Palabras bíblicas sobre las relaciones sexuales sin Dios

22 marzo 2012

La sexualidad es como un fuego. ¿Qué ocurre cuando ese fuego se sale fuera de control? En todo el mundo arde este fuego de una manera incorrecta. Tan pronto como queda suelto, no reconoce límites, ni clases, ni rangos, ni posiciones. El mismo infierno alimenta esta llama con el combustible de las historias impuras, los libros indecentes, las imaginaciones obscenas.

Este capítulo también pudiera titularse: “Sueños en llamas”. Eso es lo que hace el pecado de la inmoralidad sexual. Puede tomar a una bella chica y convertirla en una consumada y enferma prostituta. Puede tomar a un hombre y hacerlo peor que un animal. Puede tomar tus sueños y convertirlos en llamas; puede quitarte todo lo que esperas y dejarte sin nada, sino humo, ceniza y una vida quemada.

Algunos saben esto por amarga experiencia. Gracias a Dios que a los discípulos de Jesús que ya han sufrido de este fuego, Dios les da la promesa de que les dará “gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado…” (Isaías 61:3).

¿Sabes por qué se arruinan muchos matrimonios? Reduce todo a las razones fundamentales y tendrás dos: las personas se casan demasiado jóvenes, ose han involucrado en alguna forma de relación sexual antes del matrimonio que los perjudica posteriormente. Un fuego da calor y es maravilloso en una noche fría en una hoguera que esté bajo control; pero el mismo fuego, si se deja libre, también puede quemar tu propia casa. No hay diferencia entre el fuego que conforta y el que mata; es la misma llama. Cuando nos ofrece ayuda es porque arde en el lugar que le corresponde, bajo control y en tiempo oportuno; cuando daña es porque está en el lugar que no le corresponde, en el tiempo no apropiado y fuera de control.

Cuando los enamorados hablan por primera vez sobre el tema sexual, existe la tentación común de querer experimentar con las facultades o capacidades sexuales. Las madres que empujan a sus pequeñas hijas a actuar como si fueran grandes y que pasan sus horas libres buscando la manera de que sus hijas sean populares con los varones, no les ayudan. A menudo la misma madre es la que se sobresalta y se ofende cuando su pequeñita de 14 años de edad regresa a la casa embarazada y llena de lágrimas, por cuanto se hizo demasiado popular con los varones.

El hecho de comenzar a tener novio demasiado pronto ha servido como fundamento para muchos divorcios. Es agradable saber que, si tienes un lugar especial al cual ir, siempre estará allí Fulana o Sutana; pero grandes problemas comienzan cuando los dos pasan tanto tiempo solos que les llega la tentación de abandonar las normas y el código moral. Hubo un tiempo en que los padres no permitían que sus muchachos se metieran en situaciones de esta naturaleza. Respetaban tanto la química sexual que daban a sus muchachos una disciplina estricta y un tiempo limitado para estar con sus amigos o amigas.

Esta es una historia antigua: la familiaridad trae desacato. Los dos pueden llegar a familiarizarse demasiado el uno con el otro. Pueden transferir esto a sus cuerpos, encender la llama, bajar la guardia, disminuir las normas morales, y caerán directamente en dificultades. Y es demasiado fácil dar excusas por el pecado cuando confundes la atracción sexual con el amor. Puedes hallarte cargado de responsabilidades antes que estés preparado para manejarlas.

He aquí un consejo para los que siempre van en compañía de cierta persona del otro sexo: ¡No lo hagan! No hagan eso a menos que estén realmente enamorados; no lo hagan, a menos que los dos estén pensando seriamente en casarse, a menos que tú, muchacho, estés dispuesto a ser marido y proveedor; y tú, señorita, esposa y madre. No hagan eso, pues hay la posibilidad de que se metan en dificultades. El hecho de apegarse demasiado en esta forma es una de las grandes razones por las cuales muchas chicas se casan demasiado jóvenes. Encienden un fuego que no pueden honorablemente apagar, y por su propio sentimiento de culpa son empujadas hacia el matrimonio, el cual termina antes de empezar. Si te casas demasiado joven, por la presión de una experiencia sexual adelantada, tendrás toda posibilidad de acabar con tu matrimonio, con tu hogar y con tu felicidad. La sexualidad y el matrimonio no son juegos de niños. Pasa tiempo como amigo o amiga de muchos hermanos y hermanas en Jesús. Mantente alejado de apegos exclusivos no saludables.

Hay una regla sana que es la siguiente: No te “comprometas físicamente” con nadie en ninguna manera que pudiera afectar tu futuro matrimonio con esa persona. Ahora bien, ¿qué significa eso? ¿Hasta dónde se puede decir que es demasiado? La Biblia usa palabras que nos dicen exactamente hasta dónde es demasiado.

Muchos discípulos de Jesús que han estado en las calles y han conocido la condenación del pecado sexual saben por experiencia lo que pudiera violar su nueva vida en Jesús. Pero también es bueno saber que Dios no nos ha dejado en la oscuridad en este sentido. La Biblia tiene tres palabras que definen exactamente el punto en que comienzan los problemas sexuales, mucho antes que se cometa la fornicación, o el adulterio o la perversión sexual. Son palabras difíciles, y ésta es la razón por la cual algunas personas de Jesús no las estudian y algunos predicadores no las usan. Estas palabras son lascivia, concupiscencia y engaño o fraude. Ahora, no pierdas la calma. Cada una de ellas está cargada de significado y de ayuda. Nos dicen dónde comienza el mal que va a parar en actos reales de inmoralidad. A continuación, expongo lo que significan y dónde se hallan en la Biblia.

1. Lascivia. Cuando se usa con sentido sexual significa hacer la decisión de dejar que la atracción sexual opere fuera de los límites de Dios en el matrimonio. Cualquier pensamiento o acción que hagas intencionalmente y que te estimule sexualmente cuando tal deseo no puede ser expresado correctamente en el matrimonio, es el pecado de lascivia. Es una decisión de tu voluntad. La Biblia nos dice que la lascivia no procede de la tentación externa, sino del corazón. Ningún cuadro, ni libro, ni persona que te estimule sexualmente puede hacerte lascivo. Si te enfrentas con una tentación al ver alguna de estas cosas o personas, ese deseo no es pecado en sí. La palabra lascivia simplemente significa un deseo muy fuerte. En el original, la usó el Señor Jesús cuando habló del deseo que tenía de comer la pascua con sus discípulos: y Pablo, cuando habló de su anhelo de morir y estar presente con el Señor (Lucas 22:15; Filipenses 1:23). Pero los fuertes deseos se vuelven pecados cuando decidimos dejarnos atraer por ellos.

¿Hasta dónde es demasiado? La Biblia nos da esta respuesta en la palabra lascivia: cualquier cosa que comience a atraerte sexualmente cuando no puedes darte el lujo de ser atraído. Demasiado es cualquier cosa que estimule el deseo sexual en tu corazón fuera de los caminos de Dios. El besuqueo se ha definido como “un intercambio de besos y caricias, manteniendo ambos los pies en el piso, y las manos bajo control”. Si el besuqueo te atrae sexualmente, entonces es malo para ti. Sé que hay discípulos de Jesús que se abrazan mutuamente, y en ello no hay nada malo; pero hay otros chicos que no pueden ni siquiera mirar a una persona del sexo opuesto, sin pecar. Dios conoce tu corazón. Recuerda que es pecado ante los ojos de Dios el hacer la decisión de corazón de estimular tu deseo sexual, cuando sabes que no puedes continuar con ello y permanecer rectamente delante del Señor. Esta es la razón por la cual la masturbación es mala delante de Dios; simplemente es una expresión de lascivia.

2. Concupiscencia. Esta es una de las palabras difíciles de la Biblia con respecto a las dificultades de lo sexual. Simplemente significa caer en un deseo físico vehemente de satisfacción sexual. Es un estado sobreexcitado de enfoque sexual; es estar tan apegado a lo sexual que la mente de uno se mantiene volviendo vez tras vez a él. Es ser tan atraído sexualmente que uno no puede cortar el asunto. La Biblia algunas veces traduce este término mediante las palabras “codicia” o “codiciar”. Esta fue la palabra que Jesús usó cuando dijo: “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:28).

La concupiscencia ocurre cuando el fuego sexual comienza realmente a arder fuera de control. Es lo que hace que una mujer desfile delante de los hombres, y tenga en los ojos un aviso: “Para la venta a bajo precio. Levemente usada”. Es lo que hace que el hombre le saque una radiografía a toda mujer que pasa.

La concupiscencia no es cosa liviana delante de Dios. La Biblia nos dice que es uno de los pecados que él juzgará en su ira (Colosenses 3:5, 6). No debemos dejar que nuestros cuerpos sean atrapados por ella, “como los gentiles que no conocen a Dios” (1 Tesalonicenses 4:5).

La lascivia conduce a la concupiscencia. Un poco de leve besuqueo puede conducir a muchas caricias atrevidas. Y no te hará ningún bien el pedirle a Dios que te quite el deseo sexual, si todo el tiempo mantienes el fuego ardiendo. Dios hizo el sexo. Fue idea suya. Pero puso su control bajo tu voluntad, y espera que tú le rindas esa voluntad a él. En realidad, él no puede quitarte los sentimientos sexuales, así como no puede desear hacer de ti un ser que no sea hombre o que no sea mujer. La sexualidad es como una bomba de tiempo. La mecha se enciende con el besuqueo y se agota más con las caricias. Las caricias son el preludio a las relaciones sexuales completas. Eso es algo que sólo está reservado para el amor y la entrega responsable dentro del matrimonio. Mucho antes del acto sexual puedes quebrantar la ley de Dios con la lascivia y la concupiscencia.

No acaricies de ninguna manera. Ni siquiera comiences. Si ya comenzaste, deja eso antes que empeore. Las caricias agregarán algo a tu vida, eso es cierto. Agregarán culpa y vergüenza. Agregarán suciedad a tu nombre. También pueden quitar algo. Si eres una señorita, te pueden quitar a tu novio, porque después que te hayas pasado de lo que debes, él puede decidir que eres demasiado barata, y dejarte. Pueden quitarte tu virginidad y conducirte al embarazo, destrozar los corazones de tus padres y hacer que te cases muy temprano, demasiado pronto o con la persona que no te corresponde. Dios ha reservado las caricias y el juego sexual para el matrimonio, y sólo para el matrimonio. ¡Si quieres meterte en problemas, sigue adelante! Pero está preparada para formar parte de las estadísticas de la tragedia. Y recuerda esto: ninguna persona sexualmente inmoral caminará con vestidura blanca junto con la nueva familia de Dios. Ningún verdadero discípulo de Jesús es esclavo del pecado sexual.

3. Engaño. Algunas veces el engaño se llama “fraude”, y engañar en algunos casos es sinónimo de defraudar. Sirve para definir el pecado sexual que comienza cuando en él envuelves a otra persona. Simplemente significa atraer sexualmente cuando sabes que no puedes llevar eso a cabo sin meterte en dificultades. La palabra original significa “sacar provecho de”, o pasivamente, “serle tomada ventaja a uno”. Cuando te dedicas a capturar los sentimientos o afectos de alguien, cuando intencionalmente decides que tal persona se enamore de ti, de tal modo que puedas utilizarla en forma egoísta, la engañas. Ni siquiera tienes que involucrar sexualmente a dicha persona para engañarla.

Es posible que un discípulo de Jesús, de manera profundamente inadvertida, le haga a un hermano o a una hermana en la fe el mal de darle la impresión de que está enamorado de él o de ella, según sea el caso, con algo más que amor fraternal. Cualquier cosa que hagas para dar la impresión de que estás enamorado, cuando sabes que no puedes llevar a término ese amor, es un engaño.

Pero si se usa en el sentido sexual, engañar significa hacer acciones que atraigan a alguno, cuando sabes muy bien que no es correcto hacerlo. No puedes aprovecharte de la confianza y del afecto de otro, sin que te metas en profundas dificultades con Dios. Él dice “que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. Pues no nos ha llamado —Dios a inmundicia, sino a santificación” (1 Tesalonicenses 4:6).

No permitas que el fuego arda fuera de los controles y límites de Dios. No podrás detenerlo, y te quemará horrible y profundamente. Las actividades sexuales sin Dios están llenas de profundos peligros. Si te -metes en ellas, no sólo te meterás y meterás a otros en problemas, sino que también estarás en profundas dificultades con Dios. El pecado sexual tiene horribles castigos. Pregunta esto a cualquier discípulo de Jesús que ya haya estado allí alguna vez. Una vez que te involucres en eso, el único que puede sacarte de este fuego es Dios, y aun entonces te quedarán cicatrices que nunca podrás borrar.

Estamos compartiendo principios bíblicos para el adolescente,  esto es un extracto del libro “El Joven y sus dilemas” de Winkie  Pratney.

Anuncios

El propósito del amor y del sexo en el adolescente

12 octubre 2011

“Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, v los dos serán una sola carne” (Mateo
19:5).

Dios creó el sexo y ordenó lo relativo a él. La sexualidad no es mala ni impía. La Biblia no vacila en alabar los regocijos del amor sexual concedido por Dios y bendecido por él dentro del matrimonio. El sexo es idea de Dios. ¡Él lo hizo! Es un símbolo terrenal de muchísimas cosas que son preciosas y sagradas para él, tal como se nos indica en la Biblia. El matrimonio es el símbolo de algunas de las profundas y bellas verdades de la Escritura.

Estudia la relación de Cristo con su iglesia y verás un cuadro celestial del matrimonio ideal en la tierra. La esposa abandona su propio nombre, y toma el de su marido. Ella funde su vida con la de él; lo reconoce como su cabeza, y lo considera como su soporte, protector y guía. Ella dedica toda su vida a la felicidad de él y cumple la voluntad de él por amor. Ella naturalmente espera que su marido la proteja de lesiones, de insultos y satisfaga sus necesidades. Ella basa su felicidad en él y espera que la proteja; y él está obligado a hacer eso. La reputación de ellos llega a ser una; sus intereses se convierten en uno; lo que afecta el carácter o la reputación de ella, lo afecta a él en el mismo sentido.

El marido fiel ama, aprecia y honra a su mujer; dedica tiempo, trabajo y talentos para promover los intereses de su esposa. Y el marido fiel es celoso del buen nombre de su esposa, y siente profundamente cuando los sentimientos o la reputación de ella son ofendidos. El Señor Jesús es símbolo perfecto de un marido fiel; su verdadera iglesia, compuesta por todos los reales discípulos de Jesús, es el modelo perfecto de su amante esposa.

De igual manera, la familia cristiana es el modelo terrenal del anhelo que tiene Dios de una familia celestial de hijos e hijas que dominen y reinen con él. En el lugar que Dios le designó, el amor sexual es la relación más bella que existe sobre la tierra. Es el don especial de Dios para mostrarnos simbólicamente su propósito final para el hombre: que esté en la casa del Padre y con la familia de él, viviendo en amor y compañerismo con él y los unos con los otros para siempre (1 Juan 3:1, 2).

Por el hecho de que Dios hizo que en los seres humanos la sexualidad tuviera una relación especial, estableció diferencias definidas entre las inclinaciones sexuales de los animales y del hombre. La reproducción animal se excita mediante leyes automáticas de instinto que operan en determinadas épocas del año. En estas cópulas sexuales no hay amor; sólo existen ciegos deseos instintivos.

El deseo humano del amor sexual y de tener hijos es algo muy diferente. No es automático. Fue colocado por el Creador bajo el dominio de nuestras voluntades y pensamientos humanos. Lo diseñó para que se despierte y funcione bajo nuestro control. En los primeros años, esta fuerza yace escondida de nuestra atención. A medida que crecemos más y más, se convierte en una fuerte energía en nuestras vidas que puede ser canalizada hacia una vida creadora y de regocijo, aunque no estemos casados ni usemos su potencialidad de una manera sexual.

El sexo nos fue dado por dos razones físicas principales: para preservar la raza mediante una relación en que hombres y mujeres traen hijos al mundo (Salmo 127:3-5), y como fuente de profundo placer espiritual y físico entre el marido y su mujer (Mateo 19:4-6; Génesis 2:24, 25; 24:67; Eclesiastés 9:9; 1 Corintios 7:2-5). La misma Biblia que nos da severas advertencias con respecto al mal uso de la sexualidad (Proverbios 5:1-8, 20), claramente indica que las necesidades sexuales deben ser satisfechas para que nos traigan una gran felicidad en el matrimonio (Proverbios 5:15, 18, 19).

La Biblia no nos enseña a odiar la sexualidad, ni a considerarla como un deber desagradable pero necesario, que básicamente es malo, pero que debe cumplirse para preservar la raza en el mundo. Ciertas personas que debieran haber leído con más cuidado la Biblia, algunas veces pensaron que la relación sexual tuvo algo que ver con la caída del hombre en el pecado. Pero Adán conoció y amó a Eva mucho tiempo antes de que ocurriera la caída. La relación sexual no formó parte del pecado de la caída. Dios les ordenó el amor sexual. La felicidad y el amor sexuales fueron disfrutados por el primer hombre y su esposa mucho tiempo antes que el pecado entrara en el mundo. Sería mejor que los hombres y las mujeres sepan que no deben dar a la Biblia mala fama al decir que el cristianismo enseña a la gente a pensar que la actividad sexual es mala. La Biblia no dice eso nunca, pues simplemente eso no es verdad. La sexualidad es como cualquiera de los demás dones que Dios dio a los hombres; si se emplea según el método establecido por él y en el tiempo oportuno que él determinó, es algo bello, enriquecedor y divertido; fuera de las leyes de él que lo regulan para la felicidad, puede ser algo terriblemente doloroso y perjudicial.

En la Biblia se nos advierte que una de las señales de los últimos días será que habrá hombres que prohibirán casarse. No hay nadie que sea más espiritual por el hecho de no casarse. Un marido y una esposa que se amen mutuamente pueden ser tan santos en sus reacciones sexuales como un hombre o una mujer que se hayan entregado completamente al ministerio de ayudar a otros, y hayan renunciado al derecho de casarse, a fin de pasar más tiempo con la gente.

La Biblia realmente manda al hombre y a su mujer a que no se nieguen sexualmente el uno al otro, a menos que sea por consentimiento mutuo durante algún tiempo para entregarse al ayuno y a la oración (1 Corintios 7:5). Este mandamiento bíblico es una poderosa fuerza que mantiene a los matrimonios vigorosamente unidos. Hay muchas bendiciones cuando el marido obedece a Dios en eso de satisfacer regularmente las necesidades sexuales de su esposa, y cuando la esposa, del mismo modo, satisface las de su marido. El bello Cantar de los Cantares de Salomón, poética y reverentemente describe algunos de los regocijos de esta combinación físico-espiritual del amor matrimonial (Cantares 6:1-10; 7:1-9; 2:3; 8:3). El matrimonio debe mantenerse en honor, y el amor sexual dentro del matrimonio debe ser exaltado como el máximo placer físico que Dios dio a la joven pareja (Hebreos 13:4).

Lee la Biblia y piensa seriamente en todos los símbolos de verdades espirituales que hay en el amor sexual dentro del matrimonio. Sólo en la Biblia se coloca la sexualidad en su lugar adecuado y bello. Sólo en la Biblia es elevado y honrado el lugar de la mujer en el matrimonio, en la cual el marido debe ser “intoxicado” por el amor de su mujer, y el Espíritu Santo describe esta unión como parte de la sabiduría divina que Dios ve y aprueba (Proverbios 5:1, 21). El amor sexual dentro del matrimonio, según el método de Dios, es tiernamente bello.

En este amor, hay una mutua entrega y participación que no se parece a ninguna otra de las relaciones que existen sobre la tierra. Cada uno de los cónyuges invierte su vida en el otro, en un vínculo que los hace crecer más vigorosamente en amor mutuo, y los hace más francos y honestos el uno al otro. Esencialmente, lo que sucede es que cada uno hace un pequeño hogar emocional en el corazón del otro, un sitio en que ambos pueden bajar la guardia y las barreras y ser realmente honestos el uno con el otro, como niñitos. El amor sexual edifica este hogar. Es un sitio en que dos personas que se aman pueden relajarse en la confianza y el amor mutuos, seguros en su solicitud y en su entrega el uno al otro, un lugar en que todas las asperezas de la vida a que se enfrentan conjuntamente pueden ser suavizadas y sanadas.

La sexualidad es un don precioso. Es la manera que Dios nos concedió para demostrar, de la manera física más profunda posible, nuestro amor, para construir un puente de amor que no sólo es la unión de dos cuerpos en los placeres más profundos, sino la unión de dos almas en un vínculo de felicidad que sólo será sobrepasado en el mismo cielo. El amor sexual, según el método de Dios y en el tiempo indicado por Dios, es una de las más sublimes bendiciones de él.

Estamos compartiendo principios bíblicos para el adolescente,  esto es un extracto del libro “El Joven y sus dilemas” de Winkie  Pratney.


Relación entre Padres e hijos adolescentes

13 diciembre 2010

Los enfrentamientos crónicos entre los padres y los hijos adolescentes son una etapa “casi normal” durante un periodo de la convivencia. Ante esta situación es ideal preservar determinados aspectos de la relación para que una vez superado el momento todo vuelva a ser como era antes.

Los padres frecuentemente se preocupan o confunden por los cambios en sus hijos adolescentes. Cada joven es un individuo, con una personalidad única y con intereses propios, sus propios gustos y disgustos.

Sin embargo, hay numerosos factores comunes en el desarrollo que todos confrontan durante los años de la adolescencia. Las emociones y el comportamiento normales del adolescente en los años de la escuela intermedia y de los primeros de la secundaria se identifican en la lucha con su sentido de identidad, en que se siente extraño o abochornado consigo mismo o con su cuerpo.

También se nota en que generalmente, se enfoca en sí mismo, alternando entre altas expectativas y un pobre concepto propio, lo influencian los amigos en su modo de vestir e intereses, su humor es cambiante, mejora su habilidad del uso del lenguaje y su forma de expresarse.

Muchas veces tiene menos demostraciones de afecto hacia los padres; ocasionalmente el adolescente se pone grosero, se queja de que los padres interfieren con su independencia, y tiene la tendencia a regresar al comportamiento infantil, particularmente cuando está bajo mucho estrés.

El joven en este periodo, también tiene un interés mayormente del presente, y pensamientos limitados acerca del futuro, se expanden y aumentan en importancia los intereses intelectuales.

En el aspecto sexual muestran timidez, sonrojo y modestia, muestran mayor interés en el sexo opuesto y movimiento hacia la heterosexualidad con miedos de la homosexualidad, se preocupan por su atractivo físico y sexual con relación a otros, y viven frecuentes cambios de relaciones, y preocupación por si es normal o no.

En el aspecto que se refiere a la moralidad y los valores, pone a prueba las reglas y los límites, aumenta la capacidad para pensar en manera abstracta, desarrollan los ideales y se seleccionan modelos de comportamiento, presentan mayor evidencia consistente de tener conciencia, y experimentan con el sexo y las drogas (alcohol, cigarrillos y marihuana).

Los adolescentes varían muy poco con relación a lo anteriormente descrito, pero las emociones y el comportamiento descritos antes son, en general, considerados normales para cada fase de la adolescencia.

La Biblia y la Adolescencia

Eclesiastés 11:9 Alégrate, joven, en tu adolescencia, y tenga placer tu corazón en los días de tu juventud. Anda según los caminos de tu corazón y según la vista de tus ojos, pero ten presente que por todas estas cosas Dios te traerá a juicio. 10 Quita, pues, de tu corazón la ansiedad, y aleja de tu cuerpo el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad.

Eclesiastés 12:1 Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud: antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: “No tengo en ellos contentamiento”;

Proverbios 3:1 Hijo mío, no te olvides de mi instrucción, y guarde tu corazón mis mandamientos; 2 porque abundancia de días y años de vida y bienestar te aumentarán. 3 No se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu cuello. Escríbelas en las tablas de tu corazón, 4 y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres. 5 Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia inteligencia. 6 Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas.

Proverbios 1:7 El temor de Jehová es el principio del conocimiento; los insensatos desprecian la sabiduría y la disciplina. Advertencia contra la codicia 8 Escucha, hijo mío, la disciplina de tu padre, y no abandones la instrucción de tu madre; 9 porque diadema de gracia serán a tu cabeza y collares a tu cuello. 10 Hijo mío, si los pecadores te quisieran persuadir, no lo consientas. 11 Si te dicen: “Ven con nosotros; estemos al acecho para derramar sangre y embosquemos sin motivo a los inocentes;

Proverbios 4:1 Oíd, hijos, la enseñanza de un padre; estad atentos para adquirir entendimiento. 2 No abandonéis mi instrucción, porque yo os doy buena enseñanza. 3 Pues yo también fui hijo de mi padre, tierno y singular delante de mi madre. 4 Y él me enseñaba y me decía: “Retenga tu corazón mis palabras; guarda mis mandamientos y vivirás.” 14 No entres en el sendero de los impíos, ni pongas tu pie en el camino de los malos. 15 Evítalo; no pases por él. Apártate de él; pasa de largo.

Proverbios 6:20 Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no abandones la instrucción de tu madre. 21 Atalos siempre a tu corazón, y enlázalos en tu cuello. 22 Te guiarán cuando camines; te guardarán cuando te acuestes, y hablarán contigo cuando te despiertes. 23 Porque el mandamiento es antorcha, y la instrucción es luz. Y las reprensiones de la disciplina son camino de vida. 24 Te guardarán de la mala mujer, de la suavidad de lengua de la extraña.

Proverbios 13:18 Pobreza y vergüenza tendrá el que desprecia la disciplina, pero el que acepta la reprensión logrará honra.

Proverbios 15:31 El oído que atiende a la reprensión de la vida vivirá entre los sabios. 32 El que tiene en poco la disciplina menosprecia su vida, pero el que acepta la reprensión adquiere entendimiento.

1 Corintios 15:58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro arduo trabajo en el Señor no es en vano.

Efesios 6:10> Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis hacer frente a las intrigas del diablo;

Génesis 39:6 La mujer de Potifar calumnia a José era de bella presencia y de hermoso semblante. 7 Y sucedió después de estas cosas, que la mujer de su señor puso sus ojos en José y le dijo: _Acuéstate conmigo. 8 El rehusó y dijo a la mujer de su señor: _He aquí que mi señor, teniéndome a mí, no se preocupa de nada de cuanto hay en la casa. Ha puesto en mis manos todo cuanto tiene. 9 No hay otro superior a mí en esta casa; y ninguna cosa se ha reservado, sino a ti, porque eres su mujer. ¿Cómo, pues, haría yo esta gran maldad y pecaría contra Dios?

Daniel 1:8 Pero Daniel se propuso en su corazón no contaminarse con la ración de la comida del rey ni con el vino que éste bebía. Pidió, por tanto, al jefe de los funcionarios que no fuera obligado a contaminarse. 9 Dios concedió a Daniel que se ganara el afecto y la buena voluntad del jefe de los funcionarios,

Daniel 3:16 Sadrac, Mesac y Abed_nego respondieron y dijeron al rey: _Oh Nabucodonosor, no necesitamos nosotros responderte sobre esto. 17 Si es así, nuestro Dios, a quien rendimos culto, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. 18 Y si no, que sea de tu conocimiento, oh rey, que no hemos de rendir culto a tu dios ni tampoco hemos de dar homenaje a la estatua que has levantado.

Éxodo 20:12 “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.

Efesios 6:1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. 2 Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa) 3 para que te vaya bien y vivas largo tiempo sobre la tierra.

2 Timoteo 2:22 Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz con los que de corazón puro invocan al Señor.

Escrito por: Osvaldo Maccio

Fuente: Momento de Decisión


La voluntad de Dios en la adolescencia

7 junio 2010

Estoy buscando la voluntad de Dios en mi vida, soy un adolescente y no estoy seguro de qué hacer, entonces puedo tomar unos minutos para leer esto.

Prepárate para la obra que Dios te asigne

Mientras Dios te indica claramente su voluntad para ti, hay algunas cosas que puedes hacer, durante los años en los cuales estás tratando de saber cuál es el propósito de él para tu vida. ¡No te preocupes si no sabes de inmediato, la noche después de haber entregado tu vida a Jesús, qué es lo que Dios quiere que tú hagas! Algunas veces él nos hace pasar por un período de preparación para ver si puede confiar en nosotros, antes de indicarnos claramente lo que tiene en su corazón. Utiliza los primeros años de tu conversión para aprender la disciplina y la obediencia a él, y espera que él abra el camino para ti. Entre tanto, haz lo siguiente:

1. Sigue aquello que te interesa y para lo cual tienes capacidad. Investiga qué es lo que puedes hacer bien, y qué es lo que no puedes. Algunas veces nuestros antecedentes son parte del propósito de Dios para nosotros; las lecciones que hemos aprendido de la vida, las respuestas que hemos dado y las decisiones que hemos hecho en el pasado, son todas utilizadas por el Señor y entretejidas en sus propósitos finales. Dios quiere usarnos tal como somos. Tú eres diferente de cualquiera otra persona en el mundo. Averigua qué es lo que hace que tú seas especial. Algunas veces Dios puede utilizar tus talentos; otras veces es precisamente la falta de talentos lo que te hace muy especial para él. Hudson Taylor dijo: “Cuando Dios quiso evangelizar a la China, buscó a un hombre suficientemente débil para usarlo”. Aprende qué es lo que te gusta hacer bien, y cuáles son tus capacidades.

2. Ten muchos intereses en tus años de la adolescencia. Aprende a hacer muchas cosas, e interésate en otras, además de las pocas que ya has hecho. Participa en diferentes deportes; pueden ayudarte a desarrollar tu cuerpo de diferentes maneras que lo harán más fuerte y más útil para Jesús en los años venideros. Haz experimentos con diversos pasatiempos; algunas de las cosas que aprendes en los tiempos de recreación llegarán a ser instrumentos valiosos en lo futuro, especialmente algunas tales como la radio o la electrónica, la fotografía, el arte o las manualidades. Trata de desarrollar las capacidades que Dios te encomendó. ¡Ten entusiasmo en todo lo que haces! Dedícate realmente a ello, e interésate en tantas cosas como puedas. Cuantas más cosas conozcas, aunque sea en parte, tantas más personas podrás alcanzar para Jesús.

3. Lee con respecto a cosas que te gustaría hacer. Si piensas que Dios pudiera estarte llamando para alguna forma de obra misionera, lee biografías de misioneros famosos. Si piensas que Dios te ha llamado para ser un artista cristiano, o un mecánico, o un científico, lee libros que traten sobre arte, mecánica o ciencia. Lee a menudo y con sabiduría. Si aprendes a apreciar los libros, tendrás un cuadro más amplio del mundo que Dios quiere que ganes para él.

4. Obtiene experiencia práctica lo antes posible. Busca una ocupación de tiempo parcial en aquello que te interesa. Durante los días feriados o en vacaciones, pregunta si puedes hacer alguna tarea en el lugar donde te gustaría trabajar, y habla con otras personas que ya se encuentran en dicho lugar. Cuando haya ratos libres, haz preguntas. ¿Les parece a ellos interesante el trabajo? ¿Cuál es el costo en relación con el tiempo, el estudio y la dedicación? ¿Puedes avanzar en ese tipo de trabajo? ¿Obtendrás lo suficiente para tus necesidades económicas? Por supuesto, todos los trabajos que hagas tienen que ser de aquella clase que honra a Dios y que ayuda al adelanto de su creación; cualquier cosa que sea sospechosa o moralmente corrupta, queda totalmente fuera de los límites del hijo de Dios.

5. Estudia la Palabra de Dios. Aun las tareas seculares se beneficiarán si pasas un año o más estudiando parcialmente en un instituto bíblico o tomas cursos por correspondencia sobre la Biblia. Y ora: habla con Jesús sobre tus nuevos desarrollos y desilusiones.

Estamos compartiendo principios bíblicos para el adolescente, esto es un extracto del libro “El Joven y sus dilemas” de Winkie Pratney.