El Rol de los padres en la educación sexual de los hijos (Parte 2)

Sexualidad Infantil y Adolescente

A partir de las investigaciones de Freud se conoce la existencia de la sexualidad infantil como una condición humana presente aun antes del nacimiento. A partir de la concepción se suceden una serie de procesos cromosómicos, hormonales, gonadales y genitales que determinan biológicamente nuestra sexualidad. William Masters en 1980, descubrió la existencia de respuestas sexuales en el medio intrauterino con la comprobación de erecciones reflejas. En las niñas se comprobó a partir de las primeras horas de vida la existencia de erecciones clitorídeas. Desde el nacimiento se añaden los factores psicológicos, familiares y socio-culturales que sumados a los factores genéticos y hereditarios determinan las conductas sexuales del ser humano.

De las múltiples expresiones de la existencia de sexualidad infantil destacamos la preferencia que tienen los niños por el progenitor del sexo opuesto. La niña puede amar más al padre y tiene sentimientos parecidos a los celos frente a su madre. Estas preferencias constituyen importantes eventos del desarrollo infantil denominado “complejo de Electra” para la niña y “complejo de Edipo” para el varón. Habitualmente estos complejos son superados y no originan alteraciones en la conducta sexual.

El buen desarrollo de la sexualidad infantil pregenital es base y sostén de una sexualidad adulta saludable. Siguiendo los conceptos de la escuela psicoanalítica podemos señalar que la sexualidad infantil se caracteriza por ser autoerótica, es decir, no se orienta hacia otras personas, sino que se satisface en el propio cuerpo. Por lo tanto no tiene finalidad de coito. Las zonas erógenas no son necesariamente las genitales, estando éstas vinculadas con una función física importante, tales como, la alimentación, defecación y la micción. Freud ha destacado la existencia de zonas placenteras que marcan una serie de etapas diferenciales en la sexualidad infantil. A partir de las teorías psicoanalíticas se distinguen básicamente tres etapas en la evolución de la sexualidad infantil y un cuarto periodo denominado de latencia, hasta iniciar la adolescencia.

Sucintamente pasamos a describir cada una de ellas:

Etapa oral (0 A 18 meses)

Constituye la primera etapa de la vida afectiva del niño y está ligada a sus necesidades básicas, fundamentalmente la alimentación.

El contacto con el mundo se realiza a través de la boca convirtiéndose ésta en centro del placer y de conocimiento. La satisfacción que produce el contacto cuerpo a cuerpo, las caricias que recibe y la seguridad del regazo materno proporcionan al menor una buena base para su evolución psicoafectiva. Allí encuentra las primeras experiencias que lo harán sentirse amado, aceptado y seguro.

Podrá sentir placer también con la introducción de otros objetos en su boca, así como su mano o dedos. Durante esta etapa el niño descubrirá también sus genitales a partir de la manipulación que de ellos realice.

Durante este periodo los padres deberán tener en cuenta algunos aspectos que contribuyen a una adecuada educación sexual:

  • Aceptar el sexo biológico del niño.
  • Contribuir lentamente al desprendimiento de conductas orales como uso prolongado del chupete, succión del pulgar, etc.
  • Valorar todo el cuerpo, inclusive sus órganos genitales.
  • Utilizar un vocabulario correcto hacia los genitales.
  • No censurar al niño cuando manipula su región genital.

Etapa anal (18 meses a 3 años)

A partir de los 18 meses el niño comienza el control y conciencia del esfínter anal. Las sensaciones placenteras se producen por la regulación y la eliminación de las heces. El niño descubre las diferencias sexuales entre adultos y niños y adquiere en esta etapa su identidad sexual y el rol de género, es decir, el papel que juega su sexo en la sociedad.

En esta etapa es importante el aprendizaje del control de esfínteres y su manejo adecuado que requiere mucha paciencia y tranquilidad.

Etapa genital o fálica (3 a 5 años)

Durante este período aumenta el descubrimiento y la exploración del propio cuerpo y se incrementa la curiosidad sexual así como las actividades masturbatorias. La escuela psicoanalítica ha insistido que esta es una etapa importante en el contexto de la sexualidad infantil ya que entra en juego la triangulación edípica que pasamos a describir.

La etapa fálica en el varón se caracteriza por una identificación con el padre y un amor del niño por su madre. En consecuencia se pone celoso de su padre a quién percibe como un rival. Esta situación en la que el niño anhela la posesión sexual exclusiva de su madre y siente antagonismo hacia el padre recibe el nombre de complejo de Edipo.

La etapa fálica en la niña se caracteriza por un debilitamiento del amor hacia su madre (su primer objeto amoroso, característico de las etapas anteriores) y una mayor preferencia hacia su padre. Ella ama a su padre y esta celosa de su madre. Este es el complejo de Electra. Este complejo es superado con la madurez y por el reconocimiento de la imposibilidad de poseer al progenitor del sexo opuesto.

Este período se caracteriza también por interrogantes relativas a las diferencias que existen en el varón y las niñas y que será necesario canalizar. La transmisión de información de los padres debe incluir el concepto de la igualdad de derechos y oportunidades de cada sexo.

Aparecen en esta etapa otras manifestaciones comunes tales como, masturbación, curiosidades sexuales, exhibicionismos, juegos sexuales, etc.

Etapa de latencia (6 años hasta la pubertad)

El periodo de latencia no significa que no tenga manifestaciones sexuales pero es en este período donde la ampliación de los intereses del niño, coincidiendo con el período escolar, disgrega sus manifestaciones sexuales.

Los intereses sexuales están centrados en curiosidades sobre el nacimiento de los niños, los embarazos, rol de los padres en la reproducción, etc. Los padres deben satisfacer la necesidad de conocimiento e información sobre estos temas.

El período de latencia culmina con la aparición de la menarca en la niña y las primeras eyaculaciones en el varón, dando inicio a la etapa pubertad.

En suma para el psicoanálisis la sexualidad:

  • Es mucho más amplia que la genitalidad.
  • Tiene una historia personal cuando llega a la pubertad, iniciándose ya desde el nacimiento o antes.
  • La energía libidinal pasa por distintas zonas en diferentes momentos del desarrollo.

Desarrollo de la sexualidad en la adolescencia

La adolescencia comienza con los cambios puberales que consisten en la aparición de los caracteres sexuales secundarios. Este desarrollo se inicia más temprano en la niña y un poco más tarde en el varón.

La pubertad es la etapa que da lugar al desarrollo de las características sexuales secundarias que marcan el inicio de la adolescencia, un periodo más o menos prolongado, de límites imprecisos que comienza a partir los 10-11 años y se prolonga según algunos autores hasta los 20 años. Un periodo crítico de cambios significativos a nivel corporal y psicosocial. Los rápidos cambios corporales que se producen en su organismo descolocan al adolescente, lo inquietan y angustian, sobre todo en los aspectos corporales que hacen referencia a su sexualidad. Busca respuestas pero no siempre encuentra. Su deseo de independencia y emancipación y sus cuestionamientos sobre la autoridad de sus padres hacen que la relación con ellos no siempre sea fluida y abierta, además de que los padres mismos comienzan a desconcertarse y a rechazar muchas de sus conductas y reacciones.

Si la comunicación no ha sido fluida hasta entonces la tormenta podrá ser mayor.

Una actitud comprensiva, empática y tolerante por parte de los padres contribuirá para mejorar los canales de comunicación y poder intervenir positivamente en la vida del adolescente. El asincronismo de estos cambios produce una serie de problemas emocionales que habitualmente ceden en el comienzo de la edad adulta.

Se distinguen varias etapas:

1) Aislamiento. Esta etapa comprende entre los 12 y 14 años y es aquí donde ocurren los cambios puberales más significativos que desconciertan al menor. En el aspecto social hay una tendencia en el varón a compartir con amigos de su propio sexo. La niña por el contrario tiene la tendencia de buscar el sexo opuesto. En este periodo aparecen burlas relacionadas con el sexo, lenguaje obsceno y prácticas masturbatorias.

2) Incertidumbre. Durante esta etapa comprendida entre los 14 y 15 años, el adolescente comienza a buscar figuras identificatorias fuera de las parentales. Es un tiempo de idealización, de buscar al amigo íntimo. Lo sexual se manifiesta a través de cuentos, chistes, confidencias, masturbación, entre otras.

3) Apertura a la heterosexualidad. Entre los 15 y 17 años hay una afirmación de su identidad sexual y un fuerte narcisismo. Aparecen las relaciones entre ambos sexos que son ambivalentes, con mucha intensidad pero poco comprometidas y fugaces.

4) Consolidación. Más allá de los 17 años la identidad es lograda. Comienza una mayor estabilidad emocional, con la perspectiva de un objeto amoroso único, con capacidad de dar y recibir amor. La elección de pareja puede comenzar a ser de largo plazo y definitiva.

Anuncios

Una respuesta a El Rol de los padres en la educación sexual de los hijos (Parte 2)

  1. Camila dice:

    Waoow gracias
    Me ha Servido demaciado para mi tesis

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: