aguas por las plazas?” Prv. 5:15,16

Los encuentros sexuales constituyen siempre una experiencia gratificante.

La idea que muchos individuos tienen, particularmente los adolescentes, es que las relaciones sexuales constituyen siempre una experiencia emocional sumamente gratificante. En realidad así tendría que ser pero la experiencia demuestra que esto no siempre ocurre. En ocasiones el encuentro sexual está envuelto de una serie de circunstancias que se acompañan de frustraciones, temores, miedos, dolor, amargura, resentimientos, etc. Debemos tener en cuenta estos sentimientos y conocer aquellas conductas que pueden desembocar en consecuencias negativas. Lo que las telenovelas y otros medios nos venden, que la sexualidad es solo amor, romance, fascinación y placer es también un mito que debemos desterrar. Una relación sexual satisfactoria requiere un buen preludio, inicio y desarrollo satisfactorio, un final también gratificante, seguido de la satisfacción que produce el recuerdo. No siempre todas estas etapas se cumplen y cuando esto ocurre, el encuentro sexual no ha sido realmente una experiencia gratificante.

Ahora pues, hijos, oídme, y no os apartéis de las razones de mi boca. Aleja de ella tu camino, y no te acerques a la puerta de su casa; para que no des a los extraños tu honor, y tus años al cruel; no sea que extraños se sacien de tu fuerza, y tus trabajos estén en casa del extraño; y gimas al final, cuando se consuma tu carne y tu cuerpo, y digas: ¡Cómo aborrecí el consejo, y mi corazón menospreció la reprensión;” Prv. 5:7-12

La sexualidad es solo tema para adultos.

A partir de los aportes del psicoanálisis se sostiene que la sexualidad humana existe mucho antes de la maduración y la aparición de los caracteres sexuales secundarios. La influencia de los padres sobre la sexualidad de los hijos comienza desde el momento que se acepta el embarazo y el nuevo ser y la aceptación sea cual sea su sexo. Luego del nacimiento el aprendizaje es continuo y permanente y se funda mucho antes de comenzar la edad adulta.

Proverbios 5:1 y 7:1 el padre le enseña al hijo, su contexto es en medio del sexo.

La curiosidad es morbosa

Esto también es un falso concepto. El interés que un niño tiene sobre asuntos sexuales forma parte de la curiosidad normal y de su crecimiento. Esto no representa ningún signo de anormalidad. Lo que no es aconsejable para el niño es dejarle dudas o no responder sus interrogantes. Por este motivo uno de los objetivos de la educación es satisfacer su normal curiosidad.

El hijo sabio recibe el consejo del padre; mas el burlador no escucha las reprensiones. “Prv. 13:1, “El corazón entendido busca la sabiduría; mas la boca de los necios se alimenta de necedades.” Prv. 15:14, “Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman.”Prv. 15:22

Hablar de sexo con los menores estimula la actividad sexual y aumenta la promiscuidad.

En realidad es lo contrario. Está demostrado que la falta de una educación adecuada es una de las causas por las que muchos tienen un mal manejo de su sexualidad, lo que frecuentemente se traduce por disfunciones sexuales, embarazos precoces, abortos, enfermedades de transmisión sexual, etc. El desconocimiento sobre sexualidad y reproducción, sumado a conceptos populares falsos, estimulados por los medios masivos y agravados por modelos negativos, traen como consecuencia que las primeras exploraciones sexuales sean inesperadas, irresponsables y negativas. Diversos estudios han demostrado que los adolescentes bien informados tienen mayor habilidad de postergar las actividades sexuales y comportarse con mayor responsabilidad. Cuanta más información maneje un niño y adolescente sobre temas sexuales proveniente de su hogar, menos la buscará en otras fuentes, y probablemente el inicio de su vida sexual se postergue para ser realizado en condiciones más seguras y responsables.

Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre;
átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello. Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán; hablarán contigo cuando despiertes. Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen, para que te guarden de la mala mujer, de la blandura de la lengua de la mujer extraña. No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos;” Prv. 6:20-25

Se debe aprender de la experiencia.

La experiencia no siempre es el mejor camino para aprender sobre sexo. Por el contrario, una experiencia negativa que ocurre inesperada y precozmente suele falsear el conocimiento y dar una idea equivocada sobre lo que es la sexualidad dejando huellas que marcarán su conducta futura.

Pasé junto al campo del hombre perezoso, y junto a la viña del hombre falto de entendimiento; y he aquí que por toda ella habían crecido los espinos, ortigas habían ya cubierto su faz, y su cerca de piedra estaba ya destruida.” Prv. 24:30,31

Tomado del libro: “Algunas consideraciones sobre el Rol de los Padres en la Educación Sexual de sus Hijos”
de Jorge Patpatian


El Rol de los padres en la educación sexual de los hijos (Parte 2)

1 septiembre 2009

Sexualidad Infantil y Adolescente

A partir de las investigaciones de Freud se conoce la existencia de la sexualidad infantil como una condición humana presente aun antes del nacimiento. A partir de la concepción se suceden una serie de procesos cromosómicos, hormonales, gonadales y genitales que determinan biológicamente nuestra sexualidad. William Masters en 1980, descubrió la existencia de respuestas sexuales en el medio intrauterino con la comprobación de erecciones reflejas. En las niñas se comprobó a partir de las primeras horas de vida la existencia de erecciones clitorídeas. Desde el nacimiento se añaden los factores psicológicos, familiares y socio-culturales que sumados a los factores genéticos y hereditarios determinan las conductas sexuales del ser humano.

De las múltiples expresiones de la existencia de sexualidad infantil destacamos la preferencia que tienen los niños por el progenitor del sexo opuesto. La niña puede amar más al padre y tiene sentimientos parecidos a los celos frente a su madre. Estas preferencias constituyen importantes eventos del desarrollo infantil denominado “complejo de Electra” para la niña y “complejo de Edipo” para el varón. Habitualmente estos complejos son superados y no originan alteraciones en la conducta sexual.

El buen desarrollo de la sexualidad infantil pregenital es base y sostén de una sexualidad adulta saludable. Siguiendo los conceptos de la escuela psicoanalítica podemos señalar que la sexualidad infantil se caracteriza por ser autoerótica, es decir, no se orienta hacia otras personas, sino que se satisface en el propio cuerpo. Por lo tanto no tiene finalidad de coito. Las zonas erógenas no son necesariamente las genitales, estando éstas vinculadas con una función física importante, tales como, la alimentación, defecación y la micción. Freud ha destacado la existencia de zonas placenteras que marcan una serie de etapas diferenciales en la sexualidad infantil. A partir de las teorías psicoanalíticas se distinguen básicamente tres etapas en la evolución de la sexualidad infantil y un cuarto periodo denominado de latencia, hasta iniciar la adolescencia.

Sucintamente pasamos a describir cada una de ellas:

Etapa oral (0 A 18 meses)

Constituye la primera etapa de la vida afectiva del niño y está ligada a sus necesidades básicas, fundamentalmente la alimentación.

El contacto con el mundo se realiza a través de la boca convirtiéndose ésta en centro del placer y de conocimiento. La satisfacción que produce el contacto cuerpo a cuerpo, las caricias que recibe y la seguridad del regazo materno proporcionan al menor una buena base para su evolución psicoafectiva. Allí encuentra las primeras experiencias que lo harán sentirse amado, aceptado y seguro.

Podrá sentir placer también con la introducción de otros objetos en su boca, así como su mano o dedos. Durante esta etapa el niño descubrirá también sus genitales a partir de la manipulación que de ellos realice.

Durante este periodo los padres deberán tener en cuenta algunos aspectos que contribuyen a una adecuada educación sexual:

  • Aceptar el sexo biológico del niño.
  • Contribuir lentamente al desprendimiento de conductas orales como uso prolongado del chupete, succión del pulgar, etc.
  • Valorar todo el cuerpo, inclusive sus órganos genitales.
  • Utilizar un vocabulario correcto hacia los genitales.
  • No censurar al niño cuando manipula su región genital.

Etapa anal (18 meses a 3 años)

A partir de los 18 meses el niño comienza el control y conciencia del esfínter anal. Las sensaciones placenteras se producen por la regulación y la eliminación de las heces. El niño descubre las diferencias sexuales entre adultos y niños y adquiere en esta etapa su identidad sexual y el rol de género, es decir, el papel que juega su sexo en la sociedad.

En esta etapa es importante el aprendizaje del control de esfínteres y su manejo adecuado que requiere mucha paciencia y tranquilidad.

Etapa genital o fálica (3 a 5 años)

Durante este período aumenta el descubrimiento y la exploración del propio cuerpo y se incrementa la curiosidad sexual así como las actividades masturbatorias. La escuela psicoanalítica ha insistido que esta es una etapa importante en el contexto de la sexualidad infantil ya que entra en juego la triangulación edípica que pasamos a describir.

La etapa fálica en el varón se caracteriza por una identificación con el padre y un amor del niño por su madre. En consecuencia se pone celoso de su padre a quién percibe como un rival. Esta situación en la que el niño anhela la posesión sexual exclusiva de su madre y siente antagonismo hacia el padre recibe el nombre de complejo de Edipo.

La etapa fálica en la niña se caracteriza por un debilitamiento del amor hacia su madre (su primer objeto amoroso, característico de las etapas anteriores) y una mayor preferencia hacia su padre. Ella ama a su padre y esta celosa de su madre. Este es el complejo de Electra. Este complejo es superado con la madurez y por el reconocimiento de la imposibilidad de poseer al progenitor del sexo opuesto.

Este período se caracteriza también por interrogantes relativas a las diferencias que existen en el varón y las niñas y que será necesario canalizar. La transmisión de información de los padres debe incluir el concepto de la igualdad de derechos y oportunidades de cada sexo.

Aparecen en esta etapa otras manifestaciones comunes tales como, masturbación, curiosidades sexuales, exhibicionismos, juegos sexuales, etc.

Etapa de latencia (6 años hasta la pubertad)

El periodo de latencia no significa que no tenga manifestaciones sexuales pero es en este período donde la ampliación de los intereses del niño, coincidiendo con el período escolar, disgrega sus manifestaciones sexuales.

Los intereses sexuales están centrados en curiosidades sobre el nacimiento de los niños, los embarazos, rol de los padres en la reproducción, etc. Los padres deben satisfacer la necesidad de conocimiento e información sobre estos temas.

El período de latencia culmina con la aparición de la menarca en la niña y las primeras eyaculaciones en el varón, dando inicio a la etapa pubertad.

En suma para el psicoanálisis la sexualidad:

  • Es mucho más amplia que la genitalidad.
  • Tiene una historia personal cuando llega a la pubertad, iniciándose ya desde el nacimiento o antes.
  • La energía libidinal pasa por distintas zonas en diferentes momentos del desarrollo.

Desarrollo de la sexualidad en la adolescencia

La adolescencia comienza con los cambios puberales que consisten en la aparición de los caracteres sexuales secundarios. Este desarrollo se inicia más temprano en la niña y un poco más tarde en el varón.

La pubertad es la etapa que da lugar al desarrollo de las características sexuales secundarias que marcan el inicio de la adolescencia, un periodo más o menos prolongado, de límites imprecisos que comienza a partir los 10-11 años y se prolonga según algunos autores hasta los 20 años. Un periodo crítico de cambios significativos a nivel corporal y psicosocial. Los rápidos cambios corporales que se producen en su organismo descolocan al adolescente, lo inquietan y angustian, sobre todo en los aspectos corporales que hacen referencia a su sexualidad. Busca respuestas pero no siempre encuentra. Su deseo de independencia y emancipación y sus cuestionamientos sobre la autoridad de sus padres hacen que la relación con ellos no siempre sea fluida y abierta, además de que los padres mismos comienzan a desconcertarse y a rechazar muchas de sus conductas y reacciones.

Si la comunicación no ha sido fluida hasta entonces la tormenta podrá ser mayor.

Una actitud comprensiva, empática y tolerante por parte de los padres contribuirá para mejorar los canales de comunicación y poder intervenir positivamente en la vida del adolescente. El asincronismo de estos cambios produce una serie de problemas emocionales que habitualmente ceden en el comienzo de la edad adulta.

Se distinguen varias etapas:

1) Aislamiento. Esta etapa comprende entre los 12 y 14 años y es aquí donde ocurren los cambios puberales más significativos que desconciertan al menor. En el aspecto social hay una tendencia en el varón a compartir con amigos de su propio sexo. La niña por el contrario tiene la tendencia de buscar el sexo opuesto. En este periodo aparecen burlas relacionadas con el sexo, lenguaje obsceno y prácticas masturbatorias.

2) Incertidumbre. Durante esta etapa comprendida entre los 14 y 15 años, el adolescente comienza a buscar figuras identificatorias fuera de las parentales. Es un tiempo de idealización, de buscar al amigo íntimo. Lo sexual se manifiesta a través de cuentos, chistes, confidencias, masturbación, entre otras.

3) Apertura a la heterosexualidad. Entre los 15 y 17 años hay una afirmación de su identidad sexual y un fuerte narcisismo. Aparecen las relaciones entre ambos sexos que son ambivalentes, con mucha intensidad pero poco comprometidas y fugaces.

4) Consolidación. Más allá de los 17 años la identidad es lograda. Comienza una mayor estabilidad emocional, con la perspectiva de un objeto amoroso único, con capacidad de dar y recibir amor. La elección de pareja puede comenzar a ser de largo plazo y definitiva.


El rol de los padres en la educación sexual de los hijos (Parte 1)

21 agosto 2009

Los temas sexuales en sus múltiples expresiones están en constante transformación. Son numerosas las evidencias que así lo permiten constatar. Por ejemplo, el auge mundial de movimientos de liberación femenina, los grupos gays y/o lesbianas que reivindican derechos, las personas que voluntariamente desean cambiar su sexo y solicitan la rectificación quirúrgica de sus órganos genitales así como de su partida de nacimiento para que se reconozca su nueva identidad sexual. Estas son algunas expresiones de un tema que está cubierto de un gran manto de inquietudes y desconcierto.

Por otro lado el advenimiento del SIDA a partir de la década de los 80 ha producido temores que han contribuido a modificar conductas.

Así también, el culto a las expresiones estrictamente físicas de la sexualidad ha exagerado en forma desmedida la inclinación hacia todo lo que rodea al cuerpo y a su búsqueda placentera, limitando el enfoque sexual a lo corporal, descontextualizando el sexo de la totalidad del ser. La búsqueda de placer sexual a través de la exhibición: “mírame y no me toques” es una nueva forma de disfrutar el erotismo y de derivar la energía sexual a otras formas sutiles de placer.

Sumado a estos elementos las estadísticas denuncian el incremento de abuso sexual, violencia y prostitución particularmente en niños y adolescentes. Hoy también somos testigos del creciente número de embarazos en adolescentes, llevando a un claro aumento de madres a muy temprana edad.

El sistema familiar también ha cambiado en forma vertiginosa. En Uruguay de acuerdo a lo revelado en algunas estadísticas hay un incremento de hogares constituidos por familias monoparentales, generando otras formas y conductas de vida familiar y sexual a las que antaño no estaba acostumbrado.

Todo demuestra que la sexualidad humana es un fenómeno complejo, donde convergen una serie de consideraciones que van más allá de lo biológico. De lo que estamos seguros hoy, es de la falta de un marco de referencia. ¿Qué es lo más adecuado en materia sexual?

La gente cada vez lo sabe menos. La sociedad contribuye a la ignorancia a través de los medios masivos de comunicación. Los medios muestran frecuentemente un tipo de sexualidad irreal y tergiversada que empaña una correcta formación y que deforma aun más conceptos y actitudes sexuales.

También existe un exceso de producción comercial de libros y revistas que pretendiendo aportar conceptos sexuales, no son más que formas enmascaradas de pornografía, que producen un daño potencial sobre el crecimiento y desarrollo sexual del menor que es imprevisible.

Para muchos menores, el grupo de amigos ha sido la forma más común de información y aprendizaje sexual, siendo la mayoría de las veces inadecuada. La novedosa incorporación de internet y su utilización como fuente de pornografía sexual es un elemento no menos preocupante. El acceso que puede tener un menor a material sexual y pornográfico explícitos de texto y fotos, se convierte en un gran tema de peligro y discusión que deberá regularse muy estrictamente.

Esta realidad transita en una población joven que la mayoría de las veces es ignorante y no bien informada del tema, con carencias de comunicación y sobre todo una gran dosis de soledad a la hora de evacuar dudas y preocupaciones.

Estas evidencias confirman la necesidad de que los padres, intervengan más activamente en la formación sexual de sus hijos.

Estamos convencidos que la familia es el ámbito básico de la educación sexual y el lugar más propicio para realizar una actividad preventiva. El papel de los padres en el hogar es insustituible y de ello debemos ser muy conscientes.

¿Qué actitud tenemos que tomar los padres frente a la sexualidad de nuestros hijos? ¿Cómo hablar con ellos? ¿Qué decir como respuesta a las frecuentes preguntas e inquietudes que surgen en la vida del menor? ¿Cómo ayudarles para que en el futuro tengan los mínimos errores que los adultos a menudo tienen? En algún momento estas son algunas de las interrogantes que aparecen y responderlas no es una tarea fácil.

Muchos temores y prejuicios se levantan como barreras para hablar de sexo con los hijos. La historia personal de los padres no siempre es satisfactoria y dificulta aun más una docencia adecuada. La repulsión, el miedo y otros sentimientos negativos afloran en algún momento. Se trata de disimular por medio de las conversaciones que salen por las tangentes. Decirle a un niño “cuando seas grande ya vas a saberlo”, “otro día te lo voy a contar” son respuestas que en este tiempo están totalmente fuera de lugar.

Estas páginas pretenden abrir respuestas y reflexionar sobre algunas de las inquietudes que particularmente los niños tienen hasta su pubertad. No solo que contemple los aspectos anatómicos y fisiológicos de la sexualidad sino también que incluya una dimensión ética y moral basada en la libertad así como en la responsabilidad y el respeto hacia los demás.

No puedo negar mi concepción cristiana de la que vuelco muchos de los conceptos sobre la vida y la familia. Es imprescindible aclarar que este posicionamiento y valoración ética sobre el tema es el eje principal que sustenta este trabajo. Aun sostengo firmemente que la sexualidad y el matrimonio es obra del Creador y, que la pareja estable, fiel y permanente es el modelo más adecuado de convivencia familiar. Hacia este ideal es al que debemos aspirar.

Debo agradecer sinceramente a quienes han contribuido y corregido este material. En forma especial a la Lic. Juanita Vallejo Latessa y a la Psic. Graciela Gares, quienes han aportado su ayuda desde sus respectivas disciplinas.

Si la presente publicación despierta la reflexión y facilita una mejor comprensión sobre el compromiso que tienen los padres y quienes trabajan con niños y adolescentes para la construcción sexual de los mismos habrá logrado con creces sus objetivos.

Jorge Patpatian

Educación Sexual

Definición y conceptos:

La educación sexual es un proceso vinculado a la transmisión y formación de conceptos sexuales que producen a lo largo del tiempo actitudes, expresiones y conductas sexuales definidas, cuyos principales objetivos a nuestro juicio son los siguientes:

  1. Estimular el desarrollo de actitudes positivas hacia sí mismo y la aceptación de la propia sexualidad. Incluye descubrir, conocer y desarrollar una imagen positiva de sí mismo.
  2. Aceptación del sexo opuesto, en un plano de igualdad y respeto. Los procesos discriminatorios que la sociedad históricamente ha incorporado, particularmente a la mujer produce daño y deben ser desterrados.
  3. Incorporar valores como compromiso, respeto, fidelidad y amor con el objetivo de que el vínculo entre dos personas de distinto sexo pueda ser enriquecedora, complementaria, madura, perdurable, responsable y fiel.
  4. Incluir la preparación para los cambios físicos y psicológicos que pronto ocurrirán con el devenir de la pubertad. Los menores no deben sorprenderse cuando ocurra la menarca o las primeras emisiones nocturnas. Las características sexuales secundarias descolocan al menor y son fuente de incertidumbres y miedos. ¿Seré normal? ¿Qué me está pasando?. Son preguntas que angustian. El niño debe reconocer que todos estos cambios son normales. La educación sexual debe proporcionar seguridad y contribuir positivamente en su desarrollo.
  5. Advertir la existencia de abuso sexual. La información adecuada y a tiempo podrá protegerlo de situaciones nefastas a las que no está preparado. El menor debe aprender que tiene partes íntimas que le pertenecen y sobre las cuales nadie tiene derecho sino solo él.
  6. Brindar educación sexual para satisfacer su natural curiosidad.

La curiosidad sexual en los primeros años de vida es normal. El sexo es un tema como cualquier otro. Las actitudes negativas comienzan a surgir cuando tiene dudas y nadie sacia su necesidad de información.

En suma podemos indicar que el desarrollo sexual del menor y su construcción educativa debe desembocar en el logro de su madurez.

La Prof. Dra. Irma Gentile-Ramos en su libro Puericultura y Pediatría Social menciona que “la maduración sexual no es solamente un acontecimiento orgánico ligado a cambios morfológicos y psicológicos ni a determinadas aptitudes”, “es fundamentalmente un logro afectivo y social: la aceptación de la sexualidad corporal, la interiorización de los conceptos, las actitudes y el comportamiento acordes con un “rol” sexual determinado (masculino o femenino), la capacidad de dar y producir amor, la aptitud de formar pareja con un ser de otro sexo y de la misma generación y de unirse “para la felicidad y el infortunio”, con un sentido maduro de responsabilidad individual y social y la potencial capacidad de concebir y criar hijos”.

Los padres y la familia a través de su gestión educativa tienen el privilegio y la responsabilidad de contribuir con este rol.

Rol de la familia

Diversos son los factores que intervienen en la educación sexual, pero son los padres quienes a través de su conducta, actitudes y transmisión de conceptos influyen sobre el menor, aunque no siempre de la forma más adecuada.

Los padres siempre brindamos educación sexual desde el momento que el niño nace. Nuestras acciones u omisiones, los gestos y expresiones al momento de encarar el tema, son factores que influyen y determinan nuestra intervención educativa. La valoración del sexo y el cuerpo de nuestros hijos, las actitudes que tenemos hacia sus genitales, la forma como manejamos el control de sus esfínteres, la aceptación o no de toda su persona son algunos de los múltiples factores por los cuales los padres influirán en sus conductas sexuales.

Los padres tenemos derecho a no saberlo todo, pero debemos ser conscientes que nuestras actitudes serán siempre mensajes docentes para nuestros hijos.

Ya veremos que las primeras impresiones de solidaridad, honradez, respeto por su vida, aceptación y estima adecuada serán bases sólidas para desarrollar buenas actitudes sexuales. Si por el contrario las primeras experiencias familiares están cargadas de maltrato, abuso, discriminación de género, violencia familiar u otras expresiones de patologías sociales y familiares, serán un caldo de cultivo para que en su vida adulta reproduzca los mismos males que ha vivenciado. Si medimos la educación sexual en términos de resultados concluimos que aun queda mucho camino por recorrer. Los indicadores de desajuste personal y social, son el producto de factores multicausales que se agravan ante una inadecuada intervención familiar. Ejemplo de ello son enfermedades de transmisión sexual, abortos, embarazos en adolescentes, madres niñas, familias monoparentales, aumento de prostitución infantil, violencia, abuso sexual, etc. La lista es muy vasta. Esto motiva a buscar brechas que faciliten una correcta docencia con relación al tema.

Diversas ventajas sobrevienen a partir de una educación sexual que tiene una participación positiva de los padres:

  1. Si un menor maneja suficiente información, no la buscará en otras fuentes como la pornografía, medios de comunicación, de sus pares, etc.
  2. Hablar de sexualidad con los hijos es demostrarles que la misma es un aspecto normal de la vida humana. Esta es una forma de desmitificar la sexualidad, ella forma parte de la cotidianeidad.
  3. La educación sexual está atravesando una importante crisis.

La información sexual que proviene de profesionales o docentes especializados está siempre sesgada por la filosofía de quien lo imparte y es natural que puedan tener una manera de pensar distinta de la que tienen los padres. Cuando éstos imparten información sexual están transmitiendo valores que según entienden son los mas apropiados para sus hijos. Nuestra intervención adecuada impide que los menores estén a merced de vientos y tendencias que los confundan.

Tomado del libro: “Algunas consideraciones sobre el Rol de los Padres en la Educación
Sexual de sus Hijos”
de Jorge Patpatian


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