El rol de los padres en la educación sexual de los hijos (Parte 1)

Los temas sexuales en sus múltiples expresiones están en constante transformación. Son numerosas las evidencias que así lo permiten constatar. Por ejemplo, el auge mundial de movimientos de liberación femenina, los grupos gays y/o lesbianas que reivindican derechos, las personas que voluntariamente desean cambiar su sexo y solicitan la rectificación quirúrgica de sus órganos genitales así como de su partida de nacimiento para que se reconozca su nueva identidad sexual. Estas son algunas expresiones de un tema que está cubierto de un gran manto de inquietudes y desconcierto.

Por otro lado el advenimiento del SIDA a partir de la década de los 80 ha producido temores que han contribuido a modificar conductas.

Así también, el culto a las expresiones estrictamente físicas de la sexualidad ha exagerado en forma desmedida la inclinación hacia todo lo que rodea al cuerpo y a su búsqueda placentera, limitando el enfoque sexual a lo corporal, descontextualizando el sexo de la totalidad del ser. La búsqueda de placer sexual a través de la exhibición: “mírame y no me toques” es una nueva forma de disfrutar el erotismo y de derivar la energía sexual a otras formas sutiles de placer.

Sumado a estos elementos las estadísticas denuncian el incremento de abuso sexual, violencia y prostitución particularmente en niños y adolescentes. Hoy también somos testigos del creciente número de embarazos en adolescentes, llevando a un claro aumento de madres a muy temprana edad.

El sistema familiar también ha cambiado en forma vertiginosa. En Uruguay de acuerdo a lo revelado en algunas estadísticas hay un incremento de hogares constituidos por familias monoparentales, generando otras formas y conductas de vida familiar y sexual a las que antaño no estaba acostumbrado.

Todo demuestra que la sexualidad humana es un fenómeno complejo, donde convergen una serie de consideraciones que van más allá de lo biológico. De lo que estamos seguros hoy, es de la falta de un marco de referencia. ¿Qué es lo más adecuado en materia sexual?

La gente cada vez lo sabe menos. La sociedad contribuye a la ignorancia a través de los medios masivos de comunicación. Los medios muestran frecuentemente un tipo de sexualidad irreal y tergiversada que empaña una correcta formación y que deforma aun más conceptos y actitudes sexuales.

También existe un exceso de producción comercial de libros y revistas que pretendiendo aportar conceptos sexuales, no son más que formas enmascaradas de pornografía, que producen un daño potencial sobre el crecimiento y desarrollo sexual del menor que es imprevisible.

Para muchos menores, el grupo de amigos ha sido la forma más común de información y aprendizaje sexual, siendo la mayoría de las veces inadecuada. La novedosa incorporación de internet y su utilización como fuente de pornografía sexual es un elemento no menos preocupante. El acceso que puede tener un menor a material sexual y pornográfico explícitos de texto y fotos, se convierte en un gran tema de peligro y discusión que deberá regularse muy estrictamente.

Esta realidad transita en una población joven que la mayoría de las veces es ignorante y no bien informada del tema, con carencias de comunicación y sobre todo una gran dosis de soledad a la hora de evacuar dudas y preocupaciones.

Estas evidencias confirman la necesidad de que los padres, intervengan más activamente en la formación sexual de sus hijos.

Estamos convencidos que la familia es el ámbito básico de la educación sexual y el lugar más propicio para realizar una actividad preventiva. El papel de los padres en el hogar es insustituible y de ello debemos ser muy conscientes.

¿Qué actitud tenemos que tomar los padres frente a la sexualidad de nuestros hijos? ¿Cómo hablar con ellos? ¿Qué decir como respuesta a las frecuentes preguntas e inquietudes que surgen en la vida del menor? ¿Cómo ayudarles para que en el futuro tengan los mínimos errores que los adultos a menudo tienen? En algún momento estas son algunas de las interrogantes que aparecen y responderlas no es una tarea fácil.

Muchos temores y prejuicios se levantan como barreras para hablar de sexo con los hijos. La historia personal de los padres no siempre es satisfactoria y dificulta aun más una docencia adecuada. La repulsión, el miedo y otros sentimientos negativos afloran en algún momento. Se trata de disimular por medio de las conversaciones que salen por las tangentes. Decirle a un niño “cuando seas grande ya vas a saberlo”, “otro día te lo voy a contar” son respuestas que en este tiempo están totalmente fuera de lugar.

Estas páginas pretenden abrir respuestas y reflexionar sobre algunas de las inquietudes que particularmente los niños tienen hasta su pubertad. No solo que contemple los aspectos anatómicos y fisiológicos de la sexualidad sino también que incluya una dimensión ética y moral basada en la libertad así como en la responsabilidad y el respeto hacia los demás.

No puedo negar mi concepción cristiana de la que vuelco muchos de los conceptos sobre la vida y la familia. Es imprescindible aclarar que este posicionamiento y valoración ética sobre el tema es el eje principal que sustenta este trabajo. Aun sostengo firmemente que la sexualidad y el matrimonio es obra del Creador y, que la pareja estable, fiel y permanente es el modelo más adecuado de convivencia familiar. Hacia este ideal es al que debemos aspirar.

Debo agradecer sinceramente a quienes han contribuido y corregido este material. En forma especial a la Lic. Juanita Vallejo Latessa y a la Psic. Graciela Gares, quienes han aportado su ayuda desde sus respectivas disciplinas.

Si la presente publicación despierta la reflexión y facilita una mejor comprensión sobre el compromiso que tienen los padres y quienes trabajan con niños y adolescentes para la construcción sexual de los mismos habrá logrado con creces sus objetivos.

Jorge Patpatian

Educación Sexual

Definición y conceptos:

La educación sexual es un proceso vinculado a la transmisión y formación de conceptos sexuales que producen a lo largo del tiempo actitudes, expresiones y conductas sexuales definidas, cuyos principales objetivos a nuestro juicio son los siguientes:

  1. Estimular el desarrollo de actitudes positivas hacia sí mismo y la aceptación de la propia sexualidad. Incluye descubrir, conocer y desarrollar una imagen positiva de sí mismo.
  2. Aceptación del sexo opuesto, en un plano de igualdad y respeto. Los procesos discriminatorios que la sociedad históricamente ha incorporado, particularmente a la mujer produce daño y deben ser desterrados.
  3. Incorporar valores como compromiso, respeto, fidelidad y amor con el objetivo de que el vínculo entre dos personas de distinto sexo pueda ser enriquecedora, complementaria, madura, perdurable, responsable y fiel.
  4. Incluir la preparación para los cambios físicos y psicológicos que pronto ocurrirán con el devenir de la pubertad. Los menores no deben sorprenderse cuando ocurra la menarca o las primeras emisiones nocturnas. Las características sexuales secundarias descolocan al menor y son fuente de incertidumbres y miedos. ¿Seré normal? ¿Qué me está pasando?. Son preguntas que angustian. El niño debe reconocer que todos estos cambios son normales. La educación sexual debe proporcionar seguridad y contribuir positivamente en su desarrollo.
  5. Advertir la existencia de abuso sexual. La información adecuada y a tiempo podrá protegerlo de situaciones nefastas a las que no está preparado. El menor debe aprender que tiene partes íntimas que le pertenecen y sobre las cuales nadie tiene derecho sino solo él.
  6. Brindar educación sexual para satisfacer su natural curiosidad.

La curiosidad sexual en los primeros años de vida es normal. El sexo es un tema como cualquier otro. Las actitudes negativas comienzan a surgir cuando tiene dudas y nadie sacia su necesidad de información.

En suma podemos indicar que el desarrollo sexual del menor y su construcción educativa debe desembocar en el logro de su madurez.

La Prof. Dra. Irma Gentile-Ramos en su libro Puericultura y Pediatría Social menciona que “la maduración sexual no es solamente un acontecimiento orgánico ligado a cambios morfológicos y psicológicos ni a determinadas aptitudes”, “es fundamentalmente un logro afectivo y social: la aceptación de la sexualidad corporal, la interiorización de los conceptos, las actitudes y el comportamiento acordes con un “rol” sexual determinado (masculino o femenino), la capacidad de dar y producir amor, la aptitud de formar pareja con un ser de otro sexo y de la misma generación y de unirse “para la felicidad y el infortunio”, con un sentido maduro de responsabilidad individual y social y la potencial capacidad de concebir y criar hijos”.

Los padres y la familia a través de su gestión educativa tienen el privilegio y la responsabilidad de contribuir con este rol.

Rol de la familia

Diversos son los factores que intervienen en la educación sexual, pero son los padres quienes a través de su conducta, actitudes y transmisión de conceptos influyen sobre el menor, aunque no siempre de la forma más adecuada.

Los padres siempre brindamos educación sexual desde el momento que el niño nace. Nuestras acciones u omisiones, los gestos y expresiones al momento de encarar el tema, son factores que influyen y determinan nuestra intervención educativa. La valoración del sexo y el cuerpo de nuestros hijos, las actitudes que tenemos hacia sus genitales, la forma como manejamos el control de sus esfínteres, la aceptación o no de toda su persona son algunos de los múltiples factores por los cuales los padres influirán en sus conductas sexuales.

Los padres tenemos derecho a no saberlo todo, pero debemos ser conscientes que nuestras actitudes serán siempre mensajes docentes para nuestros hijos.

Ya veremos que las primeras impresiones de solidaridad, honradez, respeto por su vida, aceptación y estima adecuada serán bases sólidas para desarrollar buenas actitudes sexuales. Si por el contrario las primeras experiencias familiares están cargadas de maltrato, abuso, discriminación de género, violencia familiar u otras expresiones de patologías sociales y familiares, serán un caldo de cultivo para que en su vida adulta reproduzca los mismos males que ha vivenciado. Si medimos la educación sexual en términos de resultados concluimos que aun queda mucho camino por recorrer. Los indicadores de desajuste personal y social, son el producto de factores multicausales que se agravan ante una inadecuada intervención familiar. Ejemplo de ello son enfermedades de transmisión sexual, abortos, embarazos en adolescentes, madres niñas, familias monoparentales, aumento de prostitución infantil, violencia, abuso sexual, etc. La lista es muy vasta. Esto motiva a buscar brechas que faciliten una correcta docencia con relación al tema.

Diversas ventajas sobrevienen a partir de una educación sexual que tiene una participación positiva de los padres:

  1. Si un menor maneja suficiente información, no la buscará en otras fuentes como la pornografía, medios de comunicación, de sus pares, etc.
  2. Hablar de sexualidad con los hijos es demostrarles que la misma es un aspecto normal de la vida humana. Esta es una forma de desmitificar la sexualidad, ella forma parte de la cotidianeidad.
  3. La educación sexual está atravesando una importante crisis.

La información sexual que proviene de profesionales o docentes especializados está siempre sesgada por la filosofía de quien lo imparte y es natural que puedan tener una manera de pensar distinta de la que tienen los padres. Cuando éstos imparten información sexual están transmitiendo valores que según entienden son los mas apropiados para sus hijos. Nuestra intervención adecuada impide que los menores estén a merced de vientos y tendencias que los confundan.

Tomado del libro: “Algunas consideraciones sobre el Rol de los Padres en la Educación
Sexual de sus Hijos”
de Jorge Patpatian

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