¿Por obligación o responsabilidad?

11 septiembre 2009

–         ¿Mi hijo?, ¡Es igual que el padre! ¡No cumplen con sus mínimas obligaciones…no recogen ni ordenan sus ropas. Mi hijo no realiza, por iniciativa propia, las tareas ni estudia lo mínimo que le exigen y no hablemos de responsabilidad,  es una palabra que no existe en su vocabulario! ¿Mi marido? Hay que llamarlo diez veces durante cuarenta minutos para que se levante por la mañana. ¡Es un irresponsable!.. Con ese ejemplo que puedo esperar de mis hijos…-

–         Al hermano A. no se le pude encomendar nada, acepta realizar una tarea, pero llegado el momento no cumple, ni avisa para que otro lo haga en su lugar. ¡Es un irresponsable!  –

–         ¡Este empleado jamás va a hacer algo con ganas o poniendo un poco de voluntad, para él todo es una pesada carga, no se que voy a hacer..! –

¿Le resultan familiares estos comentarios? En el lenguaje cotidiano, ambos términos parecen confundirse a veces como sinónimos. De allí la importancia de reflexionar sobre ambos en relación a la formación y educación de los niños. Normalmente se entiende por “obligación” la imposición o exigencia de cumplir o realizar algo. Se dice de alguien que es ”responsable” cuando está asociado y comprometido con aquello que realiza, además lo hace disfrutándolo.

Algunas preguntas

·       ¿El enseñar a un niño a cumplir con sus obligaciones no es educarlo para ser una persona responsable?

·       ¿Cuál es la diferencia entre un miembro que cumple con sus obligaciones y un creyente responsable?

·       ¿Un empleado responsable no cumple acaso con las obligaciones?

Los pensamientos discurrirán más en lo referente a los niños o hijos, pero se verá, que por lo amplio del tema, que son de fácil aplicación a miembros de la iglesia o empleados y obreros en una empresa o institución.

El cumplir con las obligaciones es una cualidad necesaria, pero no suficiente para el desarrollo de la responsabilidad. La obligación es una imposición externa, es algo con lo que no se está comprometido, es aquello que se debe hacer para obtener un premio y evitar un castigo. Se trata de un objetivo o meta impuesta por otros desde afuera.

Obligar: es presionar desde afuera. Responsabilizar: es comprometer desde dentro, está asociado con la motivación.

En la medida que esta característica “externa al sujeto” e “impuesta por otro” se mantiene, hablaremos de obligaciones para cumplir con alguien o algo extremo. De este modo, la obligación es ajena, extraña al sujeto y requiere de alguien que controle, obligue y asegure su cumplimiento.

Muchos adultos concurren puntualmente al trabajo; esta es su obligación. Allí está el reloj que controla cuando llegan y cuando se van, un supervisor que verifica la realización de la tarea. Formalmente el individuo cumple con su obligación de ir al trabajo y trabajar. Pero es necesaria la presencia de un control que verifique el cumplimiento de dicha obligación.

De la obligación a la responsabilidad

Si, por el contrario, aquello que comienza siendo una obligación se transforma en una necesidad, a través de la cual la persona se realiza, gratifica y reconoce, entonces ya no es externo a él, sino que es parte de sí mismo. No lo hace por imposición externa sino por necesidad interior, esto es la responsabilidad.

David sintió esa responsabilidad frente al desafío de Goliát, a él nadie le obligaba a luchar contra el gigante. No tenia edad, ni adiestramiento milita, pero la fe en su Dios, la experiencia como pastor defendiendo a su rebaño, le hizo identificarse con la realidad y sintió delante del Señor y su pueblo esa responsabilidad, haciéndole tomar el problema como suyo. -1a Samuel 17 –

Cuando una tarea es realizada por obligación se hace pesada, aburrida, mecánica y repetida. Un niño que cumple con la obligación de ir a la escuela y pasar de grado, necesita permanentemente el control externo para que cumpla con su obligación (¡No hablemos de algunos adolescentes! ). Dicho cumplimiento es formal; concurre al colegio, “deposita su cuerpo en el banco”, lo más desparramado posible y su imaginación comienza a volar por los más intrincados senderos de las fantasías, el más allá y sus alrededores. Estudia, (bueno, es un decir) estrictamente la media página que le marcan, repite de memoria, aprende porque para pasar de grado debe retener ciertos contenidos. Él sabe que si “cumple con la obligación” obtendrá un premio: pasar de grado o de año, sino lo hace tendrá un castigo ir a recuperatorio o repetir.

El niño o adolescente que es responsable de su tarea escolar, en cambio se gratifica en su realización, la disfruta, la goza, es curioso, inquieto, creativo e innovador. Es probable que cuestione la disciplina y la rigidez de las normas o código de convivencia establecido, pero aprende porque le interesa saber, no quiere en principio “aprobar como sea” o “zafar“, necesita conocer, responder sus interrogantes y formularse otros. El tiempo que le dedica a su tarea, hace que la misma sea importante y lo que para la persona es importante es deseable, disfrutable y hasta se hace necesario.

La tarea se realiza entonces desde dentro, desde la necesidad del sujeto. y la meta se busca como modo de satisfacción, de allí: el placer, la gratificación, la plenitud y el goce que se obtiene de este modo.

Para desarrollar la responsabilidad

En general, se pone el acento en “obligar a…”, en crear hábitos que aseguren “el cumplimiento de…”  Los padres obligan a sus hijos a estudiar y obedecerlos. La obligación de un niño y de un adolescente es estudiar y obedecer; la de un adulto es trabajar y mantener a su familia. Nadie dice que la obligación del ser humano es ser feliz, dado que esto no es una obligación sino una necesidad que responsablemente se plantea el ser humano desde dentro. Poner el acento en la obligación es fomentar la dependencia, la insatisfacción, la repetición, el aburrimiento, la frustración y, por ende, la infelicidad.

Que sucede con las religiones y sus dogmas, donde la obligación de cumplir es el mensaje. Solo vasta un ejemplo: algunos interpretan a Dios en el Islam como el que pide la vida de los hijos de los hombres, mientras que el Dios de la Biblia da a Su Hijo por los hombres. Por eso cumplir con sus mandamientos no es nuestra obligación, sino nuestra responsabilidad

Más preguntas

·       ¿Cómo ayudar entonces a desarrollar la responsabilidad?

·       ¿Cómo contribuir a que la persona quiera lo que hace y entonces sea responsable de su hacer?

Las respuestas es “un estilo de vida”. Está en los valores imperantes en la casa, en el tipo de vínculos que se establecen y en cómo se afrontan y determinan las acciones.

Analicemos, entonces, cual es el modelo que los adultos ofrecen:

·       ¿Cumple en criar, educar, atender y mantener a los hijos como una obligación impuesta por la vida?

·       ¿O se gratifican, realizan, gozan, se reconocen y trasciende en la función paterna disfrutando a los hijos como “una herencia de Jehová”? – Salmo 127:3 –

Signados por el deber o la necesidad

Según sea la respuesta, será el modelo que se le está proponiendo al niño. Así sea el tipo de vínculo, de lazos que se desarrollen, signados por el deber o relacionados con la gratitud a Dios, el gozo de la tarea y la realización personal.

El niño crecerá en la responsabilidad y la creatividad, si acompañarlo en el camino de la vida, ayudarlo, estimularlo, motivarlo, apoyarlo, contenerlo, es algo placentero, necesario, y gratificante  para los padres; quienes lo toman como una responsabilidad delegada por Dios, “criándolos en disciplina y amonestación del Señor” – Efesios 6:4 –

Practiquemos estos principios con los hermanos en la fe a nuestro cuidado y con las personas bajo nuestra responsabilidad.

Responsabilizar es responsabilizarse

Ayudar a desarrollar la responsabilidad está relacionado con la posibilidad de responsabilizarse, es decir de reconocerse en la tarea, identificarse con ella.

Es responsable aquel que ama lo que hace. El que hace con amor, hace con responsabilidad. Poniendo en la tarea espiritual o secular, cualquiera sea la magnitud de la misma, (Efesios 6:5-9; Colosenses 3:17, 22-24) el amor que Dios derramó en nosotros, (Romanos 5:5) enseñaremos responsabilidad a quienes dependen de nosotros, y por sobre todas las cosas no estamos solos: “Porque Dios es el que en vosotros produce el querer como el hacer, por su buena voluntad.” – Filipenses 2:13

Por: Osvaldo Maccio

Fuente: Momento de Decisión (Reproducción autorizada)

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Mitos de la Educación Sexual

4 septiembre 2009

El Diccionario de Sexología del Dr. Flores Colombino define un mito sexual como un relato fabuloso con apariencia de realidad que contiene información sexual equivocada o carente de valor científico aunque sea de gran predicamento popular. Por generaciones existen estas falsas verdades. Los mitos dificultan la enseñanza de la sexualidad y multiplican la ignorancia. Veamos algunos de ellos.

La educación sexual consiste en brindar información sobre anatomía y fisiología sexual.

Esto no es totalmente cierto. La educación sexual no se limita exclusivamente a impartir información sobre aspectos anatómicos o fisiológicos de la reproducción. Este solo es una parte de la educación sexual. El aspecto formativo que se transmite a través de las actitudes de los padres comienza mucho antes que el niño formule sus interrogantes y tienen un importante papel en su formación. La información puede omitirse en el proceso educativo, pero las actitudes de los padres se transmiten siempre y dejan huellas sobre el menor.

Hijo mío, guarda mis razones, y atesora contigo mis mandamientos. Guarda mis mandamientos y vivirás, y mi ley como las niñas de tus ojos. Lígalos a tus dedos; escríbelos en la tabla de tu corazón. Di a la sabiduría: Tú eres mi hermana, y a la inteligencia llama parienta; para que te guarden de la mujer ajena, y de la extraña que ablanda sus palabras.” Prv. 7:1-5

La sexualidad tiene que ver solo con el coito.

Es un error reducir la sexualidad a lo estrictamente genital. No podemos confinarla exclusivamente a la procreación así como tampoco a su función erótica. La sexualidad es una dimensión más amplia que incluye todo nuestro ser siendo resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o espirituales. Nuestra sexualidad se expresa en todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos.

En la actualidad los niños y los adolescentes están informados sobre sexo.

No siempre es así. El sensacionalismo sexual que presentan los medios de comunicación vende la idea que todos conocen el tema. Lo cierto es que muchos carecen de información que provea elementos para tener una conducta sexual apropiada. La desinformación es más pronunciada cuando los padres evitan hablar sobre el tema. El menor buscará saciar su curiosidad en fuentes no fieles. Posiblemente de sus amistades, de revistas pornográficas y en los ejemplos que observe de la TV o del ambiente que lo rodea. En esta situación el menor tiene mayor riesgo de cometer errores que podrán marcar su futuro.

Estimular a un adolescente para acelerar experiencias sexuales contribuye a su madurez sexual.

Es un error apurar a los hijos para que asuman roles y conductas sexuales activas en una edad en la que no están preparados. Aun si el menor tiene las condiciones biológicas para ejercer su genitalidad, esto no significa que tenga la madurez suficiente para hacerlo. Se debe prestar especial cuidado de las primeras relaciones sexuales, muchas de las cuales crean frustración e inseguridad y no se realizan en las mejores condiciones.

Bebe el agua de tu misma cisterna, y los raudales de tu propio pozo.
¿Se derramarán tus fuentes por las calles,
Y tus corrientes de aguas por las plazas?” Prv. 5:15,16

Los encuentros sexuales constituyen siempre una experiencia gratificante.

La idea que muchos individuos tienen, particularmente los adolescentes, es que las relaciones sexuales constituyen siempre una experiencia emocional sumamente gratificante. En realidad así tendría que ser pero la experiencia demuestra que esto no siempre ocurre. En ocasiones el encuentro sexual está envuelto de una serie de circunstancias que se acompañan de frustraciones, temores, miedos, dolor, amargura, resentimientos, etc. Debemos tener en cuenta estos sentimientos y conocer aquellas conductas que pueden desembocar en consecuencias negativas. Lo que las telenovelas y otros medios nos venden, que la sexualidad es solo amor, romance, fascinación y placer es también un mito que debemos desterrar. Una relación sexual satisfactoria requiere un buen preludio, inicio y desarrollo satisfactorio, un final también gratificante, seguido de la satisfacción que produce el recuerdo. No siempre todas estas etapas se cumplen y cuando esto ocurre, el encuentro sexual no ha sido realmente una experiencia gratificante.

Ahora pues, hijos, oídme, y no os apartéis de las razones de mi boca. Aleja de ella tu camino, y no te acerques a la puerta de su casa; para que no des a los extraños tu honor, y tus años al cruel; no sea que extraños se sacien de tu fuerza, y tus trabajos estén en casa del extraño; y gimas al final, cuando se consuma tu carne y tu cuerpo, y digas: ¡Cómo aborrecí el consejo, y mi corazón menospreció la reprensión;” Prv. 5:7-12

La sexualidad es solo tema para adultos.

A partir de los aportes del psicoanálisis se sostiene que la sexualidad humana existe mucho antes de la maduración y la aparición de los caracteres sexuales secundarios. La influencia de los padres sobre la sexualidad de los hijos comienza desde el momento que se acepta el embarazo y el nuevo ser y la aceptación sea cual sea su sexo. Luego del nacimiento el aprendizaje es continuo y permanente y se funda mucho antes de comenzar la edad adulta.

Proverbios 5:1 y 7:1 el padre le enseña al hijo, su contexto es en medio del sexo.

La curiosidad es morbosa

Esto también es un falso concepto. El interés que un niño tiene sobre asuntos sexuales forma parte de la curiosidad normal y de su crecimiento. Esto no representa ningún signo de anormalidad. Lo que no es aconsejable para el niño es dejarle dudas o no responder sus interrogantes. Por este motivo uno de los objetivos de la educación es satisfacer su normal curiosidad.

El hijo sabio recibe el consejo del padre; mas el burlador no escucha las reprensiones. “Prv. 13:1, “El corazón entendido busca la sabiduría; mas la boca de los necios se alimenta de necedades.” Prv. 15:14, “Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman.”Prv. 15:22

Hablar de sexo con los menores estimula la actividad sexual y aumenta la promiscuidad.

En realidad es lo contrario. Está demostrado que la falta de una educación adecuada es una de las causas por las que muchos tienen un mal manejo de su sexualidad, lo que frecuentemente se traduce por disfunciones sexuales, embarazos precoces, abortos, enfermedades de transmisión sexual, etc. El desconocimiento sobre sexualidad y reproducción, sumado a conceptos populares falsos, estimulados por los medios masivos y agravados por modelos negativos, traen como consecuencia que las primeras exploraciones sexuales sean inesperadas, irresponsables y negativas. Diversos estudios han demostrado que los adolescentes bien informados tienen mayor habilidad de postergar las actividades sexuales y comportarse con mayor responsabilidad. Cuanta más información maneje un niño y adolescente sobre temas sexuales proveniente de su hogar, menos la buscará en otras fuentes, y probablemente el inicio de su vida sexual se postergue para ser realizado en condiciones más seguras y responsables.

Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre;
átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello. Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán; hablarán contigo cuando despiertes. Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen, para que te guarden de la mala mujer, de la blandura de la lengua de la mujer extraña. No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos;” Prv. 6:20-25

Se debe aprender de la experiencia.

La experiencia no siempre es el mejor camino para aprender sobre sexo. Por el contrario, una experiencia negativa que ocurre inesperada y precozmente suele falsear el conocimiento y dar una idea equivocada sobre lo que es la sexualidad dejando huellas que marcarán su conducta futura.

Pasé junto al campo del hombre perezoso, y junto a la viña del hombre falto de entendimiento; y he aquí que por toda ella habían crecido los espinos, ortigas habían ya cubierto su faz, y su cerca de piedra estaba ya destruida.” Prv. 24:30,31

Tomado del libro: “Algunas consideraciones sobre el Rol de los Padres en la Educación Sexual de sus Hijos”
de Jorge Patpatian


El Rol de los padres en la educación sexual de los hijos (Parte 2)

1 septiembre 2009

Sexualidad Infantil y Adolescente

A partir de las investigaciones de Freud se conoce la existencia de la sexualidad infantil como una condición humana presente aun antes del nacimiento. A partir de la concepción se suceden una serie de procesos cromosómicos, hormonales, gonadales y genitales que determinan biológicamente nuestra sexualidad. William Masters en 1980, descubrió la existencia de respuestas sexuales en el medio intrauterino con la comprobación de erecciones reflejas. En las niñas se comprobó a partir de las primeras horas de vida la existencia de erecciones clitorídeas. Desde el nacimiento se añaden los factores psicológicos, familiares y socio-culturales que sumados a los factores genéticos y hereditarios determinan las conductas sexuales del ser humano.

De las múltiples expresiones de la existencia de sexualidad infantil destacamos la preferencia que tienen los niños por el progenitor del sexo opuesto. La niña puede amar más al padre y tiene sentimientos parecidos a los celos frente a su madre. Estas preferencias constituyen importantes eventos del desarrollo infantil denominado “complejo de Electra” para la niña y “complejo de Edipo” para el varón. Habitualmente estos complejos son superados y no originan alteraciones en la conducta sexual.

El buen desarrollo de la sexualidad infantil pregenital es base y sostén de una sexualidad adulta saludable. Siguiendo los conceptos de la escuela psicoanalítica podemos señalar que la sexualidad infantil se caracteriza por ser autoerótica, es decir, no se orienta hacia otras personas, sino que se satisface en el propio cuerpo. Por lo tanto no tiene finalidad de coito. Las zonas erógenas no son necesariamente las genitales, estando éstas vinculadas con una función física importante, tales como, la alimentación, defecación y la micción. Freud ha destacado la existencia de zonas placenteras que marcan una serie de etapas diferenciales en la sexualidad infantil. A partir de las teorías psicoanalíticas se distinguen básicamente tres etapas en la evolución de la sexualidad infantil y un cuarto periodo denominado de latencia, hasta iniciar la adolescencia.

Sucintamente pasamos a describir cada una de ellas:

Etapa oral (0 A 18 meses)

Constituye la primera etapa de la vida afectiva del niño y está ligada a sus necesidades básicas, fundamentalmente la alimentación.

El contacto con el mundo se realiza a través de la boca convirtiéndose ésta en centro del placer y de conocimiento. La satisfacción que produce el contacto cuerpo a cuerpo, las caricias que recibe y la seguridad del regazo materno proporcionan al menor una buena base para su evolución psicoafectiva. Allí encuentra las primeras experiencias que lo harán sentirse amado, aceptado y seguro.

Podrá sentir placer también con la introducción de otros objetos en su boca, así como su mano o dedos. Durante esta etapa el niño descubrirá también sus genitales a partir de la manipulación que de ellos realice.

Durante este periodo los padres deberán tener en cuenta algunos aspectos que contribuyen a una adecuada educación sexual:

  • Aceptar el sexo biológico del niño.
  • Contribuir lentamente al desprendimiento de conductas orales como uso prolongado del chupete, succión del pulgar, etc.
  • Valorar todo el cuerpo, inclusive sus órganos genitales.
  • Utilizar un vocabulario correcto hacia los genitales.
  • No censurar al niño cuando manipula su región genital.

Etapa anal (18 meses a 3 años)

A partir de los 18 meses el niño comienza el control y conciencia del esfínter anal. Las sensaciones placenteras se producen por la regulación y la eliminación de las heces. El niño descubre las diferencias sexuales entre adultos y niños y adquiere en esta etapa su identidad sexual y el rol de género, es decir, el papel que juega su sexo en la sociedad.

En esta etapa es importante el aprendizaje del control de esfínteres y su manejo adecuado que requiere mucha paciencia y tranquilidad.

Etapa genital o fálica (3 a 5 años)

Durante este período aumenta el descubrimiento y la exploración del propio cuerpo y se incrementa la curiosidad sexual así como las actividades masturbatorias. La escuela psicoanalítica ha insistido que esta es una etapa importante en el contexto de la sexualidad infantil ya que entra en juego la triangulación edípica que pasamos a describir.

La etapa fálica en el varón se caracteriza por una identificación con el padre y un amor del niño por su madre. En consecuencia se pone celoso de su padre a quién percibe como un rival. Esta situación en la que el niño anhela la posesión sexual exclusiva de su madre y siente antagonismo hacia el padre recibe el nombre de complejo de Edipo.

La etapa fálica en la niña se caracteriza por un debilitamiento del amor hacia su madre (su primer objeto amoroso, característico de las etapas anteriores) y una mayor preferencia hacia su padre. Ella ama a su padre y esta celosa de su madre. Este es el complejo de Electra. Este complejo es superado con la madurez y por el reconocimiento de la imposibilidad de poseer al progenitor del sexo opuesto.

Este período se caracteriza también por interrogantes relativas a las diferencias que existen en el varón y las niñas y que será necesario canalizar. La transmisión de información de los padres debe incluir el concepto de la igualdad de derechos y oportunidades de cada sexo.

Aparecen en esta etapa otras manifestaciones comunes tales como, masturbación, curiosidades sexuales, exhibicionismos, juegos sexuales, etc.

Etapa de latencia (6 años hasta la pubertad)

El periodo de latencia no significa que no tenga manifestaciones sexuales pero es en este período donde la ampliación de los intereses del niño, coincidiendo con el período escolar, disgrega sus manifestaciones sexuales.

Los intereses sexuales están centrados en curiosidades sobre el nacimiento de los niños, los embarazos, rol de los padres en la reproducción, etc. Los padres deben satisfacer la necesidad de conocimiento e información sobre estos temas.

El período de latencia culmina con la aparición de la menarca en la niña y las primeras eyaculaciones en el varón, dando inicio a la etapa pubertad.

En suma para el psicoanálisis la sexualidad:

  • Es mucho más amplia que la genitalidad.
  • Tiene una historia personal cuando llega a la pubertad, iniciándose ya desde el nacimiento o antes.
  • La energía libidinal pasa por distintas zonas en diferentes momentos del desarrollo.

Desarrollo de la sexualidad en la adolescencia

La adolescencia comienza con los cambios puberales que consisten en la aparición de los caracteres sexuales secundarios. Este desarrollo se inicia más temprano en la niña y un poco más tarde en el varón.

La pubertad es la etapa que da lugar al desarrollo de las características sexuales secundarias que marcan el inicio de la adolescencia, un periodo más o menos prolongado, de límites imprecisos que comienza a partir los 10-11 años y se prolonga según algunos autores hasta los 20 años. Un periodo crítico de cambios significativos a nivel corporal y psicosocial. Los rápidos cambios corporales que se producen en su organismo descolocan al adolescente, lo inquietan y angustian, sobre todo en los aspectos corporales que hacen referencia a su sexualidad. Busca respuestas pero no siempre encuentra. Su deseo de independencia y emancipación y sus cuestionamientos sobre la autoridad de sus padres hacen que la relación con ellos no siempre sea fluida y abierta, además de que los padres mismos comienzan a desconcertarse y a rechazar muchas de sus conductas y reacciones.

Si la comunicación no ha sido fluida hasta entonces la tormenta podrá ser mayor.

Una actitud comprensiva, empática y tolerante por parte de los padres contribuirá para mejorar los canales de comunicación y poder intervenir positivamente en la vida del adolescente. El asincronismo de estos cambios produce una serie de problemas emocionales que habitualmente ceden en el comienzo de la edad adulta.

Se distinguen varias etapas:

1) Aislamiento. Esta etapa comprende entre los 12 y 14 años y es aquí donde ocurren los cambios puberales más significativos que desconciertan al menor. En el aspecto social hay una tendencia en el varón a compartir con amigos de su propio sexo. La niña por el contrario tiene la tendencia de buscar el sexo opuesto. En este periodo aparecen burlas relacionadas con el sexo, lenguaje obsceno y prácticas masturbatorias.

2) Incertidumbre. Durante esta etapa comprendida entre los 14 y 15 años, el adolescente comienza a buscar figuras identificatorias fuera de las parentales. Es un tiempo de idealización, de buscar al amigo íntimo. Lo sexual se manifiesta a través de cuentos, chistes, confidencias, masturbación, entre otras.

3) Apertura a la heterosexualidad. Entre los 15 y 17 años hay una afirmación de su identidad sexual y un fuerte narcisismo. Aparecen las relaciones entre ambos sexos que son ambivalentes, con mucha intensidad pero poco comprometidas y fugaces.

4) Consolidación. Más allá de los 17 años la identidad es lograda. Comienza una mayor estabilidad emocional, con la perspectiva de un objeto amoroso único, con capacidad de dar y recibir amor. La elección de pareja puede comenzar a ser de largo plazo y definitiva.


Las contradicciones de Sansón

1 septiembre 2009

Sansón no es sólo una figura bíblica con valor histórico, sino que es una metáfora de la suerte que puede correr un cristiano -y la iglesia -cuando confía en sus dones y se hace amigo del mundo. De sus contradicciones y fracasos, de su liviandad y sensualidad, podemos extraer valiosas lecciones para nosotros.

Eliseo Apablaza F.

Vamos a tener la Biblia abierta en el libro de Jueces, desde el capítulo 13 en adelante. Nuestra meditación se va a centrar en la figura de Sansón, el juez de Israel. Esperamos obtener de esta palabra algunas enseñanzas útiles para todos nosotros.

Un hombre carismático

Sansón nació en un hogar piadoso. Unas de las primeras cosas que el ángel de Dios había dicho a su madre fue que el niño habría de ser un varón apartado para Dios. Es lo que se conoce en las Escrituras como un nazareo. Él no debería beber nunca vino ni sidra, ni debería comer ninguna cosa inmunda.

En las páginas siguientes encontramos a un hombre poderoso en su fuerza, que era capaz de matar un león como se mata a un cabrito, y de matar a muchos hombres con la quijada de un animal. Era capaz de tomar las puertas de una ciudad y caminar muchos kilómetros con ellas a cuestas. Era un hombre tan dotado, que aunque lo amarraran con cuerdas, bastaba que hiciera un pequeño esfuerzo y éstas se rompían. Ninguna cosa podía menguar su poder porque tenía un don de Dios.

Sansón era un hombre carismático. («Carisma» significa «don»). Él no siguió un entrenamiento especial para llegar a tener mucha fuerza. Sansón era un hombre que estaba dotado por Dios para ser un hombre fuerte.

Así ocurre cuando Dios da sus dones. Él los da gratuitamente a quien él quiere. Él no mira la clase de persona que uno es para darle sus dones. Lo hace porque a él le parece bien. Así también, ¡a Dios le ha parecido bien darnos a Jesucristo, que es el Don inefable de Dios! Nosotros alabamos su gracia, y declaramos que el mayor don que hemos recibido es Jesucristo. Somos más bienaventurados que Sansón: Tenemos a Jesús el Hijo de Dios.

Un mal administrador de los dones

Sansón, sin embargo, no fue un buen administrador de los dones que Dios le dio. Vemos en él a un hombre muy caprichoso y solitario. Muchas veces usó la fuerza para su propio provecho. Muchas veces le vemos cometer pecados, pero como era un hombre talentoso de parte de Dios, él seguía venciendo a los enemigos y seguía librándose de los peligros.

Una metáfora

Sansón no sólo existió en aquellos días de los jueces. Desde allí hasta acá en la historia ha habido muchos Sansones. Siempre ha habido hombres de Dios que han tenido mucha fuerza espiritual, una capacidad que deslumbra a los demás. Sin embargo, a la hora de administrar los recursos que Dios les ha dado, no han sido sabios. Tal vez conozcamos a algunos de los Sansones de hoy. Nosotros mismos podemos estar en peligro de convertirnos en un Sansón más. Por eso nos conviene mirar atentamente el caminar de este hombre y obtener las lecciones que el Señor quiere darnos.

No se sujetó al Dador

Una de las cosas que llama la atención es que Sansón muchas veces hizo uso de su don, pero nunca le vemos preguntarle al Dador de ese don acerca de cómo debía usarlo. Él vivía su vida con tanto despilfarro, que jamás le dice a Dios: «Señor, tú me diste esto que es algo maravilloso, que es algo para mantener a tu pueblo libre de sus enemigos, ¿qué debo hacer con él? ¿Cuál es la mejor forma de administrarlo?». Él vivía muy confiado en sí mismo. No tenía una actitud sujeta a Dios.

Un hombre sensual

Además de eso, Sansón tenía una gran debilidad. Era un hombre muy sensual. Fue seducido una y otra vez por lo deseos de la carne. Cierta vez fue a una ciudad filistea, donde encontró a una mujer que le agradó. Luego les dijo a sus padres: «Yo he visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos. Os ruego que me la toméis por mujer». Fue todo muy rápido.

Él miró a una mujer del pueblo enemigo, como si dijéramos «una mujer del mundo». Los padres trataron de disuadirlo. Sin embargo, él insistió: «Tómame ésta por mujer, porque ella me agrada». No dijo: «Dios la escogió para mí». Ni dijo: «Dios me ha dicho que debe ser mi esposa».

De aquí en adelante comienza –muy tempranamente– un descenso en la vida de este varón de Dios. ¡Fueron tantas las complicaciones que tuvo con esa mujer! Sansón había sido seducido por los deseos de los ojos.

La ramera de Gaza

Un poco más adelante, Sansón fue a otra ciudad filistea que se llamaba Gaza. Y allí se metió allí con una mujer ramera. Cuando los hombres de Gaza lo supieron, le hicieron una encerrona. «Cuando se levante en la mañana para irse, lo mataremos”. Pero Sansón tenía astucia además de fuerza. A medianoche él se escapó, tomó las puertas de la ciudad, y se las llevó.

La caída

Después vino la tercera mujer, Dalila. Y la Escritura dice, simplemente: «Después de esto, aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila.» (16:4). Aquí comienzan las desdichas con esta mujer. El único objetivo de Dalila fue obtener el secreto de su fuerza. Sin embargo, él no tuvo ojos avisados para darse cuenta de esa intención, y comenzó una relación muy superficial con ella.

Los filisteos la amenazaban para que obtuviera el secreto, pero tres veces Sansón se burló de ellos. Finalmente, aconteció que “presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia.» Y cayó en la trampa. Cuando él quiso escapar, no pudo. No sabía que Jehová ya se había apartado de él. Los filisteos lo tomaron, le sacaron los ojos, le llevaron a la ciudad de Gaza, y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel, como un esclavo sometidos a trabajos forzados.

La amistad con el mundo

Sansón nos muestra a qué extremos puede llegar un hombre de Dios en su amistad con el mundo. «Los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida no proceden del Padre, sino del mundo» (1ª Juan 2:16). Y esta es la fuente de mayores dificultades para un hombre que quiere caminar en rectitud. El mundo le sonríe con el dulce rostro de una mujer. Una sonrisa angelical, pero un corazón diabólico.  El escritor inspirado dice: «¡Oh almas adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?» (Santiago 4:4).

La tercera mujer provocó la caída de Sansón. Lo que había comenzado como un enamoramiento fácil, provoca al final de la vida de este hombre, su caída, su ceguera, su esclavitud, su humillación y su muerte.

El peligro de jugar con fuego

Nosotros leemos en el libro de Proverbios 6:27: «¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan? ¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen?». Estas dos preguntas son importantes. Es bueno que nos las hagamos. Tal vez haya alguno que dice: «Déjenme; yo soy fuerte. Yo no voy a caer. Yo puedo caminar sobre las brasas, y no me voy a quemar. Yo puedo tomar un poco de fuego aquí en mi pecho y nada me va a pasar». Así tan ilusos han sido muchos siervos de Dios que han jugado con fuego y se han quemado.

La caída de Sansón nos muestra que tanto puede ir el cántaro al agua que al fin se rompe. ¡La mujer de Timnat fue tan insistente, que Sansón le declaró el enigma! ¡Dalila fue tan insistente, que le dijo su secreto! Hay veces en que el mundo viene con forma de una mujer, importunando una y otra vez, intentando seducir una y otra vez hasta que se provoca el quiebre de la voluntad. El acoso constante es una de las armas favoritas del diablo. Si él se nos presentara en forma repentina, diciendo: «Yo soy Satanás; yo te voy a hacer caer», difícilmente va a lograr su propósito. Pero él actúa de otra forma: Hoy día un poco; mañana otro poco. Al tercer día un poco más. Al décimo día o al undécimo, se produce la caída.

No podríamos decir que Sansón tuvo un momento de debilidad. ¡Fue una seguidilla de momentos! Fue un camino que tomó tempranamente y que lo llevó al fracaso.

Más que una figura histórica

Sansón no es sólo una figura histórica. Sansón nos habla de un hombre que ha perdido la capacidad de decir «no» al pecado, que ha perdido el temor, y se ha llenado de autocomplacencia. Que confía en sus dones y en su capacidad para resistir hasta el final.

Sansón también nos muestra lo que ha sido la cristiandad a través de los siglos, la iglesia que se ha prostituido con el mundo, que ha cedido ante la tentación sutil de la carne, de la gloria humana y el deleite. La iglesia que se ha apartado del temor de Dios; que se ha ido a juguetear con los filisteos –o con las filisteas– del mundo. La iglesia que debió haberse guardado como un nazareo para Dios, pero que, como este varón, se deja seducir por los ojos hermosos, o por la mirada provocativa. «La amistad con el mundo es enemistad contra Dios». No hay términos medios.

El triste final

El final de Sansón es muy triste. Los filisteos no fueron compasivos con él: Le sacaron los ojos, los mismos con los que se había llenado de sensualidad y concupiscencia. Allí donde estuvo el origen de su pecado, allí estuvo su castigo.

Nosotros vemos en Apocalipsis el juicio contra la gran ramera. Las figuras son distintas, pero son semejantes también. Aquí, es un hombre quien está esclavizado, al que le sacan los ojos y es juzgado por Dios. Allá, es una mujer la que se sienta como reina, que ha cometido fornicación con los reyes de la tierra y con el mundo. Este sacarle los ojos a Sansón es similar a aquella vergüenza que vendrá sobre Babilonia –la cristiandad apóstata– el día en que el Señor la juzgue. En aquel día, en una hora vendrán los juicios sobre ella, y se llenará de vergüenza la que alguna vez se codeó con los grandes, la que tuvo acceso a los sitios de honor en el mundo. Entonces será humillada hasta lo sumo.

“Y le llevaron a Gaza». Allí estuvo cautivo en una ciudad extranjera, la misma donde él había estado con esa ramera. La misma ciudad cuyas puertas se había echado al hombro y se las había llevado. Esa misma ciudad fue su cárcel. Todo se le vuelve en contra. Es el pago por su carnalidad. «Dios no puede ser burlado; lo que el hombre sembrare, eso también segará».

En este día en que nosotros vivimos, la cristiandad está siendo tentada como Sansón por Dalila. También hay mujeres filisteas que caminan por las calles contoneándose, y que aparecen por las pantallas de televisión o del cine, exhibiendo una hermosa figura, sin que los hombres incautos sepan lo que hay detrás de ello. Hay muchas filisteas y filisteos acechando. Las mujeres para tentar y los varones para destruir. Unas ponen la trampa, y los otros dan el golpe de muerte. Dalila atrapa, y los filisteos cortan el cabello de la consagración. El mundo ofrece y el diablo derriba. El mundo y el diablo aliados contra los cristianos.

«Y le ataron con cadenas» Estas cadenas no pudieron ser rotas esta vez. ¿Cómo habrá clamado Sansón, y habrá forcejeado? Así nos parece que está hoy gran parte del pueblo cristiano en el mundo. Está ciego, esclavo en el mundo (y por el mundo), y atado con gruesas cadenas.

Pero lo más vergonzoso viene a continuación. Sansón fue obligado a moler, como un esclavo. ¿Podemos imaginarnos un molino de piedra, y a Sansón, con algunos arneses sobre su cuerpo, dando vueltas y vueltas en torno? ¿Podemos imaginarnos el juez de Israel, al hombre poderoso de otro tiempo, girando como un asno en torno a una noria? Sus días no tienen alternativa, no hay cómo salir de esa rutina. Pasa un día y otro día, y lo único que él puede hacer es dar vueltas y vueltas, sin destino.

El mundo de Sansón es un mundo giratorio. Es un mundo donde no hay una meta. Es un ir y venir, y en esto nos recuerda a Israel en el desierto, donde vagó 40 años. ¿Para qué? ¿Cuál era su norte? Israel daba vueltas en el desierto y su fin era la muerte. Dios los llevaba para que murieran allí.

¿Pueden imaginarse lo que es eso, cuando sobre un hombre hay una sentencia de muerte, y él sabe que sus días y sus noches son una espera para morir? ¿Qué importa que el sol salga hermoso un día? ¡Él está dando vueltas y tiene que morir! ¿Qué importa que afuera la vida bulla en toda su diversidad? Él está dando vueltas y espera la hora de su muerte.

Seguramente los otros presos se burlaban de él. «Hey, tú, ¿no eras el libertador de Israel? ¿No eras el Juez? ¿No tenías tanta fuerza? ¿No te burlabas de tus enemigos? ¿No matabas con una quijada de animal a mil filisteos? ¿No tomaste un león y lo desjarretaste como si fuera un cabrito? ¿Y qué de la historia de los cadáveres amontonados, quinientos a un lado y quinientos al otro? « Las victorias de otro tiempo se le trocaron en ignominia.

Esta es la condición de un hombre apóstata, de una cristiandad esclavizada, dando vueltas y vueltas, sin reparar en el futuro que le espera.

Un día los filisteos tuvieron fiesta. Ofrecían sacrificios a su dios Dagón. Querían hacer una gran algarabía. Ellos decían: «Nuestro dios nos entregó a Sansón en nuestras manos. Hagámosle fiesta. Rindámosle culto». Después que hubieron bebido un poco y cuando sintieron alegría en su corazón, dijeron: «Llamen a Sansón para que nos divierta. Llamen a ese payaso para que nos entretenga». ¡Llevaron a Sansón, el cual sirvió de juguete delante de ellos!

Un cristiano apóstata, por muy bien dotado que haya sido, llega a ser un juguete en las manos de sus enemigos, un motivo de risa. Esta es una de las frases más tristes de las Escrituras: «Sirvió de juguete delante de ellos» (Jueces 16:25). Un hombre llamado a ser santo, a una consagración absoluta.

En ese momento le había crecido algo el cabello. Sansón concibe entonces una idea que va muy de acuerdo a su personalidad: la venganza. Entonces se pone entre las dos columnas del edificio, se apoya en ellas y el edificio se viene abajo. Los filisteos murieron. Pero Sansón también murió.

No fue una venganza perfecta como las que él acostumbraba realizar, porque él también murió. ¿Es ese un fin digno para un siervo de Dios?

Nacido de Dios

Ahora bien, ¿cómo salir de esa encerrona en que el diablo ha metido a muchos hijos de Dios? Nosotros tenemos que ver que hay una salida. 1ª de Juan capítulo 5. ¿Cómo dice este primer versículo? «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios». Este versículo habla de creer algo respecto de Jesús.

Creer que Jesús es un profeta no tiene mucho sentido. Si la gente cree que Jesús es un profeta meramente entonces nada sucede en su corazón. Pero aquí dice que ocurre algo sobrenatural con aquellos que creen que Jesús es el Cristo. Esa fe produce un milagro en el corazón: el milagro del nuevo nacimiento.

Sin embargo, esto no es suficiente para vencer.

Una fe victoriosa

En el versículo 5 de este mismo capítulo tenemos la fe completa, para una victoria completa. «¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» ¿Están los filisteos allí amenazando? ¿Están las mujeres filisteas tentando? ¿Está el mundo y sus oropeles con una red para hacer caer a los hijos de Dios? ¡Tenemos la victoria! ¡Los que creen que Jesús es el Hijo de Dios ellos vencen al mundo!

Creer que Jesús es el Cristo y creer que Jesús es el Hijo de Dios son dos expresiones que constituyen una misma realidad, porque Jesús es uno solo. Pero esta fe tiene una doble expresión y un doble efecto. Los que así creen son nacidos de Dios y también vencen al mundo.

¿Cuál es la causa por la que Sansón, es decir, el cristianismo apóstata, o los cristianos mundanos en particular, caen en poder de los filisteos, de las mujeres en la tentación, y de los hombres para su destrucción? Porque la fe de los cristianos hoy en día es una fe ambigua: «Sí, yo creo que Jesús era un buen hombre, era un profeta”; o bien una fe incompleta: “Yo creo que Jesús es el Salvador.» Por supuesto, si tú crees que Jesús es el Salvador de tu alma, sin duda eres salvo, pero eso todavía no te dará la victoria sobre el mundo.

No sólo salvos; también vencedores

Dios quiere que su pueblo no sólo sea salvo de la condenación eterna, sino que sea un pueblo vencedor. ¡No sólo creemos que Jesús es el Salvador; creemos que Jesús es el Hijo de Dios! Y esta fe es una fe victoriosa. Sansón no lo supo, pero tú lo sabes, y yo lo sé.

Creer que Jesús es el Hijo de Dios significa que él es como un grano de trigo que murió para que los muchos recibieran su vida y pudieran vivir su victoria. Jesús en la cruz venció, y nosotros hoy vencemos también, porque tenemos esta vida victoriosa. Tenemos un privilegio mayor que el que tuvo Sansón.

¿Alguno de ustedes no tiene esta fe? ¿O ha tenido una fe claudicante, que cree y no cree? ¿Te has sentido frustrado, con alguna victoria esporádica, pero más que nada con derrotas? Hoy es el día de creer. No simplemente creer que Jesús es un profeta, sino creer correctamente lo que él es. Y cuando la tentación venga, ya sabemos lo que tenemos que creer, confesar y declarar: “¡Yo he creído y confieso que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios!”

Fuente: Aguasv Vivas