Un Noviazgo a la manera de Dios

Estaremos compartiendo un tema muy especial, cómo conducir el noviazgo como Dios manda, este tema es un extracto del libro “El Joven y sus dilemas” de Winkie Pratney. Compartiremos principios de como llevar un noviazgo cristiano.

CONDUCE TU NOVIAZGO COMO DIOS MANDA

Miles y miles de parejas se divorcian todos los años. En los últimos años, más de tres millones de personas se dieron por vencidas y rompieron los lazos matrimoniales. En algunos lugares hay más divorcios que matrimonios cada semana. Los hogares se están desintegrando. Las madres están abandonando la lucha y los padres están desertando.

Por cada hogar que se destruye mediante el divorcio y la separación, hay niños que aprenderán lo que significa estar heridos y cómo odiar. Cada uno de estos muchachos querrá de algún modo vengarse de este mundo. Tal vez ésa sea la razón por la cual, durante el tiempo que empleas para leer este capítulo, centenares de personas serán robadas, violadas, golpeadas, aporreadas y asesinadas por los hijos de esta clase de hogares. Tal vez puedas comprender por qué Dios está interesado en lo que respecta al matrimonio.

Algunas personas brillantes han salido con una solución igualmente brillante: Si los matrimonios son tan confusos, ¿por qué no “descartar” todo el asunto? ¿Por qué no echar simplemente el matrimonio por la borda? ¿Por qué no viven los dos simplemente a manera de prueba, y si no logran entenderse, se separan, sin que queden vínculos ni responsabilidades?

Esto tiene tanto sentido como ponerle una puerta de malla a un submarino. Hay otras ideas que son casi tan brillantes como ésta, como la de declarar fuera de la ley las cárceles por cuanto a muchas personas les gusta una vida de crimen, o la de prohibir los puentes por el hecho de que las personas saltan de ellos algunas veces, o la de dejar de comer por cuanto algunas personas son glotonas. No hay nada malo en el matrimonio. Pero éste, como un juego, o como la misma vida, tiene normas. Cuando se quebrantan las normas, realmente no es divertido. Eso es el fin del juego. Para algunos, eso también ha significado el fin de la vida.

Hoy tenemos más libros que tratan sobre el sexo que nunca antes. Tenemos más información en cuanto a cómo comportarnos en el matrimonio, más datos para ser sexualmente modernos. Pero hemos dejado de lado las leyes de Dios, ¡y estamos pagando un precio trágico por ello! Al oir hablar a algunas personas, pensarías que Dios se opone a la actividad sexual. Pero esta idea fue de Dios; él la inventó, y sabe cómo se debe llevar a cabo.

Lo sexual es precioso, y como todas las cosas preciosas, no hay que usarlo con demasiada frecuencia, sino atesorarlo para momentos especiales. Tienes que aprender a usar su poder dentro de los controles de Dios y a preservar su belleza, pues de lo contrario volverás a entrar en las filas de los solitarios y amargados, y obtendrás como cosecha un matrimonio destrozado, un hogar desbandado, una vida quebrantada y un corazón abatido.

Dios nos hizo diferentes. Tomó a Eva del costado de Adán, y desde entonces ha estado cerca de él; nunca ha estado lejos de su corazón ni de su lado. Las relaciones maravillosas posibles entre un hombre y su esposa son pequeños reflejos de la felicidad que Dios planeó para nosotros. Las amistades humanas no son ni una sombra de la amistad que podemos tener con Dios. Debes saber las diferencias que Dios colocó en nuestras personalidades para que sepas cómo cortejar de la manera que le agrada a Dios.

Físicas. Aparte de las completamente obvias diferencias sexuales, Dios hizo a la mayoría de los hombres físicamente más fuertes que las mujeres. Sé que hay excepciones; ¡sé todo lo relativo a la mujer que pesa 180 kilogramos, es cinturón negro en karate y puede matar a un ciervo con su respiración! Pero, por lo general, Dios hizo al hombre más fuerte físicamente para que pueda proteger a su esposa y cuidarla.

Es verdad, por supuesto, que por algún tiempo, las muchachas crecen más rápidamente que los varones. Las niñas necesitan menos tiempo para convertirse físicamente en mujeres que los niños para convertirse físicamente en hombres. Cuando la mayoría de los varones están aún jugando a las canicas, andando en pandillas o volando cometas, las chicas ya están enamorándose desesperadamente de sus maestros. Esto significa que una muchacha puede tener cuerpo de mujer, pero mente de niñita. Esto puede hacer que las chicas tengan citas amorosas con jóvenes de más edad. Esto también las puede meter en dificultades, a menos que sepan lo que está sucediendo y se preparen para ello. Esa es la razón por la cual algunos padres se desesperan cuando descubren que su niñita es novia de un muchacho mayor que ella. Los padres tienen experiencia. Saben lo que está ocurriendo. Hay que oirlos algunas veces. Ellos pueden impedir que salgas por cuanto se preocupan por ti, o porque recuerdan algo de su propio pasado con mucho temor y pesar.

Mentales. Generalmente hay diferencias mentales entre los hombres y las mujeres. Eso no tiene nada que ver con la inteligencia. Se relacionan con la manera como Dios nos diseñó para usar nuestra inteligencia.

Ahora bien, esto es importante. Estas dos maneras básicamente diferentes de ver las cosas hacen que cada sexo sea superior al otro en el papel que Dios le ha encomendado. La mujer es superior al hombre en su manera de pensar cuando los problemas de la vida exigen un enfoque de inspiración, no programado ni estructurado. Ella les da color, sorpresa, asombro, aventura. El hombre es superior a la mujer cuando un problema necesita lógica, hechos, análisis, detalle para resolverlo. El da forma, estabilidad y estructura a la vida.

Si cada cual permanece en el papel que le corresponde, Dios podrá traer la máxima bendición a su compañerismo. A través de la Biblia a partir d e la creación Dios estableció un papel para cada uno de los sexos: el hombre tiene que dirigir,-“la mujer tiene que inspirar. Este es el patrón de Dios. Cuando hacemos aquello para lo cual fuimos diseñados, hallaremos la máxima felicidad en nuestra amistad mutua, en el galanteo y en el matrimonio.

Por cuanto a los hombres les corresponde dirigir, he aquí algunas reglas para que seas un hombre de pelo en pecho:

1. Sé ingenioso. La Biblia dice: ” . . . sed . . . maduros en el modo de pensar” (1 Corintios 14:20). Si vas a ser la computadora, “procura con diligencia presentarte a Dios aprobado”. A la mujer le gusta que el hombre del cual ella depende esté bien informado y sepa cómo funcionan las cosas.

2. Practica un deporte. Desarrolla tu cuerpo físico de tal modo que sea suficientemente fuerte para cuidarla a ella y protegerla. Escoge algún deporte que te guste, y luego, dedícate realmente a él. El ejercicio corporal es provechoso. Aunque tengas una apariencia endeble, haz lo mejor con lo que tienes.

3 . Sé un caballero. La Biblia nos dice que debemos ser corteses los unos con los otros, amarnos los unos a los otros con amor fraternal y en cuanto a honra, preferirnos los unos a los otros (ver Romanos 12:10). Ten cuidado con tus maneras de proceder. Dale a ella el respeto que le corresponde a una mujer de Dios. A la mayoría de las mujeres no les parece mal si son tratadas como princesas. Si somos hijos e hijas del Rey de reyes, debes tratar a tu chica como la princesa que es.

4. No digas mentiras. ” . . . siguiendo la verdad en amor” (Efesios 4:15). Nunca hagas que una mujer piense que tú te preocupas más por ella que todos los demás, si eso no es cierto. No te atrevas a complacerte con alguna alucinación de poder sólo para sentir que alguna chica está bajo tu hechizo, aunque ella no signifique mucho para ti. Las mujeres se sienten fácilmente heridas. No lo olvides. Ningún hombre tiene el derecho de decirle a una chica: “Te amo”; a menos que esté dispuesto a decirle en el siguiente suspiro: “¿Te casarías conmigo?” Si no puedes decir la segunda frase, no digas la primera. No digas mentiras.

5. Sé un hombre de Dios. Si has de tener un epitafio sobre tu lápida sepulcral, esfuérzate porque sea éste: “Aquí yace un hombre de Dios”. A menos que sepas amar a Dios y servirle íntegramente, nunca aprenderás la ternura, el cuidado y el interés que hacen que un hombre merezca ser líder, novio, y algún día, marido. Si vas a ser líder, sélo donde vale la pena: espiritualmente. Hermano, ponme atención ahora. No hay nada que valga más que tu andar personal diario con Jesús. Eso te ahorrará a ti y a la joven con la cual estableces amistad amorosa, aflicciones, dificultades e irreparables años perdidos.

Ahora, las jóvenes, que habrán estado diciendo muchos “amenes” a todo lo que he dicho para los varones, aquí tienen la lista que les corresponde para una vida de amor:

1. Si eres inteligente, no hagas alarde de ello. A ningún hermano le gusta ser relegado al lugar de “Carlitos”, el personaje de la tira cómica. Dios no quiere que hagas el papel de una rubia, o una morena, o una pelirroja tonta; pero recuerda que a él le corresponde ser el líder, y a ti te corresponde la tarea de inspirarlo (ver Proverbios 31:26).

2. No parlotees. Hermana, he aquí un secreto. Si quieres hablar acerca de alguna cosa, pregúntale a él lo que piensa al respecto. Aprende lo que significa edificar a un hombre. con admiración. Esto puedes hacerlo simplemente haciendo unas pocas preguntas y oyendo mucho. No oigas sólo las palabras; oye al hombre que las está diciendo. Sonríe mucho, admira grandemente lo que él dice, y di poco. El te amará por esta actitud. Sé sencilla y honesta como un niño. Si estás pensando en serio acerca del matrimonio, habla acerca de tu relación con Dios, de los ministerios espirituales, de los posibles hijos, del hogar, de la economía y de los padres. Pero no hables sin ton ni son (ver Proverbios 11:22).

3. Sé frágil. Deja que él sea el fuerte. ¡Que él sea el Tarzán! ¡Sé la dulce Juana! ¿Has visto que alguna vez un hombrecito flacucho le dice a su esposa que pesa 90 kilogramos: “mi nenita”? Eso sucedió porque ella aprendió el secreto de ser frágil para él. No es sólo la apariencia; es la actitud. No te dediques a matar las arañas. Deja que él manifieste las habilidades de hombre fuerte. Estas cosas hacen que un hombre se sienta como hombre. Genera una dependencia, una apariencia de niñita. Esa es la clase de mujer de la cual el hombre quiere ser líder (ver 1 Pedro 3:3).

4. Vístete como mujer y conserva la apariencia de tal. Y esa mujer tiene que ser toda una mujer y toda una dama. No adoptes la apariencia de fuerte. Dios te dio una maravillosa atracción. Eres una mujer, y una mujer de Dios. Utiliza esos hechos a plenitud. No utilices vestidos de mal gusto o sensuales de tal modo que parezcas una prostituta. Dios es tu Padre, el Señor Jesús es tu Hermano. Vístete teniendo en cuenta esos hechos. Sé pulcra, sencilla y sensible.

5. Sé una mujer de Dios. No hay nada más hermoso y que atraiga más irresistiblemente al hombre que una mujer que realmente está enamorada de Jesús. No hay mejor fuente de belleza que vivir en el gozo de una obediencia perfecta a la voluntad de él. Aprende a ser alguien de quien Jesús pueda estar orgulloso. Comprenderás lo que Dios quiere dar a entender cuando dice: “Deleítate asimismo en JehdVá, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4).

En lo que respecta a cualquier salida, son los hombres los que toman la iniciativa. Decidan delante del Señor a donde ir. Encomienden tales oportunidades a Dios en oración. Tú como hombre, vive de tal manera que lleves a la joven más cerca de Jesús.

Y las jóvenes deben vivir tan cerca de Dios que, mediante su misma vida, lleven a su novio más cerca de Cristo. Deben servirle de inspiración. Esa es la manera cristiana de vivir en amor.

No sólo en las palabras que dices,

Ni en las obras que confiesas,

Sino en la forma más inconsciente

Tu vida a Cristo expresa.

¿Es sólo una bella sonrisa?

¿Célica luz en tu frente?

No. Sentí la presencia del Señor

Ahora, cuando miraste sonriente.

No fue para mí la verdad que enseñaste,

Muy querida para ti, poco clara para mí;

Pero cuando viniste a mí

Cristo venía en ti.

Desde tus ojos él me llama,

Y desde tu corazón me ama;

Hasta el punto en que no te puedo ver,

Pues en tu lugar esté él. —Autor desconocido

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