Piensa en lo que Dios piensa

1 septiembre 2010

Fil. 4:8 Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad [presente imperativo, “continuamente o habitualmente”]

En la mayoría de los deportes los sicólogos son indispensables, y los entrenadores han aprendido que la manera en la cual su jugador piensa determinará qué tan bueno sea su desempeño en la cancha. Así mismo, qué y cómo un creyente se permite pensar, determinará su desempeño en situaciones comunes de la vida y en sus relaciones personales.

Comienza con “por lo demás”, atando este pasaje a las órdenes previas de cómo uno debe pensar: “Por nada estéis afanosos” y “sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios”, con la consecuencia de que “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. Si tú piensas correctamente, entonces la paz de Dios mantendrá tu vida estable y fuerte. Pablo especifica cómo debe ser nuestro pensamiento.

En lo que quiera que pienses, los pensamientos que escoges repetir en tu mente, moldean tus creencias y valores, los cuales controlan tus respuestas emocionales, estimulando así tu motivación y comportamiento. ¿En qué se enfoca tu mente? Escoge pensar en todo lo que sea “veraz” (de alguien), en hechos (no chismes, rumores o exageraciones), motivos sinceros (no engañosos), o lo “leal, propio, confiable o genuino”. Piensa en eso al pensar en otros o en otros ministerios.

Piensa en lo que sea “noble” (semnos), que significa “respetuoso, digno, o de carácter exaltable”. No significa ingenuidad al ver lo positivo en los demás.

Piensa en lo que sea “justo” (dikaios), es decir, que alcanza los estándares de Dios.

Piensa en lo que sea “puro” (hagnos), o “libre de adulteraciones o perversiones”. El desafío de guardar nuestros pensamientos sin contagio con la inmoralidad o el egoísmo no es fácil, pero la mente puede pensar una sola cosa a la vez, por lo que, podemos llenarla de pensamientos santos y objetivos. Nosotros escogemos.

Piensa en lo que sea “amable” (prosphiles), se refiere a lo que sea “agradable y aceptable” y no pensar en razones negativas por las cuales rechazar a una persona.

Piensa en lo que sea “de buen nombre” o “encomiable” (euphemos) se refiere a algo “admirable”, “merecedor de una buena reputación”. Edifica a alguien (alienta, motiva a alguien – aunque lo que dice implica construcción).

Piensa en lo que sea “de virtud alguna” (arete), esto es, cualquier cosa que sea “agradable a Dios, de excelencia moral o de calidad de acción”.

Piensa en lo que sea “digno de alabanza” (epainos) significa “aplauso, elogio”, y busca alabar o elogiar a una persona a diario.

Cualquier cosa que no alcance este criterio de ocho requisitos, debe ser calificado como indigno de nuestro tiempo o pensamiento. Cuando pienses en alguien, busca enfocarte en todas las características de esta lista junto a su nombre. Recuerda, así es cómo Dios piensa de nosotros: El promete que “aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios” (1 Co. 4:5). Seamos más como Dios y siempre pensemos cómo podemos alabarnos unos a otros cada día.

Prov. 10:12, “El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas”.

Traducido por Isabel Sylva Avila

Fuente: http://obedezca.blogspot.com/