Cómo hallar el cónyuge que Dios quiere para tu vida

25 noviembre 2009

Estamos compartiendo principios bíblicos con respecto al noviazgo, esto es un extracto del libro “El Joven y sus dilemas” de Winkie Pratney.

¿Crees tú que Dios puede guiarte hacia el cónyuge que te corresponde? Una historia bíblica nos dice la manera cómo Dios lo halla. En esta historia bíblica hay más verdad espiritual que simples principios generales sobre el matrimonio. Uno puede pensar en esta historia como una bella ilustración en la cual Abraham simboliza a Dios el Padre, Isaac al Hijo y el siervo al Espíritu Santo; y Rebeca representa a la novia de Cristo, la iglesia. Pero yo quiero usar su esquema general para ayudarte a hallar el compañero o la compañera de tu vida. Abre la Biblia en el capítulo 24 del Génesis.

1. "Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo, y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito" (Génesis 24:2,3).

He aquí la primera norma para hallar el compañero de tu vida en conformidad con la voluntad de Dios: ¡No te enamores de cananeos!

¿Quiénes son los cananeos? Un cananeo es una persona egoísta. Es alguien que realmente sólo se preocupa por sí mismo, que nunca hace una entrega real al Señor Jesús, que no coloca prácticamente a Cristo primero en su vida. A los cananeos realmente no les importa. Nota cuánto se parece esa palabra al vocablo "canino". Y el amor cananeo en su forma más suave es un amor "de perrito"; ¡y en su peor forma es el preludio a la vida de perro! Si estableces amores con un cananeo no te sorprendas si te trata como a un perro. Un perro es algo que tú acaricias, algo con lo cual juegas; ciertamente no es alguien con el cual se contrae matrimonio.

Las personas egoístas no saben amar porque nunca han amado a Dios. Sólo los verdaderos discípulos de Jesús pueden amar realmente porque el amor cristiano en el matrimonio opera en tres niveles diferentes a la misma vez. La pareja cristiana unida en matrimonio conoce mucho más que simplemente el amor sexual y la atracción física. También tienen un amor amistoso por cuanto han aprendido a honrarse el uno al otro como hermano y hermana en la familia de Dios, y han compartido intereses comunes en su obra. Luego, ambos están dominados por el amor de Dios que suaviza las asperezas y los une bajo el gobierno del Señor Jesús.

¡Ni siquiera salgas de paseo con los cananeos! No hay manera de que tú puedas continuar viendo a alguna cananea atractiva, sin mezclar cualquier preocupación espiritual que tengas por ella con la atracción puramente física. Y si eres una chica, no caigas en la trampa de decir: "Al salir con él, lo voy a ganar para Jesús". Tal vez puedas, pero se levantan grandes obstáculos contra esa posibilidad. Algunas de las más bellas discípulas de Jesús que yo conozco se fueron por el desaguadero moral porque permanecieron demasiado con algún cananeo sexualmente atractivo que no se entregaba a Dios.

Sé que es fácil que engañes a otros cuando te estás metiendo en problemas serios. Aun es fácil que te engañes a ti misma en el sentido de que en realidad estás espiritualmente enamorada de sus almas. Pero recuerda que el amor no es sólo un sentimiento de afecto. Cualquiera, incluso un cananeo, puede atraerte, si te ofrece suficiente interés y atención. Pero el amor no es romance.

Conozco a jovencitas de colegios bíblicos universitarios que han sido arruinadas por algunos de los peores hombres dedicados a la trata de blancas y adictos a las drogas que jamás hayan peleado contra Dios. Cada una de esas muchachas pensaban que estaban a punto de ganar a esos hombres para Cristo; pero todo el tiempo estaban siendo seducidas mediante la conversación suave y con expresiones trilladas. Cuando estos tipos viles hubieron cumplido el propósito que tenían con ellas, se rieron y se separaron, como habían hecho con todas las otras mujeres que habían usado de la misma manera. Hay una norma segura, especialmente si eres una joven: permanece lejos de los cananeos.

2. "Sino que irás a mi tierra y a mi parentela . . . " (Génesis 24:4). Busca entre el pueblo de Dios a la persona que él tiene para tu vida. Los matrimonios cristianos tienen que edificarse primero sobre un amor común a Jesús. Esto te dará un vínculo perenne, que nunca se disolverá, un amor eterno para Dios y en él. Realmente puedes crecer hasta amar a una persona al descubrir que está interesada en la misma clase de cosas en que tú tienes interés. ¿Qué ha hecho Dios en la vida de ese individuo, y qué es lo que quiere hacer? Incluso pudieras descubrir que los dos tienen las mismas metas básicas para la vida. Los dos quieren hacer las mismas cosas bajo la dirección de Dios, preocuparse por los mismos valores y hallar que juntos pueden trabajar bellamente. Si se presenta la pregunta de la posibilidad de comprometerse, pueden comenzar a buscar a Dios y someter la amistad que tienen a la prueba del verdadero amor.

3. El criado tuvo una buena pregunta. ¿Cómo iba él a hallar a la mujer precisa para su señor? Abraham le dio un consejo: "Jehová, Dios de los cielos . . . enviará su ángel delante de ti, y tú traerás de allá mujer para mi hijo" (Génesis 24:7). Así que la siguiente norma es esta: Sale con el ángel que ha sido enviado por el ángel de Dios. Hallarás gran placer por el solo hecho de estar con el pueblo de Dios. Harás muchos amigos del sexo opuesto entre los discípulos de Jesús. Tal vez ninguno de estos llegue algún día a un tipo de compromiso serio para el matrimonio. Pero puedes estar feliz al saber, que, si Dios quiere que tú te cases, él hará los arreglos para que, en el tiempo oportuno, encuentres a la persona con la cual él sabe que serías feliz. Hay algo seguro con respecto al siervo de Abraham: él realmente creyó que Dios lo guiaría exactamente hacia la mujer que iba a buscar. Y si tú quieres lo mejor de Dios, realmente tienes que confiar que Dios te dirigirá en la misma manera.

Hay muchas personas con las cuales pudieras casarte y estar bien por algún tiempo. Pero a menos que tengas la seguridad de Dios con respecto a la elección que haces, siempre te estarás preguntando si en realidad te casaste con la persona que te correspondía. ¿Qué pensarás dentro de cinco años, al mirar retrospectivamente hacia los pasos que diste para decidir? ¿Tendrás pesares y dudas con respecto a la persona con quien te casaste, en caso de que Jesús demore su venida? No hay necesidad de decir que no debes galantear con ninguna persona cuando no tengas la seria intención de relacionarte con ella. Que Dios te guarde hasta que estés seguro.

Algunos jóvenes tienen temor de confiar en Dios con respecto a la persona con quien han de casarse. Estos dejarían que Dios maneje todo lo demás, pero tienen la rara idea de que Dios no sabe nada en cuanto a escoger al cónyuge para ellos. Imaginan que él castigará la confianza de ellos dándoles alguna vil criatura defectuosa.

¿Puedes ver que acude al Señor un hombre que ama a Dios y cree que necesita una esposa? El dice: "Oh Señor, aceptaré cualquiera que quieras darme. Cualquiera, Señor,¡cualquiera!" Luego se detiene aterrado y se dice: "¡Ay, no! ¿Qué dije?"

Piensa que Dios se lanza ahora sobre sus palabras sin perder un segundo y le dice: "¡Ah, ah! Ya lo hiciste. Ya lo dijiste. Yo te oí. Dijiste que cualquiera. ¡Bueno! Tengo esta horrible bruja, la del moño, de piernas peludas, que usa zapatos de tenis; ella ha estado orando durante 95 años: ‘Oh Dios, ¡dame un joven simpático!’ Ha orado tanto que ya no termina con la palabra ‘amén’, sino con la expresión ‘un hombre’. Ahora bien, no puedo dejarla sin recompensa. Tú fuiste el primero que dijiste que cualquiera, ¡así que durante el resto de tu vida tendrás la oportunidad de deplorar tu dedicación!"

¡Qué horrible cuadro de Dios! Dios sabe mejor que tú con qué clase de persona serías más feliz. Tú, amigo, tienes una buena idea sobre la clase de amable señorita con la cual te gustaría pasar el resto de tu vida. Tú, amiga, quieres a un maravilloso hombre a quien voluntariamente puedas entregar el amor de todo tu ser. Y óiganme los dos. Dios conoce los pensamientos de los corazones de ustedes aun mejor que ustedes mismos.

Yo sé dos cosas con respecto a Dios: primera, él es realmente sabio; segunda, él es realmente amor. Eso significa que nunca comete un error, y que lo que él decide para nosotros siempre cuadrará bellamente con lo que nuestro corazón realmente desea. El ángel de Dios hallará para ti otro "ángel" terrenal con el cual puedas compartir tu vida. ¡Confía en él! Si confiaste en él en lo concerniente a la vida eterna, ciertamente puedes confiar plenamente en él, para un corto tiempo de felicidad en esta vida. Y la persona que él escoja para ti será realmente la apropiada.

4. "Y la doncella era de aspecto muy hermoso" (Génesis 24:16). ¿Estás listo para la siguiente norma? Ella tiene que ser bella; él tiene que ser bien parecido. ¡Eso es lo que dice la Biblia! Un hombre envió una carta a una columnista para preguntarle: "¿Por qué las muchachas cierran los ojos cuando las beso?"

Ella respondió: "Mírate en el espejo, y lo sabrás".

Una chica le envió su fotografía a un amigo por correspondencia, después que éste le había escrito durante un año, sin siquiera haberla visto nunca. Escribió en la parte posterior de la fotografía: "Esta fotografía no me hace justicia".

El le escribió otra carta. Le dijo: "Tú no necesitas justicia; ¡lo que necesitas es misericordia!"

Pero Dios es mucho más bondadoso de lo que jamás hayamos imaginado. Nadie comprende la profundidad de los pensamientos amorosos que él tiene para nosotros. Sí, la persona con la cual tú te casas tiene que ser bella, o muy bien parecida. Por lo menos, para ti. Vas a pasar el resto de la vida con él, o con ella. ¿Por qué no debe ser bien parecido él? ¿Por qué no debe ser hermosa ella? Dios diseñó la atracción física. Fue idea suya.

No te perjudicaría hacer la oración que Catherine Marshall llama "la oración del sueño dorado". Pídele a Dios que te dé el hombre de tus sueños. Pídele que te dé la mujer de tus sueños. Pero primero, dedica tu corazón a complacer al Señor, a deleitarte sólo en él. No andes merodeando por ahí con una tranquila desesperación buscando a alguien con quien casarte. Alégrate con que estás unido a Jesús, con que el amor de él es la fuente de tu contentamiento. Y Dios dice que, si te deleitas en él, él te dará los deseos de tu corazón. No tengas miedo de colocar metas altas. Sé un hombre o una mujer de Dios, que estás enamorado de Dios, y tus sueños se cumplirán en Cristo. Tal vez pienses que eres feo y, por tanto, la mujer de tus sueños pensará que no eres el hombre adecuado. Tal vez pienses que eres fea y, por tanto, el hombre de tus sueños piensa que no eres la mujer que él quiere. No te desesperes. ¡Puedes llegar a ser bella, y tú puedes llegar a ser bien parecido! La belleza no es algo que viene envasada, ni la produce la genética. Hay algunas personas que tienen caras lindas, pero corazones feos, y por eso no son bellas. La belleza real comienza desde adentro.

William Booth les dijo a sus hijos: "Ustedes quieren más que una cara bonita con la cual vivir los 365 días del año, hijos míos. Busquen aquellas gracias y dones femeninos más profundos con los que la madre de ustedes ha enriquecido mi vida".

La persona más bella externamente en la Biblia no fue el Señor Jesús. Tal persona fue un ángel de tal gloria y belleza que fue llamado el hijo de la mañana. Pero su belleza lo hizo orgulloso. Pecó contra Dios y fue echado del cielo. La Biblia lo llama Satanás. No, la belleza no es siempre una ventaja. La única descripción escrita que tenemos de los rasgos físicos de Jesús la encontramos en Isaías 53:2: " . . . no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos".

La gente que vio al Señor en la tierra no regresaba diciendo: "¡Extraordinario! ¿No tenía él la apariencia de un gran príncipe!" No, no era la apariencia física del Señor Jesús la que lo hacía verdaderamente bello. Lo que lo hacía bello era lo que él era. Y tú puedes ser bello o bella en la misma forma. He visto gente de la calle que tenía la más horrible apariencia y que mediante un milagro realizado por el poder del Dios viviente fueron cambiadas en personas bellas. Su belleza es Jesús. Les viene de aquellas horas que pasan con la Persona supremamente amada. ¡Tú puedes cambiar tu aspecto! Simplemente olvídate de ti mismo. Entrega tu amor totalmente a Jesús. Permite que ese amor se derrame hacia otras personas.

Toda tu vida y tu apariencia cambiarán a partir de adentro. La Biblia expresa este hecho de una manera bella: "Los que miraron a él fueron alumbrados" (Salmo 34:5).

5. "Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac" (Génesis 24:14).

Aquí tenemos una maravillosa prueba. El criado quería alguna clase de señal por medio de la cual él pudiera reconocer a la mujer que Dios tenía para su señor. Esta es una manera mediante la cual tú también puedes reconocer a la que Dios tiene para ti, si eres un hombre que estás buscando a la señorita que él te tiene preparada: ¿Puede ella dar de beber a los camellos?

Por supuesto, tal vez tu tierra no tenga camellos. Pero el principio sigue aún firme. ¿La persona a la cual estás siendo atraído está dispuesta realmente a trabajar en la vida? ¿Está ese hombre dispuesto, no sólo a ayudar, sino también a ir más allá de la segunda milla por amor a ti?

Cuando escogemos jóvenes para el liderato, hemos aplicado un principio sencillo. A cada nuevo voluntario se le encomienda una tarea física difícil. Aquellos que se entregaron a ella de la mejor manera e hicieron el trabajo más pulcro, resultaron ser los mejores líderes y los seguidores más dignos de confianza.

Esta es una prueba sencilla que puedes aplicar al "ángel" que tienes en mente. ¿Cómo trabaja? ¿Está dispuesto a dar al matrimonio todo lo que puede? El matrimonio sólo comienza con el aro o con una promesa: se necesita la vida entera para desarrollarlo. Para comenzar, trata de saber cómo trata ese hombre a su madre, a su hermana. ¿Qué solicitud tiene ella para con su padre, para con sus hermanos? Habla con la persona con quien estás pensando casarte y pregúntale qué piensa de tus seres amados.

¿Toma esa persona realmente en serio el compromiso? ¿Ha librado Dios a ese individuo de las casuales aventuras de la calle, y ha hecho que sea verdaderamente dedicado a él y a los demás? ¿Puedes en verdad confiar en él? ¿Está él sacrificándose realmente para satisfacer necesidades? Eso es lo que significa dar de beber a los camellos.

Algún día cuando ella no esté presente, echa una mirada a su dormitorio. ¿Está bien arreglado? ¿Cuida ella bien su ropa? ¿Cuida su apariencia, sin ser esclava de la moda? ¿Realmente practica la limpieza? Pregúntate: ¿Me gustaría que mi hogar se parezca al cuarto de ella? El matrimonio no mejorará drásticamente los hábitos personales. ¡Lo que estás viendo es más o menos lo que vas a obtener!

Y ahora, amiga, ¿qué diremos acerca de él? ¿Es cuidadoso con el dinero que Dios le ha encomendado? ¿Es generoso cuando es necesario, y sin embargo, sabe ahorrar cuando las cosas se ponen difíciles? ¿Sabe estar humillado y tener abundancia? ¿Es amable contigo ahora, o tiene malos hábitos que tú esperas que cambien? El que cambia los hábitos es Dios, no el tiempo. No te cases con ninguno que no haya confesado todo pecado conocido. ¡Recuerda que no tienes nada que ver con los cananeos!

Para ayudarte a descender de tu nube romántica, échale una mira al padre de él. Tal vez el joven tenga mejor aspecto que el de su padre al llegar a esa edad. Pero tal vez no. ¿Vas a estar feliz con él después de quince años, aunque tenga una apariencia como ésa? Haz la misma prueba con la madre. Esto pudiera dolerte, pero es mejor pensar claramente ahora que tener que arrepentirte más tarde. Recuerda que el amor es sabio, y que hace una elección reflexiva. No te cases con nadie que no pase esta prueba: ¿Puede esta persona dar de beber a los camellos?

6. "Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o no" (Génesis 24:21).

El siervo aprendió lo que tú tendrás que aprender. Luego de haber puesto condiciones y de haber hecho sus votos a Dios, aprendió a esperar. Para que halles la novia o el novio que Dios tiene para ti, tú también tienes que estar dispuesto a esperar. Si Dios te ha llamado para contraer matrimonio, él te proveerá tu cónyuge a su debido tiempo. Esto significa, por supuesto, que primero tienes que darle el derecho de tomarte para sí; que estás dispuesto a no contraer matrimonio, si él piensa que eso es lo mejor. Esa es la única manera como puede ocurrir la entrega verdadera a Dios. Luego, no confundas el movimiento con el momento. Si Dios te señala cuál es el cónyuge que tiene para ti, ése es el movimiento. Espera el momento oportuno.

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Haciendo un avivamiento personal

18 noviembre 2009

El propósito de compartir este test personal es para dar herramientas de cómo podemos auto evaluarnos en nuestro crecimiento espiritual. También es muy útil para ser compartido con un equipo de trabajo, como por ejemplo: maestros de escuela dominical, líderes de jóvenes, etc.

Las personas que Dios utiliza son personas que han tenido una experiencia de cambio de vida profunda con Dios, más allá de la salvación

1. ¿Es la fuerza y el foco de mi vida el dar gloria a Dios en cada área de mi vida?

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2. Dios tiene el deseo de que mi vida sea santa. ¿Es ese mi deseo?

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3. ¿Deseo tener mi mente verdaderamente renovada espiritualmente por medio de derribar toda fortaleza?

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4. ¿Existen reservas en mi entrega?

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5. ¿Amo la Palabra de Dios?

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6. ¿Es la pasión que mueve y consume mi vida el ser el hombre o mujer de Dios que he sido salvado para ser?

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7. ¿Estoy dispuesto a experimentar incomodidades o rechazo por causa de Cristo?

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8. Si mi agenda y calendario fueran examinados, ¿qué dirían de mi andar y amor a Dios?

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9. Oración ¿cómo podría describir mi vida de oración?, ¿es el tiempo de oración una parte diaria de mi vida?

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10. ¿Honestamente deseo que Dios haga cambios de corazón profundos en mi vida – avivamiento- personal?

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11. La obediencia es a la oración lo que la oración es a la obediencia – las dos no pueden estar separadas.

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El corazón que Dios revive

11 noviembre 2009

A través de esta “entrada” queremos compartir una herramienta para evaluarnos como creyentes. El creyente lucha internamente entre su naturaleza caída y el nuevo hombre creado en Cristo Jesús. Uno de esos frentes está entre el orgullo y la humildad. Acá tenemos una luz de cómo el hijo de Dios puede dar pasos prácticos para abandonar el orgullo y cómo abrazar la humildad.

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”

Sal. 51:17

Los números de la derecha coinciden con los de la izquierda, dado que se dificulta en ocasiones hacer que todos los navegadores presenten ordenadamente las dos columnas, se ha optado por enumerarlas para que te sirva de guía.

Personas Orgullosas

1. Se enfocan en las fallas de otros.

2. Tienen un espíritu crítico que busca los errores; ven la falta de los demás a través de un microscopio, pero las suyas a través de un telescopio.

3. Son soberbios, ven a los demás por debajo.

4. Tienen un espíritu independiente y autosuficiente.

5. Tienen que probar que están en lo correcto.

6. Reclaman sus derechos, tienen un espíritu de demanda.

7. Son auto protectores de su tiempo, sus derechos y su reputación.

8. Desean ser servidos.

9. Desean ser exitosos por el éxito en sí.

10. Desean auto-avanzar.

11. Buscan ser reconocidos y apreciados.

12. Se sienten mal cuando otros son promovidos y ellos son pasados por alto.

13. Tienen un sentimiento subconsciente “Este ministerio/iglesia es privilegiada al tenerme a mí y a mis dones”. Piensan en lo que ellos pueden hacer para Dios.

14. Se sienten confiados en cuánto saben.

15. Son auto-consientes

16. Mantienen a otros a distancia.

17. Son rápidos en culpar a otros.

18. Son irreprochables o defensivos cuando los critican.

19. Se preocupan por ser respetables de lo que otros piensan; trabajan para proteger su propia imagen y reputación.

20. Encuentran difícil compartir sus necesidades espirituales con otros.

21. Quieren asegurarse de que nadie se dé cuenta que han pecado; su instinto es de cubrirse.

22. Les cuesta decir: “me equivoqué, ¿me podrías perdonar?, por favor”

23. Tienden a hablar de generalidades cuando confiesan su pecado.

24. Están preocupados por las consecuencias de su pecado.

25. Tienen remordimiento por su pecado, se duelen cuando son descubiertos.

26. Esperan a que otro venga y pida perdón cuando hay un mal entendido o un conflicto en la relación.

27. Se comparan con otros y se sienten dignos de honor.

28. Son ciegos a la condición real de su corazón.

29. No creen que tengan algo de qué arrepentirse.

30. No creen que necesiten cambios en su vida, pero están seguros que los demás sí los necesitan.

Personas Quebrantadas

1. Se sienten abrumadas por sus propias necesidades espirituales.

2. Son compasivos; pueden perdonar mucho porque saben lo mucho que han sido perdonados.

3. Estiman a los demás como mejores que ellos mismos.

4. Tienen un espíritu dependiente; reconocen su necesidad de otros.

5. Están dispuestos a ceder su derecho a estar en lo correcto.

6. Ceden sus derechos; tienen un espíritu humilde.

7. Se niegan a sí mismos.

8. Están movidos a servir a otros.

9. Están motivados a ser fieles y hacer que otros tengan éxito.

10. Desean promover a otros.

11. Conocen su propia indignidad; se asombran de que Dios les use del todo.

12. Buscan que otros obtengan el crédito y se gozan que otros sean exaltados.

13. Tiene una actitud de corazón que dice: “no merezco tener parte de ningún ministerio”; saben que no tienen nada que ofrecer a Dios excepto la vida de Jesús fluyendo a través de sus vidas quebrantadas.

14. Están humillados de todo lo que tienen que aprender.

15. No están preocupados por ellos del todo.

16. Están deseando tener cercanía con otros y tomar riesgos de amar íntimamente.

17. Aceptan la responsabilidad personal y pueden ver donde se equivocaron en cada situación.

18. Reciben la crítica con un espíritu abierto y humilde.

19. Se preocupan por ser genuinos; lo que les importa a ellos no es lo que otros piensen sino lo que Dios sabe; están dispuestos a morir a su propia reputación.

20. Están dispuestos a ser abiertos y transparentes con otros como Dios dirija.

21. Una vez quebrantado, no les importa quien sepa y se llegue a enterar; desean ser expuestos porque no tienen nada que perder.

22. Son prontos en admitir fallas y buscar el perdón si es necesario.

23. Son capaces de saber cosas específicas cuando confiesan su pecado.

24. Se duelen de la causa, la raíz de su pecado.

25. Se arrepienten verdaderamente y genuinamente por su pecado, evidenciándolo en el hecho de que abandonan ese pecado.

26. Toman la iniciativa de reconciliarse cuando ha habido un malentendido o conflicto en relaciones; corren a la cruz; buscan llegar allí de primeros, no importando cuán grande haya sido el mal de la otra persona.

27. Se comparan a sí mismos con la santidad de Dios y sienten una necesidad desesperada de Su misericordia.

28. Caminan en la luz.

29. Se dan cuenta que tienen una necesidad de una continua actitud de arrepentimiento de corazón.

30. Continuamente sienten su necesidad de un encuentro fresco con Dios y un sentimiento fresco del Espíritu Santo.


Algunas pautas para hablar de Sexo con los Hijos

2 noviembre 2009

¿Cómo contestar sus preguntas? Responder sus inquietudes no es tarea fácil. El desconocimiento y el temor rodean a los padres menoscabando las posibilidades de un diálogo adecuado. Estas resistencias deben ser superadas y requieren reflexión y esfuerzo a la hora de encarar los temas sexuales con los niños. Describimos algunas sugerencias y recomendaciones que pueden ser útiles:

Encarar el tema con naturalidad

Un ambiente sereno y abierto que canalice el tema con naturalidad y confianza, sin tabúes y prejuicios es la situación ideal. Es necesario recalcar que para los niños los temas sexuales son como cualquier otro. Cuando ellos preguntan por curiosidad sobre alguna inquietud, lo hacen con total naturalidad. Para los padres debiera ser lo mismo. En principio el niño no tiene la carga emocional que arrastran los adultos cuando se hablan estos temas.

Por este motivo los padres debemos aprender a hablar de sexo con nuestros hijos. El silencio, las explicaciones oscuras, la evasión, hacen creer al niño que ha tocado un tema del cual le hubiera sido mejor haberse callado. Sus dudas e interrogantes seguirán pero no será fácil comunicarlas cuando percibe que no tiene un terreno familiar propicio.

También debemos preguntarnos: ¿Cuándo debemos comenzar a abordarlo? El mejor momento para iniciar el tema es cuando el niño demuestra interés y cuando inicia el diálogo sobre alguna inquietud. También nosotros los padres podemos conducir una conversación en situaciones especiales, como por ejemplo, la presencia de un nuevo embarazo en la madre o en algún integrante de la familia o amigos cercanos. La Prof. Irma Gentile-Ramos en su libro Puericultora y Pediatría Social señala lo sorprendente que es la naturalidad con que los niños aceptan las explicaciones cuando también las respuestas a sus preguntas son explicadas en forma clara y sin sentido de culpa.

Hablemos sin complicaciones

Es conveniente responder a sus inquietudes sin complicaciones. Contar historias imaginarias de semillas y jardineros, el cuento de la cigüeña o responder que los bebes vienen de París o que se encargan y adquieren desde un supermercado si bien eran respuestas de antaño, hoy sabemos que no constituyen una adecuada docencia. Esto conduce a una información no solo errónea sino nociva a largo plazo porque estamos perdiendo la confianza. Es más recomendable hablar abiertamente, sin rodeos ni complicaciones.

Siempre la verdad

Debemos tener franqueza cuando hablamos de sexualidad. No debemos mentir ni engañar, Las mentiras pueden llegar a producir desconfianza e inseguridad sobre el tema y lo que es peor hacia los mismos padres. Igualmente el menor buscará las respuestas, pero en otra parte y no siempre serán las más adecuadas y beneficiosas para su formación. Las verdades a medias dichas a sus oídos sumados a los recursos de su imaginación no son herramientas adecuadas para su formación.

Usar terminologías correctas

Cuando hablamos de sexualidad, debemos usar la terminología adecuada. Esto significa que debemos llamar las cosas por su nombre. Un vocabulario correcto demuestra naturalidad y otorga sensación de seguridad al niño que nos está escuchando. El uso de palabras y terminologías que sustituyen los nombres correctos se ha hecho una costumbre muy popular y esta costumbre, lejos de ser productiva conduce a imaginaciones erróneas, produciendo inseguridad y confusión. Particularmente, para las niñas es peor aun no dar nombres a sus órganos femeninos. Citar la vulva como “la cosa” y no asignarle una nominación es perjudicial, ya que en el esquema corporal, el órgano femenino es interno, escondido y secreto y es muy importante para toda niña su identificación.

Responder sus inquietudes y no adelantarse a su posibilidad de comprensión

La información sexual que impartimos debe ser limitada a sus inquietudes y preguntas. No debemos ir mas allá, pero tampoco quedarnos cortos. Debemos atender sus inquietudes y preguntas. Es saludable mantener su capacidad natural de preguntar y explorar aquello que le intriga e inquieta. Para esto, es necesario responder de acuerdo a su madurez satisfaciendo su necesidad de conocimiento. Cuando reconocemos que el niño queda conforme puede ser una señal que respondimos en forma adecuada.

Respuestas breves

Las explicaciones muy extensas tienden a confundir a los niños. Es adecuado dar respuestas concisas y dejar el espacio y el ambiente para que el menor se sienta libre para seguir preguntando de acuerdo a su interés.

Volver hablar del tema

Hablar de temas sexuales es importante pero no debemos olvidar la necesidad de retomar la conversación al cabo de un lapso de tiempo. ¿Cómo procesó la información? ¿Entendió lo que le explicamos o generó durante ese lapso nuevas interrogantes? Los chicos pudieron haber cambiado, las conversaciones con sus compañeros pueden producir nuevas inquietudes. Sus propias fantasías pueden generar nuevas dudas y preocupaciones que serán necesarias evaluar y disipar. Es apropiado preguntarle al chico qué otra cosa quiere saber y que nos cuente cómo se imagina las situaciones que le están preocupando.

Estas son algunas de las actitudes que pueden ser útiles cuando deseamos encarar en forma adecuada nuestro rol y compromiso educativo. Cada padre puede buscar o crear otras estrategias.

En suma, una respuesta clara, sincera, honesta y natural, coherente a las interrogantes e inquietudes del menor, teniendo la capacidad de volver al tema cuando sea necesario, darán los mejores resultados y beneficios para el crecimiento y desarrollo de sus conceptos sexuales.