El corazón que Dios revive

A través de esta “entrada” queremos compartir una herramienta para evaluarnos como creyentes. El creyente lucha internamente entre su naturaleza caída y el nuevo hombre creado en Cristo Jesús. Uno de esos frentes está entre el orgullo y la humildad. Acá tenemos una luz de cómo el hijo de Dios puede dar pasos prácticos para abandonar el orgullo y cómo abrazar la humildad.

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”

Sal. 51:17

Los números de la derecha coinciden con los de la izquierda, dado que se dificulta en ocasiones hacer que todos los navegadores presenten ordenadamente las dos columnas, se ha optado por enumerarlas para que te sirva de guía.

Personas Orgullosas

1. Se enfocan en las fallas de otros.

2. Tienen un espíritu crítico que busca los errores; ven la falta de los demás a través de un microscopio, pero las suyas a través de un telescopio.

3. Son soberbios, ven a los demás por debajo.

4. Tienen un espíritu independiente y autosuficiente.

5. Tienen que probar que están en lo correcto.

6. Reclaman sus derechos, tienen un espíritu de demanda.

7. Son auto protectores de su tiempo, sus derechos y su reputación.

8. Desean ser servidos.

9. Desean ser exitosos por el éxito en sí.

10. Desean auto-avanzar.

11. Buscan ser reconocidos y apreciados.

12. Se sienten mal cuando otros son promovidos y ellos son pasados por alto.

13. Tienen un sentimiento subconsciente “Este ministerio/iglesia es privilegiada al tenerme a mí y a mis dones”. Piensan en lo que ellos pueden hacer para Dios.

14. Se sienten confiados en cuánto saben.

15. Son auto-consientes

16. Mantienen a otros a distancia.

17. Son rápidos en culpar a otros.

18. Son irreprochables o defensivos cuando los critican.

19. Se preocupan por ser respetables de lo que otros piensan; trabajan para proteger su propia imagen y reputación.

20. Encuentran difícil compartir sus necesidades espirituales con otros.

21. Quieren asegurarse de que nadie se dé cuenta que han pecado; su instinto es de cubrirse.

22. Les cuesta decir: “me equivoqué, ¿me podrías perdonar?, por favor”

23. Tienden a hablar de generalidades cuando confiesan su pecado.

24. Están preocupados por las consecuencias de su pecado.

25. Tienen remordimiento por su pecado, se duelen cuando son descubiertos.

26. Esperan a que otro venga y pida perdón cuando hay un mal entendido o un conflicto en la relación.

27. Se comparan con otros y se sienten dignos de honor.

28. Son ciegos a la condición real de su corazón.

29. No creen que tengan algo de qué arrepentirse.

30. No creen que necesiten cambios en su vida, pero están seguros que los demás sí los necesitan.

Personas Quebrantadas

1. Se sienten abrumadas por sus propias necesidades espirituales.

2. Son compasivos; pueden perdonar mucho porque saben lo mucho que han sido perdonados.

3. Estiman a los demás como mejores que ellos mismos.

4. Tienen un espíritu dependiente; reconocen su necesidad de otros.

5. Están dispuestos a ceder su derecho a estar en lo correcto.

6. Ceden sus derechos; tienen un espíritu humilde.

7. Se niegan a sí mismos.

8. Están movidos a servir a otros.

9. Están motivados a ser fieles y hacer que otros tengan éxito.

10. Desean promover a otros.

11. Conocen su propia indignidad; se asombran de que Dios les use del todo.

12. Buscan que otros obtengan el crédito y se gozan que otros sean exaltados.

13. Tiene una actitud de corazón que dice: “no merezco tener parte de ningún ministerio”; saben que no tienen nada que ofrecer a Dios excepto la vida de Jesús fluyendo a través de sus vidas quebrantadas.

14. Están humillados de todo lo que tienen que aprender.

15. No están preocupados por ellos del todo.

16. Están deseando tener cercanía con otros y tomar riesgos de amar íntimamente.

17. Aceptan la responsabilidad personal y pueden ver donde se equivocaron en cada situación.

18. Reciben la crítica con un espíritu abierto y humilde.

19. Se preocupan por ser genuinos; lo que les importa a ellos no es lo que otros piensen sino lo que Dios sabe; están dispuestos a morir a su propia reputación.

20. Están dispuestos a ser abiertos y transparentes con otros como Dios dirija.

21. Una vez quebrantado, no les importa quien sepa y se llegue a enterar; desean ser expuestos porque no tienen nada que perder.

22. Son prontos en admitir fallas y buscar el perdón si es necesario.

23. Son capaces de saber cosas específicas cuando confiesan su pecado.

24. Se duelen de la causa, la raíz de su pecado.

25. Se arrepienten verdaderamente y genuinamente por su pecado, evidenciándolo en el hecho de que abandonan ese pecado.

26. Toman la iniciativa de reconciliarse cuando ha habido un malentendido o conflicto en relaciones; corren a la cruz; buscan llegar allí de primeros, no importando cuán grande haya sido el mal de la otra persona.

27. Se comparan a sí mismos con la santidad de Dios y sienten una necesidad desesperada de Su misericordia.

28. Caminan en la luz.

29. Se dan cuenta que tienen una necesidad de una continua actitud de arrepentimiento de corazón.

30. Continuamente sienten su necesidad de un encuentro fresco con Dios y un sentimiento fresco del Espíritu Santo.

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Una respuesta a El corazón que Dios revive

  1. rafa garcia dice:

    Dios le bendiga hermano este estudio me gusto mucho puedo descargarlo

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