Victoriosos y con Esperanza

20 marzo 2013

¡Qué bueno que podamos pensar y reflexionar en la Palabra de Dios, en el amor del Señor! 

Recuerdo que desde mi tierna infancia los problemas de violencia, de alcoholismo que justamente luego acarreaban muchos problemas familiares, hacían que luego se dijera: vamos a empezar de nuevo.

Y, mi padre le decía a mi madre: vamos a empezar de nuevo. Y muchos dicen: vamos a empezar de nuevo, vamos a empezar de cero. Pasa que muchas veces no es posible empezar de cero, no es posible empezar de nuevo porque el tiempo las reiteraciones de los problemas, de las frustraciones, de las reincidencias, de los actos violentos, de los pecados, contra los otros hacen imposible, prácticamente imposible poder comenzar de nuevo.

Solamente hay una forma que traza la palabra de Dios, en la que nosotros podemos realmente, empezar de nuevo, y esto es, a través de un nuevo nacimiento. En el libro del profeta Oseas, en el capítulo 14, en los primeros 7 versículos de este capítulo, el profeta le dice a Israel:

Vuelve, oh Israel, a Jehová tu Dios; porque por tu pecado has caído. Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios. No nos librará el asirio; no montaremos en caballos, ni nunca más diremos a la obra de nuestras manos: Dioses nuestros; porque en ti el huérfano alcanzará misericordia. Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos. Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano. Volverán y se sentarán bajo su sombra; serán vivificados como trigo, y florecerán como la vid; su olor será como de vino del Líbano.

Hay algo tremendo que se puede deducir de este pasaje y de todo el entorno de la Palabra de Dios, hay una verdad muy importante en la Biblia. El pecado indudablemente nos envejece. El pecado hace que nosotros perdamos la inocencia, nos cubre de vergüenza, nos cubre de pena. Muchas personas en menor ó mayor grado, de acuerdo a la altura de la vida que han pasado, y que han transitado, dependiendo del contexto familiar, educacional, todos hemos perdido la inocencia. La vergüenza nos cubre.

Mucha gente vive derrotada, sin ilusión. Las personas viven comprobando día a Día que están derrotados! Ellos se deprimen. Hoy día, en pleno siglo y con todos los recursos científicos, con todos los adelantos, y progresos de la ciencia y tecnología, cada día, aumenta masivamente, la depresión, angustia, enfermedad, que lleva a que hoy, verdaderas multitudes, no soporten la verguenza y la pena de su corazón.

No soportan que no puedan alcanzar lo que desean y que tienen que recurrir a la drogadicción, a la dependencia de medicación especial, a los ansiolíticos. Y, tantas otras cosas para poder sobrevivir, para poder seguir caminando, para poder seguir deambulando por este mundo. Y esa persona no puede sentirse limpia de nuevo. Porque justamente a causa de ese pecado que nos envejece podemos emplear palabras de súplica y este es el punto de que las personas no saben dirigir bien su súplica.

Las personas generalmente suplican a los hombres, suplican al psiquiatra, suplican al pastor al sacerdote pero debemos suplicar, suplicar a Dios. Dios ha hecho todo lo que él ha hecho para salvarnos. Ahora nos toca a nosotros suplicar su perdón por nuestro pecado. A él es que nosotros debemos acercarnos en verdadera súplica y no a otros. Muchas personas tratan de descargarse confesando sus pecados a profesionales de la salud ó profesionales religiosos. Ellos no logran sentir un alivio. Pasa un rato de acuerdo al estado anímico y vuelve a sentir el mismo desasosiego.

La misma carga está allí, no se ha movido. Hoy también se trata el tema del control mental, auto convencimiento, pero así, aún no logras la paz. No logras la limpieza interior, tienes que clamar y tienes que suplicar a Dios. Tienes que abandonar el pecado y seguir a Dios con todo tu corazón y sino todas tus palabras son vanas.

Demasiado hablamos a los hombres, de masiado hablamos a Dios. Le decimos muchas cosas pero no estamos dispuestos a dejar nuestra vida de pecado y esto no tiene sentido.

El amor como la obediencia, como la sumisión, no es solamente de palabras sino de hechos. A veces Dios no escucha nuestras súplicas porque nuestras acciones no se lo permiten oír. Nosotros lo apabullamos de palabras de súplicas ó a veces de promesas vanas que no cumplimos.

También vemos que muchas personas, como lo dice aquel pasaje, buscan soluciones inadecuadas al pecado. Aquel profeta hace referencia, a que mucha busca soluciones en los ídolos que hacen nuestras manos. Muchas personas buscan alivio en un objeto, hecho por manos de hombres, le hablan a la estatua, y le hablan al ídolo, pensando ser aliviados.

Piensan también que sus buenas obras, le pueden llevar al perdón de sus pecados. Las buenas obras son un producto de la vida nueva. No el contrario. Dios nos perdona por su gracia y por su amor, no por lo que nosotros podamos merecer. El perdón es el resultado de la gracia de Dios, la Biblia dice que Dios nos ama y que no desea ver a nadie caminando hacia el infierno. Dios dio a su hijo Jesucristo para abrirnos el camino de la salvación para abrirnos el camino a la vida eterna. Y la Biblia dice que la vida nueva trae gozo ¡claro que sí porque hay gozo y paz al experimentar el perdón de Dios. Hay gozo y paz al experimentar este eterno perdón y él nos ofrece este nuevo nacimiento.

Él ya cumplió su parte él ya hizo todo lo que tenía que hacer. Envió a su hijo al mundo para que muriera en la cruz por nosotros y derramara su sangre limpia y sin pecado por nosotros, satisfaciendo la justicia divina y, si nosotros creemos en él, si lo aceptamos si lo seguimos y lo obedecemos, experimentaremos la vida eterna. Yo deseo con todo mi corazón que tú puedas renunciar a todas esas muletas para tener gozo, perdón y vengas a Jesucristo con todo tu corazón, y creas en su perdón porque la Biblia dice porque si confesamos nuestros pecados él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Que Dios te bendiga.

Autor: Herman Hartwich

Fuente: Llamada de Medianoche