Las Pruebas del Verdadero Amor

Estamos compartiendo principios bíblicos con respecto al noviazgo, esto es un extracto del libro “El Joven y sus dilemas” de Winkie Pratney.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

¿Realmente amas a tu novio? ¿Realmente amas a tu novia? Compara tu amistad personal y tu vida de amor con Juan 3:16.

“Porque . . . Dios”. Todo verdadero amor tiene que ser para Dios. No sabemos lo que significa amar mientras no podamos colocar sin egoísmo al Señor Jesús primero, y a causa de nuestro amor hacia él, preocupamos por todos los que conocemos. El amor cristiano tiene que producirse dentro de un real compañerismo y testimonio cristiano. Nuestro amor tiene que ser santo, apartado para Dios. El hombre que nunca ha abandonado su modo egoísta de vivir, realmente nunca ha aprendido a amar de ningún modo. Todo lo que hace, lo hace con el motivo de que le traiga más felicidad. Luego, si los demás encajan en su propio placer y en sus propios intereses, también los hará felices. Si no encajan, no los hará felices. Y esto no es de ninguna manera el amor real.

No conoces el real significado de cualquier clase de amor, hasta que experimentes el amor de Dios. Este amor será el control, la guía, el cuidado que respaldará todas nuestras acciones y palabras. Sin él, no habrá otra cosa que amistades superficiales basadas en nuestros propios intereses o en la atracción sexual que se basa totalmente en el deseo físico. Honestamente pregunto ahora: ¿Estás amando a tu amigo o a tu amiga para la gloria de Dios? ¿Comenzaste esta amistad para agradar y honrar a Dios? ¿O es sólo un pasatiempo del diablo y su grupo? El amor nunca busca lo suyo.

“De tal manera amó . . . ” El amor real, el amor de Dios, es especial. Puede sentirse más profundamente que cualquiera otra clase de amor, pero no es sólo un sentimiento. Está trémulamente*«vivo para todo el gozo y el dolor que nos rodean en el mundo, pero no es sólo una compasión sensible. El amor es mucho más que un sentimiento; también incluye a la inteligencia. Ninguno que ame con el amor de Dios simplemente “se enamora” alguna vez; eso es romance. Aunque los sentimientos románticos son bellos y emocionantes, no son suficientes para mantener unido un matrimonio.

El amor de Dios es, ante todo, una sabia decisión para la mayor felicidad de la persona amada. El amor es un acto de la voluntad; algo que uno hace; es algo cierto y cuidadoso. Si eres una señorita, tienes que prometer al Señor que le presentarás a tu novio para buscar la aprobación de él, y que no confiarás en tus propios sentimientos para saber si te conviene continuar las relaciones amorosas con él. Te es muy fácil permitir que los sentimientos dominen tu corazón; pero si quieres ser una mujer de Dios, no puedes hacerlo.

Si eres hombre, ¿tu primer motivo al entrevistarte con esta chica es el de llevarla más cerca de Jesús? Tal vez tengas sentimientos muy fuertes que te atraen hacia ella; pero recuerda que los sentimientos te los puede producir cualquiera que sea interesante o atractiva, con sólo mostrarte cierto interés o dedicarte cierta atención. Y no puedes casarte ni vivir con todas las que hagan esto. Disfruta de tus sentimientos, pero no permitas que tu afecto domine tu mente y tu voluntad. El amor necesita tiempo; piensa antes de comprometerte. Si confías en tus sentimientos, pudieres ser profundamente herido. Confía en Dios. Aprende lo que significa la expresión “de tal manera amó”. No destruyas tu pureza y tu futuro a causa de una glándula que está sobrecargada. Si amas a Dios, no vendas a un bajo precio el cuerpo y los afectos que él te dio.

“. . . al mundo. . .” El amor quiere que todos entren en su felicidad; el amor tiene un gran corazón. Si amas a tu amigo o a tu amiga con el amor de Dios, querrás que el mundo lo sepa. ¿Amas de este modo? Siempre puedes distinguir el afecto superficial y falso. Es egoísta; quiere tenerlo todo para sí.

Si amas con el verdadero amor no tratarás de controlar exclusivamente la vida de tu amigo o de tu amiga. No tendrás envidia, ni te preocuparás si pasa mucho tiempo con otra persona, pues le tienes confianza. Deja libre a quien amas para que haga sus propias decisiones delante de Dios. El verdadero amor se preocupa por todas las criaturas y voluntariamente no causa dolor. No se parcializa hacia unos pocos seleccionados; padece de daltonismo. ¿Te preocupas por compartir tu amor con otros? ¿Quieres hablar al mundo acerca de la persona que amas? Si tienes envidia, no amas con el amor de Dios. Si no puedes dar el testimonio de Cristo ni orar con la persona con quien tienes una cita, realmente no la amas. ¿Tienes suficiente confianza en el ser amado como para compartirlo con otros? ¿Lo admiras tanto que tienes la seguridad de que no te defraudará en ninguna situación ni con ninguna otra persona en ningún tiempo?

“. . . que ha dado. . .” El verdadero amor siempre quiere dar. El amor busca maneras de hacer que los demás se sientan felices todo el tiempo. Si pudiera, ayudaría a todos de la misma manera; pero hace lo que puede. Por su misma naturaleza, el amor se negará a sí mismo para promover un bien mayor cuando sea prudente hacerlo. ¡Puedes dar sin amar, pero no puedes amar sin dar! El amor se preocupa por la felicidad de Dios y por las necesidades de los demás; sólo piensa en lo suyo dentro de este contexto. El amor nunca usa a la otra persona como un instrumento para el placer o la popularidad personales. Ahora bien, ¿quieres compartir con tu amor? ¿Quieres dar regalos, aunque sean costosos? ¿Cuando la ves, piensas en términos de lo que a ella le gustaría? Cuando él te llama, ¿tienes algo naturalmente para él? ¿Merece él que le des la plena devoción de tu corazón? ¿Piensas que ella merece el trabajo amoroso de tus manos?

” . . . a su Hijo unigénito . . . ” El verdadero amor siempre tiene un precio. El amor le costó a Dios su propio Hijo; y al Señor Jesús le costó su vida. Amar significa que estás dispuesto a entregar todo por el ser amado. Cuando domina el amor, tú escoges las cosas según su verdadero valor, y no simplemente por ganancia personal. El amor considera el precio, pero no se queda en la consideración. Ahora, ¿cuánto amas a Dios? Lo amas lo suficiente como para despedir a alguno que está creciendo en tus afectos, si te das cuenta de que esto interfiere en la voluntad de Dios para ti? ¿Tienes en Dios aquella confianza sin reservas que hace que su verdadero hijo, aunque le duela por un tiempo, le diga: “Hágase tu voluntad, Padre”?

Esta es una prueba costosa, pero tienes que estar preparado para aplicártela. ¿Amas a Dios lo suficiente como para abandonar el amor terrenal, si él te lo pide? Cuando hayas pasado por esta prueba, comprenderás el gozo de escuchar a Dios para tener una vida de amor feliz.

“. . . para que todo aquel que en él cree . . . ” El amor involucra confianza absoluta. Para amar plenamente, primero tienes que confiar en ti y en la otra persona por completo. El amor tiene fe en el carácter y en la integridad de la otra persona. Casi ni nota cuando las otras personas hacen lo malo; puede convivir con las fallas y debilidades de la otra persona, por cuanto el amor conoce a la otra persona tal como es, y está dispuesto a ser conocido por su propio carácter verdadero. El amor no busca impresionar o pretender. Pregúntate: ¿me anima para proseguir hacia cosas más grandes el hecho de pensar que a ella le gustaría lo que estoy haciendo? Cuando se presentan dudas, ¿piensas naturalmente en lo que ella diría? ¿Piensas tú mucho en él? En cualquier cosa que estés haciendo, ¿nunca está ella lejos de tus pensamientos? ¿Confías en la persona amada en cualquier parte, y con cualquier persona? Esta es una de las razones por las cuales Dios prohibió las relaciones sexuales premaritales. El hecho de abstenerse de actividades sexuales con la persona amada antes del matrimonio es una prueba de que se tienen confianza el uno al otro.

” . . . no se pierda, mas tenga vida eterna…” “Cuando amas a alguien, le serás fiel sin importar lo que te cueste. Siempre creerás en él, siempre esperarás lo mejor de él y siempre mantendrás tu posición en defensa de él”. El amor es algo eterno. El verdadero amor durará, pese a las pruebas a que tenga que enfrentarse.

No te apures en cuanto a decidir con quién has de casarte. El amor siempre tiene tiempo y nunca está apurado. Si eres una joven, te será difícil esperar en Dios y confiar en que él se encargará de buscarte al hombre que ha de traerte la mayor felicidad y el mejor provecho. Esta es la prueba final: ¿Estás dispuesta a esperar? Esto lo puedes poner a prueba fácilmente en tus citas. Si no puedes disciplinar tu vida para esperar el tiempo de Dios, no has aprendido lo que significa amar con el amor de Dios.

Si las relaciones amorosas se están volviendo serias, somételas a la prueba del tiempo. “El amor es sufrido, es benigno”. Llega a conocer a la otra persona muy bien, no sexualmente, sino personalmente. Cuando los dos están juntos, ¿pasan un rato feliz, sin importar lo que estén haciendo? ¿Tienen los dos los mismos sentimientos básicos del corazón con respecto a Cristo y a la obra a la cual él ha llamado a cualquiera de los dos? ¿De una manera muy natural piensan en una vida futura con él? ¿La ves tú a ella a tu lado mientras sirves a Dios?

Si piensas que la relación es lo suficientemente seria como para comprometerte, pero no estás seguro, sométete a una prueba de separación. No es bueno tener un largo tiempo de compromiso, porque es demasiada tensión para los dos. Tan pronto como estén seguros, deben casarse. Pero antes de eso, deben pasar un período realmente separados el uno del otro: unos seis meses. En los tiempos bíblicos, si un hombre quería casarse con una joven, anunciaba su intención de casarse, y luego se marchaba durante un año con el fin de ganar el dinero necesario para su futuro hogar. Al fin del año, si aún pensaba lo mismo con respecto a ella, regresaba, y entonces invitaban a sus amigos y parientes, y hacían un compromiso formal el uno con el otro. Luego, después de una gran fiesta, simplemente vivían juntos como marido y mujer.

Si vas a pasar el resto de la vida con esta persona, puedes darte el lujo de someter tu relación amorosa a estas dos pruebas: la del tiempo y la de la separación. La prueba del tiempo te mostrará si tu amor es genuino y profundo, o si es sólo un sentimiento de atracción que puede pasar cuando veas a otra persona más bella y más simpática. La prueba de la separación te ayudará a saber la diferencia entre los sentimientos emocionales y románticos y la entrega amorosa y seria. Durante la prueba de separación querrás escribir mucho; eso te ayudará a aprender a conocer a la persona amada, sin que se entremeta la atracción física. Todas las pruebas y lágrimas que tengas en este período, preséntalas a Dios. Si la relación procede de él, perdurará; lo que Dios une, ningún hombre lo separa. “El amor . . . todo lo soporta”. Lo que es de Dios durará para siempre, y tú puedes confiar en que él te guiará en esta decisión, que es la más feliz e importante decisión humana.

No se oye voz, ni hay señal,

No hay ni un paso en el plano consciente;

Pero el amor sueña y la fe confiará,

Pues él sabe que nuestra necesidad es justa,

Que de algún modo, en algún lugar, tenemos que saciarla.

Ay de aquel que nunca ve

A través de los cipreses las estrellas brillar,

Que no ha aprendido en horas de fe,

La verdad encarnada y el sentido desconocido,

De que Cristo es siempre el Señor de la vida,

Y de que el amor jamás pierde lo suyo.

Autor desconocido

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: