Examinarnos a nosotros mismos

11 noviembre 2010

Lectura Bíblica: 1 Co. 11:28, 31

Otra versión traduce el versículo 28 como “examínese cada uno a sí mismo”
Examinar (diccionario): inquirir, investigar, indagar, escudriñar, analizar alguna cosa. Reconocer, registrar minuciosamente, mirar con atención alguna cosa.
Este pasaje habla de la Cena del Señor, pero el hecho de examinarnos puede aplicarse a nuestra vida en general, acerca de lo cual veremos varios aspectos.
¿Para que sirve un autoexamen? Para conocernos. Jer. 17:9 “Engañoso es el corazón, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Aún nosotros mismos podemos caer en el engaño de nuestro propio corazón. Un autoexamen proporciona el conocimiento necesario acerca de nosotros mismos para cambiar aquello que no esté de acuerdo a la voluntad de Dios.

1. Examinar nuestra compañía: Sal. 1

Como seres que viven en una sociedad, necesariamente debemos compartir tiempo con otras personas.

¿Qué opciones tenemos al elegir nuestra compañía? Inconversos o creyentes. De cada uno hay diferentes clases. ¿Cuál deberíamos elegir cuando exista la posibilidad de hacerlo? Aquel que comparta nuestras metas cristianas, y que nos ayude a crecer.

Ahora, ¿Cuál preferimos? Es parte de nuestro autoexamen. Acerca de esto hemos escuchado que quien dice “tengo mejores amigos en el mundo que en la iglesia”.
David cuenta su experiencia en el Salmo 26.

1 Co. 15:33 “Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”.

Hch. 2:42-44 “tenían en común todas las cosas”

Un autoexamen debe incluir una voluntad dispuesta a arreglar lo que esté mal, incluyendo el hecho de dejar aquellas personas que resulten negativas a nuestra vida cristiana. Pr. 1:10-15 “no andes” “aparta tu pie” Suena un poco exagerado lo que proponen estas personas, pero ¿no escuchamos propuestas que invitan a dejar la voluntad de Dios?

Pr. 13:20 “el que anda con sabios, sabio será; pero el que se junta con necios será quebrantado”

2. Examinar nuestros hábitos

Hábito: Costumbre, facilidad adquirida por la constante práctica.

La Biblia menciona que algunas actitudes pueden volverse un hábito, es decir, algo que hacemos naturalmente y quizá sin darnos cuenta de que está mal.

El hábito de no congregarse: Heb 10:25 “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre”.

El hábito de ser contencioso: 1 Co. 11:16 “si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.”

El hábito del amor al dinero: Heb 13:5 “sean vuestras costumbres sin avaricia” 1 Ti. 6:10 “el amor al dinero es la raíz de todos los males”

¡Qué bueno sería que en nosotros, con la ayuda de Dios, se forme el hábito de asistir a todas las reuniones, o el de no ser contenciosos!

Un autoexamen de nuestras costumbres posiblemente revelará muchas actitudes contrarias a la voluntad de Dios. 2 Re. 17:38-40 “no escucharon, antes bien hicieron según su costumbre antigua”

3. Examinar nuestros pensamientos

Nuestras compañías y nuestras costumbres pueden ser observadas por otras personas, pero los pensamientos son algo tan personal que sólo Dios y nosotros los conocemos.

¿Qué resultado ofrece un autoexamen de nuestros pensamientos? Fil. 4:8 ¿Están nuestros pensamientos de acuerdo a lo dicho por Pablo en este texto?

Mar. 7:21 El origen de los malos pensamientos es el corazón. Sal. 51:10 “crea en mí un corazón puro”

Ef. 4:23 El Espíritu Santo desea que le otorguemos control sobre nuestra mente para cambiar nuestra mente de forma que pensemos desde el punto de vista de Dios y no desde el del mundo. Tenemos la mente de Cristo (1 Co. 2:16)

Pr. 16:3 “Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados.”

Col. 3:2, versión RVA: “Ocupad la mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra.”
“Engañoso es el corazón. ¿Quién lo conocerá? Yo Jehová” Dios conoce nuestro corazón, y bien podríamos tener la predisposición del salmista en el salmo 139:1-3,17,18,23,24

4. Examinar nuestros afectos

¿Qué es lo que más queremos?

1 Jn. 2:15 “no améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo”

Es probable que dediquemos mayor tiempo a aquellas actividades o personas objeto de nuestro afecto.

Ro. 8:6: “el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”

Mt. 6:24 “Ninguno puede servir a dos señores…”

Lc 12:34: “donde esté vuestro tesoro, estará vuestro corazón” ¿Cuál es nuestro tesoro, las riquezas celestiales y la herencia de Cristo o las cosas pasajeras de este mundo?

Lc. 9:59-62 (te seguiré, pero…) ¿Hay peros en nuestra vida para con el Señor? Entonces nuestros afectos necesitan un cambio de prioridad.

1 Jn. 5:4 La fe vence al mundo. à Vivamos por fe.

5. Examinar nuestros motivos

¿Para qué hacemos las cosas? ¿Cuál es la intención? 1 Co. 10:31, Col 3:23 Hacerlo todo para la gloria de Dios y en el nombre del Señor Jesús. ¿Podríamos realizar cada actividad que tenemos pensando en que lo hacemos para Dios? ¿Cuántas de nuestras actitudes son incompatibles con este pensamiento?

Ef. 6:6,7: “de corazón haciendo la voluntad de Dios”

2 Cr.31:20,21 (Ejemplo de Ezequías)

Fuente: Siguiendo sus pisadas

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Aprendamos a aceptar el No de Dios

10 noviembre 2010

“…pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya” Lucas 22:42b (Nueva Versión Internacional) Has estado clamando por eso, la respuesta no llega, el tiempo pasa y la desesperación aparece, la duda hace acto de presencia y cuando al fin la respuesta parece que llegara, lo hace de la forma que no queríamos. Seguro esperabas un SI, quizá creías que las cosas se darían como las habías pensado, pero no se dieron de esa manera, porque la respuesta de Dios era otra y el NO era lo que Él creía más conveniente para ti.

Ahora hay un debate en tu mente, preguntas como: ¿Por qué no me lo dio?, ¿No creo que no sea su voluntad esto?, ¿Por qué no lo permitiste?, y parece ser que el máximo responsable de que las cosas no se dieran como tú querías es DIOS, como que si hubiera hecho algo malo. Por un momento es hasta normal que te sientas molesto, si lo es, porque eres humano y nuestra visión está limitada a las cosas que nada mas vemos físicamente. Pero Dios ve las cosas desde otra perspectiva, Dios tiene una amplia visión de tu vida y de todo lo que El quiere para ti, porque El es tu Padre y te ama y un Padre que ama a su hijo, siempre querrá lo mejor para el. Hay algo que seguramente no sabes o que quizá quieres evitar pensar o creer, y es El hecho de que Dios siempre tiene la razón, que El jamás te dará algo que sabe que te puede afectar, algo que te hará decaer o que te hará que te alejes de Él, por tal razón aun cuando no entiendas lo que estas pasando o el porqué de ese NO de Dios, debes estar seguro que bajo sus alas estas protegido, que si Dios dijo NO es porque El sabe que es lo mejor para tu vida. No trates de analizar el porqué del NO, simplemente acéptalo como una bendición, como una respuesta de Dios y sobre todo como la mejor respuesta que podías obtener porque si no fue como tú querías, es porque Dios que ve más allá de lo que nuestros ojos ven, vio que no era lo mejor para ti, aun cuando aparentemente tendría que haber sido un SI. Es bueno que aprendamos a aceptar los NO de Dios, sin la necesidad de reclamar, de enojarnos o de alejarnos de Él. No es posible que aceptemos todos los SI con un enorme gozo y que los NO los aceptemos con tristeza. Aprendamos a que si Dios dice: “NO” es porque esa era la mejor respuesta que podíamos recibir. Todo lo que viene de Dios es perfecto, por lo tanto seamos humildes, sujetos y obedientes a todas las respuestas que El nos dé y sin hacer preguntas o reclamos aceptemos su PERFECTA voluntad.

¡Señor quiero aceptar todas tus respuestas!

Autor: Enrique Monterroza

Fuente: Reflexiones Cristianas