La disciplina de la meditación

17 octubre 2016

La verdadera contemplación no es un truco sicológico, sino una gracia teológica.-Thomas Merton

En la sociedad contemporánea nuestro adversario se especializa en tres cosas: ruido, premura y multitudes. Si él puede mantenernos empeñados en la cantidad y en la muchedumbre, descansará satisfecho. El siquiatra C. G. Jung observó una vez: “La premura no es del diablo; es el mismo diablo”.’ Si esperamos movernos más allá de las superficialidades de nuestra cultura -incluso de nuestra cultura religiosa-, tenemos que estar dispuestos a descender a los silencios recreadores, al mundo interno de la contemplación. Todos los maestros de la meditación se esfuerzan, en sus escritos, por hacer que despertemos a comprender el hecho de que el universo es mucho más grande que lo que conocemos; que hay inmensas regiones internas no exploradas que son tan reales como el mundo físico que “conocemos” muy bien. Nos hablan acerca de emocionantes posibilidades de nueva vida y nueva libertad. Nos hacen un llamado a la aventura, a ser pioneros en esta frontera del espíritu. Aunque esto pueda sonar extraño a los oídos modernos, sin ninguna vergüenza debiéramos inscribirnos como aprendices en la escuela de la oración contemplativa.

Conceptos erróneos comprensibles

Con frecuencia te haces la pregunta en cuanto a si se puede hablar de la meditación como algo cristiano. ¿No es más bien propiedad exclusiva de las religiones orientales? Dondequiera que hablo a algún grupo sobre la meditación como una disciplina cristiana clásica, inevitablemente se levantan las cejas en actitud interrogante. “Yo pensé que el grupo que se llama Meditación Trascendental era el que trataba este asunto de la meditación.” “¡No me diga que usted nos va a dar un versículo védico de invocación mística para que lo recitemos!”

El hecho de que la meditación sea una palabra extraña a tus oídos es un triste comentario sobre el estado espiritual del cristianismo moderno. La meditación ha sido siempre una parte clásica y fundamental de la devoción cristiana, una preparación decisiva para la oración y una obra conjunta con ella. Sin duda alguna, parte de la ola de interés en la meditación oriental se debe a que las iglesias han abandonado este campo. Es sumamente deprimente que un estudiante universitario que busca conocer la enseñanza cristiana sobre la meditación, descubra que son pocos los maestros vivientes de la oración contemplativa, y que casi todos los escritos serios sobre este tema son de hace siete siglos o más. No es raro que el estudiante se vuelva al Zen, o al Yoga o a la Meditación Trascendental.

Ciertamente la meditación no fue extraña a los autores de la Escritura. “Y había salido Isaac a meditar al campo, a la hora de la tarde” (Génesis 24:63). “Cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de la noche” (Salmos 63:6). Estas eran personas que estaban cerca del corazón de Dios. Dios no les habló por cuanto tenían capacidades especiales, sino porque estaban dispuestos a oír. Los salmos cantan virtualmente las meditaciones del pueblo de Dios en la ley de Dios. “Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos” (Salmos 119:148). El salmo que sirve de presentación para todo el Salterio, llama al pueblo a emular al varón “bienaventurado” que “… en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Salmos 1:2).

Los escritores cristianos, a través de los siglos, han hablado acerca de una manera de oír a Dios, de comunicarse con el Creador del cielo y de la tierra, de experimentar al Amante eterno del mundo. Pensadores magníficos como Agustín, Francisco de Asís, Francois Fénelon, Madame Guyon, Bernardo de Clairvaux, Francisco de Sales, Juliana de Norwich, Hermano Lawrence, George Fox, John Woolman, Evelyn Underhill, Thomas Merton, Frank Laubach, Thomas Kelly y muchos otros hablaron acerca de este camino más excelente.

La Biblia nos dice que Juan “estaba en el Espíritu en el día del Señor” (Apocalipsis 1:10), cuando recibió la visión apocalíptica. ¿Podría ser que Juan estaba preparado de una manera que podía oír y ver y que nosotros hemos olvidado? R. D. Laing escribe: “Vivimos en un mundo secular… Hay una profecía en Amós según la cual vendrá un tiempo en que habrá hambre en la tierra, ‘no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová’. Este tiempo ha llegado ahora. Es la era presente”.”

Tengamos el valor de colocarnos al lado de la tradición bíblica y aprendamos una vez más el arte antiguo (y sin embargo, contemporáneo) de la meditación. Unámonos al salmista y declaremos: “Pero yo meditaré en tus mandamientos” (Salmos 119:78).

Luego hay los que piensan que la idea cristiana de meditación es sinónima del concepto de meditación basado en la religión oriental. En realidad, son dos mundos separados. La meditación oriental es un intento de desocupar la mente; la meditación cristiana es un intento de desocupar la mente a fin de llenarla. Las dos ideas son radicalmente diferentes. Todas las formas de meditación oriental destacan la necesidad de despegarse del mundo. Se hace hincapié en perder la personalidad y la individualidad y fusionarse con la mente cósmica.

Hay un anhelo de ser librado de las cargas y los dolores de esta vida y ser absorbido en la bienaventuranza suspendida y sin esfuerzo del Nirvana. La identidad personal se pierde en una mancomunidad de conciencia cósmica. El desprendimiento es la meta final de la religión oriental. Es un escape de la rueda miserable de la existencia. No hay Dios al cual unirse ni del cual oír. El Zen y el Yoga son formas populares de este enfoque. La Meditación Trascendental tiene las mismas raíces budistas, pero en su forma occidental es algo así como una aberración.

En su forma popular, la Meditación Trascendental es meditación para el materialista. Para practicarla, uno ni necesita creer, para nada, en el reino espiritual. Es sólo un método de controlar las ondas cerebrales a fin de mejorar el bienestar fisiológico y emocional. Las formas de meditación trascendental más avanzadas envuelven la naturaleza espiritual, y entonces toman exactamente las mismas características de las demás religiones orientales.

La meditación cristiana va mucho más allá de la idea del desprendimiento. Hay necesidad de desprendimiento: “el día de reposos de la contemplación”, como lo llama Pedro de Celles, un monje benedictino del siglo XII. 3 Pero nosotros tenemos que pasar a la adhesión. El desprendimiento de la confusión que está alrededor de nosotros es para tener adhesión más fuerte a Dios ya los demás seres humanos. La meditación cristiana nos conduce a una integridad interna, necesaria para entregarnos a Dios libremente; y a la percepción espiritual, necesaria para atacar los males sociales. En este sentido, es la más práctica de todas las disciplinas.

Hay un peligro al pensar sólo en la función del desprendimiento, como lo indicó Jesús en su relato acerca del hombre que había quedado vacío de lo malo, pero que no se llenó de lo bueno. “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre,… va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero” (Lucas 11:24-26).4

Algunos huyen de la meditación por temor a que sea demasiado difícil, demasiado complicada. Tal vez sea mejor dejársela al profesional que tiene más tiempo para explorar las regiones internas. De ningún modo. Los expertos reconocidos en este sentido nunca informan que están realizando un viaje a favor de los pocos privilegiados, de los gigantes espirituales. Ellos se reirían de tal idea. Ellos pensaron que lo que estaban realizando era una actividad humana natural, tan natural y tan importante como la respiración. Ellos nos dirían que no necesitamos ningunos dones especiales ni facultades síquicas. Lo único que necesitamos es disciplinar y ejercitar las facultades latentes que hay dentro de nosotros. Cualquiera que pueda aprovechar la fuerza de la imaginación puede aprender a meditar. Si somos capaces de poner atención a nuestros sueños, estamos dando los primeros pasos. Thomas Merton, uno que debió saber esto, escribió: “La meditación realmente es muy sencilla; no se necesitan muchas técnicas elaboradas para enseñarnos cómo hacerlo”.”

Sin embargo, a fin de que no nos extraviemos, tenemos que entender que no estamos empeñados en una obra impertinente. No estamos invocando a ningún paje cósmico. Es un asunto serio e incluso peligroso. Debiera exigirnos el mejor pensamiento y las mejores energías. Nadie debe emprender la meditación por simple diversión o porque otros la practican. Los que entran a ella con indiferencia, ciertamente fracasarán. P. T. Rohrbach escribió: “La mejor preparación general para tener buen éxito en la meditación es la convicción personal de su importancia y una firme determinación de perseverar en su práctica”.” Como cualquier obra seria, es más difícil en las etapas de aprendizaje. Tan pronto como estamos capacitados -cuando hemos terminado el aprendizaje-, se convierte en parte de los patrones habituales que están arraigados en nosotros. “Esperar en Dios no es ociosidad -dijo Bernardo de Clairvaux-, sino un trabajo que golpea a todos los demás trabajos para el inexperto que se dedica a él”.” Luego hay aquellos que piensan que el camino de la contemplación es impráctico y que está completamente fuera de contacto con el siglo XX. Hay el temor de que la meditación conduzca a la clase de persona, como el ascético Padre Ferapont que inmortalizó Dostoievski en su obra Los hermanos Karamazou. Este era una persona rígida, farisaica, quien por puro esfuerzo se libera del mundo, y luego lanza maldiciones sobre él. En el mejor de los casos, tal meditación nos conduciría a otra mundanalidad no saludable, que nos mantiene inmunes al sufrimiento de la humanidad.

Tales evaluaciones están lejos del blanco. De hecho, la meditación es lo que puede dirigir de nuevo nuestra vida de tal modo que podamos hacer frente con éxito a la vida humana. Thomas Merton escribió: “La meditación no tiene objeto ni realidad a menos que esté firmemente arraigada en la vida'” Históricamente, ningún grupo ha hecho más hincapié en la necesidad de entrar a oír los silencios que los cuáqueros, y el resultado ha sido una influencia social vital muy abundante en el número de ellos. Los contemplativos mismos fueron individuos de acción. Meister Eckhart escribió: “Aun si un hombre fuera arrebatado hasta el tercer cielo como San Pablo, y en esta condición supiera que otro hombre tiene necesidad de alimento, sería mejor que le diera de comer, y no que permaneciera en éxtasis”.”

A menudo, la meditación producirá discernimientos profundamente prácticos, casi mundanos. La persona recibirá instrucción sobre cómo relacionarse con su esposa o con su esposo, o sobre cómo tratar algún problema sensible o la situación de algún negocio. Más de una vez he recibido ayuda sobre la actitud que debo tener al dar una conferencia en una universidad. Es maravilloso cuando alguna meditación particular conduce al éxtasis, pero es mucho más común recibir ayuda en cuanto a cómo hacer frente a los problemas humanos ordinarios. Morton Kelsey dijo:

Lo que hacemos con nuestra vida externamente, la buena manera de cómo nos preocupamos por los demás, es una parte tan importante de la meditación como lo que hacemos en la quietud y cuando nos volvemos hacia adentro. De hecho, la meditación cristiana que no produce ninguna diferencia en la cualidad de la vida externa de uno, está en cortocircuito. Puede fulgurar por algún tiempo, pero a menos que dé como resultado el hallazgo de relaciones más ricas y amorosas con los demás seres humanos, o el cambio de las condiciones del mundo que causan el sufrimiento humano, es posible que la actividad de oración del individuo fracase.”

El concepto erróneo más común de todos es que la meditación es una forma religiosa de manipulación sicológica. Puede tener valor como medio para bajar la presión sanguínea o para aliviar la tensión. Incluso, puede ofrecernos algunos discernimientos significativos al ayudarnos a ponernos en contacto con nuestra mente subconciente. Pero la idea de un contacto real y de comunión con la esfera de existencia espiritual suena como algo anticientífico y vagamente irrazonable. Si piensas que vivimos en un universo puramente físico, considerarás la meditación como una buena manera para obtener un patrón de onda cerebral alpha. (La Meditación Trascendental intenta proyectar exactamente esta imagen, lo cual la hace sumamente atractiva para los hombres y las mujeres seculares). Pero si crees que vivimos en un universo creado por el Dios infinito y personal que se deleita en que nosotros tengamos comunión con él, entenderás la meditación como una comunicación entre el Amante y el ser amado. Eso fue lo que dijo Alberto el Grande con las siguientes palabras: “La contemplación de los santos es promovida por el amor del Ser a Quien contemplan: es decir, Dios”.”

Estos dos conceptos de meditación están completamente opuestos. El uno nos confina a una experiencia totalmente humana; el otro nos lanza a un encuentro de lo divino con lo humano. El uno habla acerca de la exploración del subconsciente; el otro se refiere a “reposar en Aquél a quien hemos hallado, quien nos ama, nos oye, viene a nosotros y nos acerca a él”.12 Los dos pueden parecer religiosos y aun usar la jerga religiosa, pero el primero, en último análisis, no puede hallar lugar para la realidad espiritual.

¿Cómo, entonces podemos llegar a creer en el mundo del espíritu? ¿Mediante la fe ciega? De ninguna manera. La realidad interna del mundo espiritual está disponible para todos los que estén dispuestos a buscarla. Con frecuencia he descubierto que aquellos que con tanta libertad desprestigian el mundo espiritual, nunca se han tomado ni siquiera diez minutos para investigar si tal mundo existe realmente o no. Como en cualquier otro empeño científico, nos formamos una hipótesis y experimentamos con ella para ver si es verdadera o no. Si nuestro primer experimento falla, no desesperemos, ni califiquemos todo el asunto de fraudulento. Volvamos a examinar nuestro procedimiento, y tal vez ajustemos la hipótesis y volvamos a hacer el experimento. Por lo menos, debiéramos tener la sinceridad de perseverar en este trabajo hasta el mismo punto en que lo haríamos en cualquier campo de la ciencia. El hecho de que muchísimos no estén dispuestos a hacer eso, no traiciona su inteligencia, sino su prejuicio.

Fuente: Alabanza a la Disciplina (extracto)

Escrito por: Richard J. Foster


Qué no es humildad

4 mayo 2015

Cómo los griegos antiguos, algunos sienten que la humildad es una característica negativa y que no es saludable para la persona. ¿No es importante la autoestima.? ¿No es necesario defender los derechos y buscar la superación? ¿No hay que realizarse en la vida? ¿No deben los demás reconocer nuestra posición y darnos el debido respeto? ¿Hemos de ser sirvientes de los demás? ¿No dice la Biblia que es correcto amarse a uno mismo? ¿No es cierto que si uno no se ama a sí mismo, no puede amar a otros? ¿No fue creado el hombre a la imagen de Dios? ¿No es un cristiano el “hijo del Rey de Reyes”? ¿No son estos conceptos el opuesto de la humildad? ¿Cómo podemos desenredar estos pensamientos y llegar a un concepto de la humildad que es bíblico y saludable para la persona?

Comenzamos diciendo que lo que Dios exige de nosotros nunca es malo para nosotros ni obstaculiza los buenos propósitos que él tiene para sus hijos. Cuando el mismo Jesús afirma que “soy manso y humilde de corazón” sabemos que no expresaba una postura pecaminosa o incorrecta. Tampoco olvidaba que había descendido de la gloria del cielo y que pronto regresaría allá para seguir siendo el Señor de la historia. Cuando la verdadera humildad se ve, es Cristo mismo manifestándose a través de nosotros.

Entonces, ¿cuál es el concepto equilibrado, correcto y saludable de la humildad? ¿Cómo podemos llegar a entender la humildad como una puerta por la cual Dios entra en las experiencias, por medio de su maravillosa gracia, para llenarlas con libertad, fortaleza, utilidad y regocijo?

Existen varias formas de la “humildad” que son falsas. No es la humildad la obsesión de ser el “mártir” y así ganar por lo menos la simpatía, si no la admiración de otros. Es decir, esa tendencia, a veces motivado por un sentido de culpa, de aceptar demasiados compromisos, estar en muchos comités, vivir por la adrenalina del activismo, tratar de llenar cada necesidad y aprovechar cada oportunidad de servicio o liderazgo.

La humildad no es sentirse la cansada, perseguida y patética victima de las circunstancias. No es ser el pesimista con un negativismo que flota constantemente sobre la cabeza como una nube negra. Tampoco es la humildad el criticarse a sí mismo y hablar de los errores y fracasos hasta que alguien nos contradiga y nos halague y así alimente el orgullo que habita los rincones del corazón.

La humildad no es el silencio que pretende comunicar que lo que pensamos no tiene valor. A veces el silencio es una manera de escondernos y mantenernos lejos de los demás. A veces el silencio cubre el orgullo que desde lejos critica a otros, los menosprecia y no se digna a entrar en comunicación con ellos como iguales.

Tampoco es humildad cuando un líder o miembro de una junta, tal vez por miedo de las consecuencias o por presiones de otros, evita la responsabilidad de mantener las normas de la Palabra de Dios. A veces es su responsabilidad hacer normas, tomar decisiones o corregir un error y esto requiere convicción, firmeza y valor. Estas cualidades no contradicen lo que es la verdadera humildad. En estas ocasiones la humildad se manifestará en la manera paciente, amorosa y cuidadosa de obedecer la convicción, como Pablo manda en Gálatas 6:1: “restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo….”. Compare también 2 Timoteo 2:24-25: “Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen….”.

El orgullo, la soberbia, el egocentrismo, la autonomía, la independencia y la autosuficiencia son el opuesto a la verdadera humildad. Cuando una persona tiene estas características, su autoestima viene del éxito externo—de la preparación que se ha logrado, de la posición que se ocupa, el aparente éxito de sus esfuerzos y del reconocimiento o admiración de otros.

La falta de humildad es ser absorbido en uno mismo. La trayectoria de la vida consiste de momentos de sentir éxito y satisfacción y otros momentos de sentir vergüenza o fracaso. Se hace hasta lo imposible para que haya más éxitos visibles y obvios y hayan menos motivos de vergüenza. El miedo al fracaso y la humillación puede ser el obstáculo que nos guarda de obedecer a Dios, de hacer el bien o de servir a otros como debemos hacerlo.

Las “falsas” humildades manifiestan la absorsión de una persona con uno mismo: “No me aman; no me valoran; no me tratan bien; no me dan mi lugar”. Alguien dice, “No puedo hacer nada bien”, significando que no se acepta a sí mismo con las capacidades y limitaciones que tiene”. Dice, “Soy un fracaso” significando que Dios no sabe lo que hace en estas circunstancias, no me hizo sabiamente o no puede usar mis fracasos para mi bien y el bien de otros.

La falta de humildad es justificarse a sí mismo para que no sienta culpa por un error. Es convencerse, y, a veces aclarar para otros que cualquier problema es la responsabilidad de otros. Cuando uno reconoce en su corazón que tiene culpa, el orgullo no permite que uno lo admita delante de otros. Cuando otros posiblemente no han reconocido lo especial que somos o de lo que sabemos o de lo que hemos hecho, es ayudarles a saberlo. Es pensar que uno merece cierto trato o privilegio o que no merece el trato o prueba que está sufriendo.

La falta de humildad es no sentir necesidad de consejo. Es no ser enseñable, especialmente si el que podría enseñarnos por sus palabras o su ejemplo es una persona menos preparada o menos exitosa. Es no sentir que tenemos necesidad de otros, así negando el valor del Cuerpo de Cristo y la variedad y diversidad de los dones espirituales. Es no querer trabajar en equipo porque pensamos que nuestras ideas son las mejores o porque tendríamos que reconocer que algunas ideas de otros son mejores.

La falta de humildad es un sentir de superioridad y autoridad personal por estar en cierta posición. Es sentir resentimientos y enojo cuando otros no muestran el respeto que se cree que se merece. El hombre humilde reconoce que la autoridad es siempre otorgada. Todo individuo está bajo autoridad. La autoridad siempre trae grandes responsabilidades de ejercerse con sabiduría, comprensión, amor para el bien de las personas y de la empresa, no para ensalzarse uno mismo.


La Humildad

20 abril 2015

Nabucodonosor fue un hombre de éxito, un rey poderoso y hábil, soberano del reino más grande y fuerte del mundo, arquitecto de la ciudad más bella de la antigüedad. Pero no había aprendido que Dios es la fuente del poder, la sabiduría, la autoridad y la belleza. “Paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?”

Conocemos la historia triste de este rey. Le fue quitado su reino, dejó de disfrutar de sus logros; su aspecto se volvió grotesco y salvaje y comió hierba como un animal. Nabucodonosor fue humillado. Pero, gracias a Dios, su historia no terminó allí. Alzó sus ojos al cielo y su razón le fue devuelta. Glorificó a Dios y publicó para todos los habitantes de su imperio lo que había aprendido: “Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano y le diga: ¿Qué haces?….todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia” (Daniel 4:29-37).

Pero la soberbia no comenzó con Nabucodonosor. Andrew Murray nos lleva a las raíces del problema:

Cuando la Serpiente Antigua, él que fue echado del cielo por su orgullo, cuya naturaleza entera como el diablo fue el orgullo, habló las palabras tentadoras en el oído de Eva, estas palabras llevaron consigo el verdadero veneno del infierno. Y cuando ella escuchó, y rindió su deseo y su voluntad a la esperanza de ser como Dios, conociendo el bien y el mal, el veneno entró en su alma y sangre y vida, destruyendo para siempre esa humildad bendita y la dependencia de Dios que hubiera sido nuestra felicidad eterna. Y, en su lugar, su vida y la vida de la raza que brotó de ella llegó a ser corrompida hasta su verdadera raíz con ese pecado y sus maldiciones más terribles, el veneno del orgullo de Satanás mismo. De cuya vileza el mundo ha sido el escenario, todas sus guerras y matanza entre las naciones, todo su egoísmo y sufrimiento, todas sus ambiciones y celos, todos sus corazones quebrantados y sus vidas amargadas, con su infelicidad diaria, tienen su origen en lo que este orgullo maldecido e infernal—o el nuestro, o el de otros—nos ha traído. ¡Es el orgullo que hizo necesaria la redención; es de nuestro orgullo que necesitamos sobre todo ser redimidos! Y nuestro entendimiento de la necesidad de la redención dependerá en gran parte de nuestro conocimiento de la naturaleza terrible del poder que ha entrado en nuestro ser. (Murray, páginas 17-18)

Había épocas cuando la modestia estaba de moda, pero esto no caracteriza nuestros días. No sólo los políticos quieren impresionar al mundo con sus habilidades, su sabiduría y sus logros. Cuando el deportista mete el gol, sigue la “danza de victoria”. Es común escuchar a los ministros contar lo que han logrado en su “servicio a Dios”. Un pastor escocés observa,

La mayoría de nosotros tenemos pequeños imperios—un dominio profesional, académico, comercial o eclesiástico en el cual nos creemos más significativos de lo que somos. Es fácil hablar de lo que hemos logrado, en vez de lo que Dios en Su bondad se ha dignado bendecir. Usamos lo que sucede en nuestro alrededor para alentar nuestro ego en vez de aprender la humildad. Tenemos que hacer guerra despiadadamente contra este monstruo. (Begg, página 157)

Dios exhortó por medio del profeta Jeremías:

No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el necio se alabe en sus riquezas. Mas alábese en eso el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová. (Jeremías 9:23-24)

Se dice que alguien preguntó a Tomás á Kempis por qué fue usado tanto por Dios. El contestó, “Sólo puedo asumir que Dios miró desde el cielo para hallar la criatura más pequeña y más insignificante y, viéndome a mí, Él me recogió y me usó”. Charles Colson, consejero de un ex-presidente de los Estados Unidos, observa:

No hay nada que distingue más los reinos humanos del reino de Dios que sus conceptos del ejercicio del poder, que son totalmente opuestos. Uno busca controlar a la gente, el otro busca servir a la gente; uno se promueve a sí mismo, el otro se postra a sí mismo; uno busca prestigio y posición, el otro levanta al humilde y el despreciado…. El poder es como agua salada; con más que se tome, más sed se tiene. La seducción del poder puede separar al cristiano más fiel de la verdadera naturaleza del liderazgo cristiano, que es servir a otros. Es difícil pararse sobre un pedestal y, a la vez, lavar los pies de los que están abajo.

No debemos pensar que el orgullo es la tentación de sólo los grandes y exitosos. El orgullo es la raíz de los resentimientos cuando no nos tratan como creemos que merecemos o cuando sentimos que han violado un derecho. La ira brota cuando otro ha frustrado algún plan o propósito personal.

Murray menciona como frutos del orgullo; la falta de amor, la indiferencia a las necesidades, los sentimientos y las debilidades de otros, la tendencia de crítica, juzgar y atacar, la mayoría de las manifestaciones de molestia y enojo, la hipersensibilidad y los sentimientos de amargura y alienación, el hambre de la gloria y el reconocimiento de otros. Todo esto brota del corazón que cree que su propia comodidad, dignidad, voluntad y opinión es un valor mayor.

Veamos el valor que Dios le da al espíritu de humildad y de servicio:

Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. Salmo 51:17

Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; mas con los humildes está la sabiduría. Proverbios 11:2

Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies….Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra. Isaías 66:1-2

Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Mateo 18:4-5

Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Marcos 10:45

Entonces, entraron en discusión sobre quien de ellos sería el mayor….Y les dijo: Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mi me recibe; y cualquiera que me recibe a mi, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande. Lucas 9:46, 48

Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba….Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. Lucas 14:10-11

Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor. Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas…mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, el que dirige, como el que sirve. Porque ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve. Lucas 22: 24-26

Pues si yo, el señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. Juan 13:14-15

[Al contrastar al fariseo con el publicano, Jesús dijo:] Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. Lucas 18:14.

Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra prefiriéndoos los unos a los otros. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. Romanos 12: 10, 16

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 1 Corintios 13:4

A mí que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo. Efesios 3:8

Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz…. Efesios 4:2-3

Someteos los unos a los otros en el temor de Dios. Efesios 5:21

Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús…y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Filipenses 2:3-5, 8

Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros… Colosenses 3:12-13

Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta… Hebreos 13:17

Por causa del Señor someteos a toda institución humana… Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos….

Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas…quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente…

Asimismo, vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos…. 1 Pedro. 2:13, 18, 21, 23; 3:1

Igualmente jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo…. 1 Pedro 5:5-6 (Véase también Isaías 57:15; Mateo 23:11; Mateo 11:29; Gálatas 6:3; 1 Timoteo 1:15.)


Victoriosos y con Esperanza

20 marzo 2013

¡Qué bueno que podamos pensar y reflexionar en la Palabra de Dios, en el amor del Señor! 

Recuerdo que desde mi tierna infancia los problemas de violencia, de alcoholismo que justamente luego acarreaban muchos problemas familiares, hacían que luego se dijera: vamos a empezar de nuevo.

Y, mi padre le decía a mi madre: vamos a empezar de nuevo. Y muchos dicen: vamos a empezar de nuevo, vamos a empezar de cero. Pasa que muchas veces no es posible empezar de cero, no es posible empezar de nuevo porque el tiempo las reiteraciones de los problemas, de las frustraciones, de las reincidencias, de los actos violentos, de los pecados, contra los otros hacen imposible, prácticamente imposible poder comenzar de nuevo.

Solamente hay una forma que traza la palabra de Dios, en la que nosotros podemos realmente, empezar de nuevo, y esto es, a través de un nuevo nacimiento. En el libro del profeta Oseas, en el capítulo 14, en los primeros 7 versículos de este capítulo, el profeta le dice a Israel:

Vuelve, oh Israel, a Jehová tu Dios; porque por tu pecado has caído. Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios. No nos librará el asirio; no montaremos en caballos, ni nunca más diremos a la obra de nuestras manos: Dioses nuestros; porque en ti el huérfano alcanzará misericordia. Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos. Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano. Volverán y se sentarán bajo su sombra; serán vivificados como trigo, y florecerán como la vid; su olor será como de vino del Líbano.

Hay algo tremendo que se puede deducir de este pasaje y de todo el entorno de la Palabra de Dios, hay una verdad muy importante en la Biblia. El pecado indudablemente nos envejece. El pecado hace que nosotros perdamos la inocencia, nos cubre de vergüenza, nos cubre de pena. Muchas personas en menor ó mayor grado, de acuerdo a la altura de la vida que han pasado, y que han transitado, dependiendo del contexto familiar, educacional, todos hemos perdido la inocencia. La vergüenza nos cubre.

Mucha gente vive derrotada, sin ilusión. Las personas viven comprobando día a Día que están derrotados! Ellos se deprimen. Hoy día, en pleno siglo y con todos los recursos científicos, con todos los adelantos, y progresos de la ciencia y tecnología, cada día, aumenta masivamente, la depresión, angustia, enfermedad, que lleva a que hoy, verdaderas multitudes, no soporten la verguenza y la pena de su corazón.

No soportan que no puedan alcanzar lo que desean y que tienen que recurrir a la drogadicción, a la dependencia de medicación especial, a los ansiolíticos. Y, tantas otras cosas para poder sobrevivir, para poder seguir caminando, para poder seguir deambulando por este mundo. Y esa persona no puede sentirse limpia de nuevo. Porque justamente a causa de ese pecado que nos envejece podemos emplear palabras de súplica y este es el punto de que las personas no saben dirigir bien su súplica.

Las personas generalmente suplican a los hombres, suplican al psiquiatra, suplican al pastor al sacerdote pero debemos suplicar, suplicar a Dios. Dios ha hecho todo lo que él ha hecho para salvarnos. Ahora nos toca a nosotros suplicar su perdón por nuestro pecado. A él es que nosotros debemos acercarnos en verdadera súplica y no a otros. Muchas personas tratan de descargarse confesando sus pecados a profesionales de la salud ó profesionales religiosos. Ellos no logran sentir un alivio. Pasa un rato de acuerdo al estado anímico y vuelve a sentir el mismo desasosiego.

La misma carga está allí, no se ha movido. Hoy también se trata el tema del control mental, auto convencimiento, pero así, aún no logras la paz. No logras la limpieza interior, tienes que clamar y tienes que suplicar a Dios. Tienes que abandonar el pecado y seguir a Dios con todo tu corazón y sino todas tus palabras son vanas.

Demasiado hablamos a los hombres, de masiado hablamos a Dios. Le decimos muchas cosas pero no estamos dispuestos a dejar nuestra vida de pecado y esto no tiene sentido.

El amor como la obediencia, como la sumisión, no es solamente de palabras sino de hechos. A veces Dios no escucha nuestras súplicas porque nuestras acciones no se lo permiten oír. Nosotros lo apabullamos de palabras de súplicas ó a veces de promesas vanas que no cumplimos.

También vemos que muchas personas, como lo dice aquel pasaje, buscan soluciones inadecuadas al pecado. Aquel profeta hace referencia, a que mucha busca soluciones en los ídolos que hacen nuestras manos. Muchas personas buscan alivio en un objeto, hecho por manos de hombres, le hablan a la estatua, y le hablan al ídolo, pensando ser aliviados.

Piensan también que sus buenas obras, le pueden llevar al perdón de sus pecados. Las buenas obras son un producto de la vida nueva. No el contrario. Dios nos perdona por su gracia y por su amor, no por lo que nosotros podamos merecer. El perdón es el resultado de la gracia de Dios, la Biblia dice que Dios nos ama y que no desea ver a nadie caminando hacia el infierno. Dios dio a su hijo Jesucristo para abrirnos el camino de la salvación para abrirnos el camino a la vida eterna. Y la Biblia dice que la vida nueva trae gozo ¡claro que sí porque hay gozo y paz al experimentar el perdón de Dios. Hay gozo y paz al experimentar este eterno perdón y él nos ofrece este nuevo nacimiento.

Él ya cumplió su parte él ya hizo todo lo que tenía que hacer. Envió a su hijo al mundo para que muriera en la cruz por nosotros y derramara su sangre limpia y sin pecado por nosotros, satisfaciendo la justicia divina y, si nosotros creemos en él, si lo aceptamos si lo seguimos y lo obedecemos, experimentaremos la vida eterna. Yo deseo con todo mi corazón que tú puedas renunciar a todas esas muletas para tener gozo, perdón y vengas a Jesucristo con todo tu corazón, y creas en su perdón porque la Biblia dice porque si confesamos nuestros pecados él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Que Dios te bendiga.

Autor: Herman Hartwich

Fuente: Llamada de Medianoche


El Ayuno Cristiano

18 abril 2012

Disciplina espiritual en la que voluntariamente renunciamos a ciertos alimentos por un lapso de tiempo, con el propósito de librarnos de las cosas del mundo y para centrar todo nuestro corazón en Dios.

¿Qué significa ayunar?

Es la práctica de limitar el consumo de alimentos o bebidas.

¿Qué dice la Palabra?

En la Palabra no hay un mandamiento establecido en el que se nos ordene ayunar, sin embargo se presenta el ayuno como algo bueno, beneficioso y que debemos practicar. El ayuno debe ir acompañado de la oración Un ejemplo de esto es al momento de tomar decisiones importantes. En el libro de los Hechos los ancianos y maestros de las iglesias, después de haber ayunado y orado les pusieron las manos y despidieron a Bernabé y a Pablo a su primer viaje misionero (Hechos 13:1-4).

El ayuno en el Antiguo Testamento (Tradición judía)

  1. Jehová ordena un día de ayuno para expiación y purificación (Levítico 16:29-30).
  2. El pueblo en signo de arrepentimiento (Joel 2:12).
  3. Moisés en preparación para las manifestaciones en el monte Sinaí (Éxodo 34:28).
  4. Poder de intercesión Moisés (Deuteronomio 10:10).
  5. Jonás ante el anuncio de la futura destrucción de Nínive (Jonás 3:7).
  6. David ante la persecución injusta (Salmos 35:13).
  7. Para lograr auxilio de Jehová ayunar hasta debilitarse las rodillas (Salmos 109:24).
  8. Ester para evitar la agresión y defender a su pueblo (Ester 4:16).

El ayuno en el Nuevo Testamento

  1. Ana con insistencia (Lucas 2:37).
  2. En preparación para poner manos (Hechos 13:3).
  3. Ancianos y maestros para encomendar a alguien a Dios (Hechos 14:23).
  4. Para completar las tribulaciones de Jesucristo (colosenses 3).
  5. Para ser vencedores (1 Corintios 9:25).
  6. Para poder vencer la carne (Gálatas 5:17).

Los frutos del ayuno

  • Nos llevan a la libertad de nuestra mente, corazón y nos conduce hacia la paz.
  • Nos fortalece, estabiliza y desarrolla el auto-control (fruto del Espíritu Santo).
  • Nos hace reconocer nuestra debilidad y la dependencia que tenemos de Dios.
  • Edifica nuestra vida.
  • Nos ayuda a eliminar los excesos de nuestro diario vivir con el fin de tener mas tiempo para Dios.

Conclusión:

El ayuno no debe hacerse con el propósito de castigar el cuerpo, ni con la intención de que Dios haga lo que deseamos, ni para demostrar que somos más espirituales que otras personas, sino por el contrario para estar más centrados en Cristo, para cambiar ciertas actitudes y debe hacerse en un espíritu de humildad y con alegría. La Palabra en Mateo 6:16-18 declara lo siguiente: “Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas, que aparentan tristeza para que la gente vea que están ayunando. Les aseguro que con eso ya tienen su premio.  Tú, cuando ayunes, lávate la cara y arréglate bien,para que la gente no note que estás ayunando. Solamente lo notará tu Padre, que está en lo oculto, y tu Padre que ve en lo oculto te dará tu recompensa”.

Metas:

Espero que esto les ayude a entender más por qué nosotros los cristianos debemos ayunar y los motive a practicarlo. De como tenemos la obligación de dedicar tiempo para intimidar con Dios mediante esta herramienta del “Ayuno y oración” para poder fortalecer nuestra vida cristiana. También para lograr un grado de madurez espiritual y como ser humano. Dios te bendiga y recuerda.

Por William A Rivera

Fuente: Reflexiones Cristianas

 


Examinarnos a nosotros mismos

11 noviembre 2010

Lectura Bíblica: 1 Co. 11:28, 31

Otra versión traduce el versículo 28 como “examínese cada uno a sí mismo”
Examinar (diccionario): inquirir, investigar, indagar, escudriñar, analizar alguna cosa. Reconocer, registrar minuciosamente, mirar con atención alguna cosa.
Este pasaje habla de la Cena del Señor, pero el hecho de examinarnos puede aplicarse a nuestra vida en general, acerca de lo cual veremos varios aspectos.
¿Para que sirve un autoexamen? Para conocernos. Jer. 17:9 “Engañoso es el corazón, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Aún nosotros mismos podemos caer en el engaño de nuestro propio corazón. Un autoexamen proporciona el conocimiento necesario acerca de nosotros mismos para cambiar aquello que no esté de acuerdo a la voluntad de Dios.

1. Examinar nuestra compañía: Sal. 1

Como seres que viven en una sociedad, necesariamente debemos compartir tiempo con otras personas.

¿Qué opciones tenemos al elegir nuestra compañía? Inconversos o creyentes. De cada uno hay diferentes clases. ¿Cuál deberíamos elegir cuando exista la posibilidad de hacerlo? Aquel que comparta nuestras metas cristianas, y que nos ayude a crecer.

Ahora, ¿Cuál preferimos? Es parte de nuestro autoexamen. Acerca de esto hemos escuchado que quien dice “tengo mejores amigos en el mundo que en la iglesia”.
David cuenta su experiencia en el Salmo 26.

1 Co. 15:33 “Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”.

Hch. 2:42-44 “tenían en común todas las cosas”

Un autoexamen debe incluir una voluntad dispuesta a arreglar lo que esté mal, incluyendo el hecho de dejar aquellas personas que resulten negativas a nuestra vida cristiana. Pr. 1:10-15 “no andes” “aparta tu pie” Suena un poco exagerado lo que proponen estas personas, pero ¿no escuchamos propuestas que invitan a dejar la voluntad de Dios?

Pr. 13:20 “el que anda con sabios, sabio será; pero el que se junta con necios será quebrantado”

2. Examinar nuestros hábitos

Hábito: Costumbre, facilidad adquirida por la constante práctica.

La Biblia menciona que algunas actitudes pueden volverse un hábito, es decir, algo que hacemos naturalmente y quizá sin darnos cuenta de que está mal.

El hábito de no congregarse: Heb 10:25 “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre”.

El hábito de ser contencioso: 1 Co. 11:16 “si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.”

El hábito del amor al dinero: Heb 13:5 “sean vuestras costumbres sin avaricia” 1 Ti. 6:10 “el amor al dinero es la raíz de todos los males”

¡Qué bueno sería que en nosotros, con la ayuda de Dios, se forme el hábito de asistir a todas las reuniones, o el de no ser contenciosos!

Un autoexamen de nuestras costumbres posiblemente revelará muchas actitudes contrarias a la voluntad de Dios. 2 Re. 17:38-40 “no escucharon, antes bien hicieron según su costumbre antigua”

3. Examinar nuestros pensamientos

Nuestras compañías y nuestras costumbres pueden ser observadas por otras personas, pero los pensamientos son algo tan personal que sólo Dios y nosotros los conocemos.

¿Qué resultado ofrece un autoexamen de nuestros pensamientos? Fil. 4:8 ¿Están nuestros pensamientos de acuerdo a lo dicho por Pablo en este texto?

Mar. 7:21 El origen de los malos pensamientos es el corazón. Sal. 51:10 “crea en mí un corazón puro”

Ef. 4:23 El Espíritu Santo desea que le otorguemos control sobre nuestra mente para cambiar nuestra mente de forma que pensemos desde el punto de vista de Dios y no desde el del mundo. Tenemos la mente de Cristo (1 Co. 2:16)

Pr. 16:3 “Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados.”

Col. 3:2, versión RVA: “Ocupad la mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra.”
“Engañoso es el corazón. ¿Quién lo conocerá? Yo Jehová” Dios conoce nuestro corazón, y bien podríamos tener la predisposición del salmista en el salmo 139:1-3,17,18,23,24

4. Examinar nuestros afectos

¿Qué es lo que más queremos?

1 Jn. 2:15 “no améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo”

Es probable que dediquemos mayor tiempo a aquellas actividades o personas objeto de nuestro afecto.

Ro. 8:6: “el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”

Mt. 6:24 “Ninguno puede servir a dos señores…”

Lc 12:34: “donde esté vuestro tesoro, estará vuestro corazón” ¿Cuál es nuestro tesoro, las riquezas celestiales y la herencia de Cristo o las cosas pasajeras de este mundo?

Lc. 9:59-62 (te seguiré, pero…) ¿Hay peros en nuestra vida para con el Señor? Entonces nuestros afectos necesitan un cambio de prioridad.

1 Jn. 5:4 La fe vence al mundo. à Vivamos por fe.

5. Examinar nuestros motivos

¿Para qué hacemos las cosas? ¿Cuál es la intención? 1 Co. 10:31, Col 3:23 Hacerlo todo para la gloria de Dios y en el nombre del Señor Jesús. ¿Podríamos realizar cada actividad que tenemos pensando en que lo hacemos para Dios? ¿Cuántas de nuestras actitudes son incompatibles con este pensamiento?

Ef. 6:6,7: “de corazón haciendo la voluntad de Dios”

2 Cr.31:20,21 (Ejemplo de Ezequías)

Fuente: Siguiendo sus pisadas


Aprendamos a aceptar el No de Dios

10 noviembre 2010

“…pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya” Lucas 22:42b (Nueva Versión Internacional) Has estado clamando por eso, la respuesta no llega, el tiempo pasa y la desesperación aparece, la duda hace acto de presencia y cuando al fin la respuesta parece que llegara, lo hace de la forma que no queríamos. Seguro esperabas un SI, quizá creías que las cosas se darían como las habías pensado, pero no se dieron de esa manera, porque la respuesta de Dios era otra y el NO era lo que Él creía más conveniente para ti.

Ahora hay un debate en tu mente, preguntas como: ¿Por qué no me lo dio?, ¿No creo que no sea su voluntad esto?, ¿Por qué no lo permitiste?, y parece ser que el máximo responsable de que las cosas no se dieran como tú querías es DIOS, como que si hubiera hecho algo malo. Por un momento es hasta normal que te sientas molesto, si lo es, porque eres humano y nuestra visión está limitada a las cosas que nada mas vemos físicamente. Pero Dios ve las cosas desde otra perspectiva, Dios tiene una amplia visión de tu vida y de todo lo que El quiere para ti, porque El es tu Padre y te ama y un Padre que ama a su hijo, siempre querrá lo mejor para el. Hay algo que seguramente no sabes o que quizá quieres evitar pensar o creer, y es El hecho de que Dios siempre tiene la razón, que El jamás te dará algo que sabe que te puede afectar, algo que te hará decaer o que te hará que te alejes de Él, por tal razón aun cuando no entiendas lo que estas pasando o el porqué de ese NO de Dios, debes estar seguro que bajo sus alas estas protegido, que si Dios dijo NO es porque El sabe que es lo mejor para tu vida. No trates de analizar el porqué del NO, simplemente acéptalo como una bendición, como una respuesta de Dios y sobre todo como la mejor respuesta que podías obtener porque si no fue como tú querías, es porque Dios que ve más allá de lo que nuestros ojos ven, vio que no era lo mejor para ti, aun cuando aparentemente tendría que haber sido un SI. Es bueno que aprendamos a aceptar los NO de Dios, sin la necesidad de reclamar, de enojarnos o de alejarnos de Él. No es posible que aceptemos todos los SI con un enorme gozo y que los NO los aceptemos con tristeza. Aprendamos a que si Dios dice: “NO” es porque esa era la mejor respuesta que podíamos recibir. Todo lo que viene de Dios es perfecto, por lo tanto seamos humildes, sujetos y obedientes a todas las respuestas que El nos dé y sin hacer preguntas o reclamos aceptemos su PERFECTA voluntad.

¡Señor quiero aceptar todas tus respuestas!

Autor: Enrique Monterroza

Fuente: Reflexiones Cristianas